Whitewashing: la doble moral de Hollywood

Por Alberto Molina

Hay situaciones que son regresivas, cíclicas o sólo se camuflan pero no cambian. Hoy en día el mundo ha progresado en temas como la tolerancia, la diversidad y la inclusión social, sin embargo todo cambia a la primera provocación. Dentro de las diversas manifestaciones en contra de la discriminación en sus distintas modalidades (antisemitismo, racismo, misoginia, homofobia, etc.) hay un discurso tajante por parte de Hollywood en repudio a las leyes antiinmigrantes de Trump, las cuales prueban, entre otras cosas, que Estados Unidos no ha cambiado tanto como presume.

Moonlight (2016), de Barry Jenkins ganó el Óscar a Mejor Película en la última edición de los premios de la Academia. La estrategia fue clara: el discurso opositor a la postura supremacista de Trump se materializó a través del premio. Hasta ahí todo iba bien. De pronto, 2017 develó la proyección de Ghost in the Shell con Scarlett Johansson como protagonista y dirigida por Rupert Sanders. Johansson personifica a Motoko Kusanagi, mejor conocida como La Mayor, quien dirige una lucha frontal contra crímenes cibernéticos y ciberterrorismo.

La cinta está basada en el manga japonés del mismo nombre bajo la autoría de Masamune Shirow en 1989. Posteriormente se llevó a la pantalla grande como filme animado en 1995 y su secuela en 2004. Todos de origen y producción japoneses. La versión estrenada este 31 de marzo de 2017 americanizó la historia convirtiéndola no sólo en un producto light, sino anulando la identidad nipona de su protagonista y, por tanto, de la película completa. Una vez más, la (mala) práctica del whitewashing en el cine de Hollywood vuelve a manchar su reputación y sus números.

A todo esto ¿Qué es el whitewashing? En palabras sencillas, se trata del hábito de muchos directores de cine (principalmente estadounidenses) de recurrir a actores blancos para encarnar a personajes de otras razas. Han sido innumerables los casos en que el American way of life, rodeado de su absurdo supremacismo, se imponen en obras cuyo funcionamiento artístico y comercial dependería, en mayor medida, de la credibilidad que proyecten a través de la pantalla. Mucho de esto se logra por medio de actores cuyos orígenes étnicos se relacionan directamente con el lugar de origen de las historias y de dónde éstas se desenvuelven.

En el caso de Ghost in the Shell, pesó más la saturación mediática y patrón estético de Scarlett Johansson que la legitimidad de la cinta conseguida mediante el visto bueno de los seguidores del manga, además del respeto y obviedad en torno a la raíz del mismo. A pesar de todo, hoy podemos agradecer que, pese a las reseñas favorables que ha tenido esta producción, la crítica al whitewashing ha sido constante, incisiva y no quita el dedo del renglón, llevando a la cinta de Sanders y Johansson a la polémica y consiguiente ‘fracaso’ relativo en la taquilla. Del costo total de producción (110 millones de dólares) y la cifra inicial esperada de 30 millones, apenas se recaudaron 19 millones en las salas de cine en Estados Unidos durante los días de su estreno.

Si bien este debate tardó en llegar y con la situación caótica actual del planeta a cuestas, el whitewashing es una práctica que existe desde el nacimiento del cine. Al inicio, ésta halagaba a las razas representadas (latinos, árabes, afroamericanos) ya que no había otra manera de aludir a su existencia en el mundo. Aunque fuese en disfraz de criminal, bárbaro o servidumbre y como objeto de burla, los no-blancos agradecían aparecer frente al cinematógrafo por medio de un rubio con la cara pintada de negro o maquillaje que simulara ojos rasgados.

Años más tarde, comenzó a surgir la inconformidad por la humillante faceta que Hollywood otorgaba con desdén a egipcios, chinos, mexicanos, africanos y demás nacionalidades y razas  diferentes. Sin embargo no había voces ni volumen suficiente para detener la ofensa y ésta siguió por décadas hasta nuestros días. A continuación se mencionan algunos ejemplos de whitewashing a lo largo de la historia del cine:

  • Dragon Ball Evolution (2009) de James Wong, protagonizada por Justin Chatwin.

  • Exodus: Gods and Kings (2014) de Ridley Scott, protagonizada por Christian Bale.

  • The Great Wall (2017) de Zhang Yimou y protagonizada por Matt Damon.

  • Prince of Persia: The Sands of Time (2010) de Mike Newell y protagonizada por Jake Gyllenhaal.

  • Argo (2012) protagonizada y dirigida por Ben Affleck.

  • Whiskey Tango Foxtrot  (2016) de Glenn Ficarra y John Requa; protagonizada por Tina Fey.

  • Anna and the King of Siam (1946), de John Cromwell y protagionizada por Rex Harrison.

  • Touch of Evil (1958), de Orson Welles y protagonizada por Charlton Heston.

  • The Good Earth (1937), de Sidney Franklin; protagonizada por Paul Muni y Luise Rainer.

  • Othello (1965) de Stuart Burge y protagonizada por Laurence Olivier.

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