Cuando muera quiero convertirme en un vinil: sobre A Moon Shaped Pool de Radiohead

 

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Por Eduardo Paredes Ocampo

¿Qué será de ti cuando mueras? ¿Qué pasará ‘in your darkest hour’, como canta Thom Yorke en “Decks Dark” del nuevo disco de Radiohead? ‘We are of the earth/ To her we return’, parece contestarte en “The Numbers”. Con el tiempo, sólo polvo serás porque ‘this goes/ beyond me/ beyond you’, daydreamer.

Hoy, varias alternativas se presentan a esparcir tus cenizas en playas paradisíacas. Cuando mueras, podrán convertirte en tatuaje, en diamante o en un disco de vinil –las más populares formas después del crematorio. Ves las primeras dos opciones como inverosímiles. La primera requiere que alguien te quiera indeleble en su piel. ¿Serán tus vástagos tan leales como para cargarte en su dermis para siempre? La segunda requiere altas sumas de dinero. ¿Serán tus vástagos tan ricos para convertirte en una minúscula pero preciosísima roca? Sin embargo, por más factible que te parezca la tercera opción –el costo es comparable al de un sencillo entierro, te podrán guardar y escuchar donde y cuando quieran–, te  resulta, al mismo tiempo, la más compleja.

La decisión del tatuaje –el dragón que, en el brazo, tu hijo se pintará–, finalmente, no es tuya. Tu voluntad tampoco influye mucho en cuanto al diamante –la diversidad de las piedras es reducidísima (en ello, todos lo muertos se parecen). Pero, del catálogo de música que te encanta –no sólo los discos de rock (Dark Side of the Moon, The Suburbs, In Rainbows) pero también el enigmático Kind of Blue o el épico Also sprach Zarathustra–, ¿con que obra inmortalizarse? Lo piensas un momento y concluyes que si hoy te pidieran la respuesta, si tuvieras los minutos contados para mañana, escogerías A Moon Shaped Pool, última ópera de Radiohead (2016). ¿Por qué? Porque, como un tatuaje, te traza para siempre al escucharlo. Porque tiene el diáfano brillo del diamante.

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Dos frases de A Moon Shaped Pool quedarán tatuadas eternamente en tu memoria. ‘Distance’ canta Yorke en “Present Tense”, ‘It’s like a weapon/ Like a weapon/ Of self-defense/ Against the present/ The present tense’. Las primeras veces que escuchaste la canción pensaste que decía ‘This dance’ en vez de ‘Distance’. Surgió en ti una extraña inquietud cuando, leyendo las letras y percatándote de tu error, encontraste, canción abajo: ‘As my world/ Comes crashing down/ I’m dancing/ Freaking out/ Deaf, dumb and blind’. Radiohead tiene esa potencia para ti: como un tatuaje, materializa tu fantasía. Por circunstancias personales, cuando querías escuchar ‘I don’t want to be your friend/ I just want to be your lover’, In Rainbows presentó “House of Cards”, la canción siamesa de “Present Tense”.

Radiohead es un grupo que, visto desde cualquier perspectiva –sus arreglos, sus letras y hasta el diseño de sus portadas– podría definirse como barroco. Sin embargo, en cuanto a la composición y a la escritura de letras, la maestría del grupo reside en sus más simples “Fake Plastic Trees” y “True Love Waits”. Frente a abigarrados torsos tatuados, frente a diluidas calaveras y sirenas en los bíceps, son los diseños más íntimos –hechos de dos, tres trazos– los que más carga simbólica portan. De toda la lírica escrita por Yorke, te quedarías con:

 

And true love waits

In haunted attics

And true love lives

On lollipops and crisps

y

She looks like the real thing

She tastes like the real thing

My fake plastic love

 

En sus letras como en su música, Radiohead mezcla lo banal con lo poético, lo tangible con lo intangible. En ambas estrofas, a lo abstracto –el amor– se le sobrepone lo concreto –las paletas y las papas, el plástico. El paradójico resultado acrecienta la trascendencia. Las cosas más cotidianas resultan las más universales. En la materialidad de la piel, con simples siluetas y colores, los hombres encarnan la inmortalidad.

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Nada de A Moon Shaped Pool te parece que delata a un diamante en bruto. Amnesiac y The Bends, por ejemplo, tienen la particular belleza de lo impuro. Ahí, junto a los guitarrazos, Yorke deja en vuelo libre a su voz. Disco a disco, sin embargo, el desnudo sonar del instrumento de seis cuerdas irá desapareciendo. El cantante, por su lado, decidirá quedarse sólo a un lado del espectro. A la manera de un diamante, va puliéndose el sonido que caracteriza a la banda como el epítome de la nostalgia musical.

A Moon Shaped Pool es un producto que ha ido perfeccionándose durante más de diez y seis años (desde que la primera versión de “Burn the Witch” surgió en los tiempos de Kid A). Excepto un par de canciones, el resto del álbum se fue probando aquí y allá en giras y ensayos. Pero, aparte del trabajo sobre la estructura básica de las canciones, lo que sorprende del disco son sus acabados.

La relación entre la producción y el esbozo de la composición resulta tan orgánica que es difícil diferenciarlos. Los arreglos de cuerdas y los coros –escritos seguramente por Jonny Greenwood e interpretados por la London Contemporary Orchestra– son tan sustanciales como cualquier instrumento del quinteto. Precisamente ahí reside el brillo particular del último diamante de Radiohead.

‘Daydreaming’ es la balada de piano, la ‘Codex’ o ‘Videotape’ del disco. De los seis minutos que dura la canción, Yorke cantará menos de tres. El resto lo domina una enigmática cifra de piano. No hay coro. Sin embargo, la canción posee uno de los momentos climáticos más interesantes de todo el catálogo del grupo: al minuto cinco, un  grupo de cuerdas empieza a golpear la solitaria línea de piano. La sensación producida es desconcertante. Las cuerdas despiertan a cualquier escucha, hipnotizado –daydreaming– hasta entonces por el piano y la suave voz del cantante.

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El arreglo de cuerdas también presenta tan dramático y contrastante apogeo en    “Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief”, la canción que más suena a su anterior King of Limbs. En ella, un sintetizador construye la armonía sobre la que la voz trabaja. Sin embargo, para aumentar el crescendo natural de la penúltima canción del disco, el grupo decidió incluir a las cuerdas. Al final, los violines terminan secuestrando la composición, volviéndola una escalofriante espiral de escalas. De nuevo, las cuerdas nos sacan de la hipnosis.

En “Deck Dark”, canción que sucede a “Daydreaming”, Radiohead explota los arreglos corales. Las letras que Yorke compuso para la pieza son, posiblemente, las más oscuras del disco. ‘And in your life’, amargamente abre la voz, ‘there comes a darkness’. Como ‘rag doll cloth people’ nos describe, ‘helpless to resist’. ‘In your darkest hour’ marca la transición a un interesante interludio musical. La oscuridad de la frase, su pesimismo permance con los tétricos coros que la siguen. Yorke vuelve con una línea melódica mucho más juguetona: ‘But it was just a laugh/ Just a laugh, just a laugh’. El ritmo de los versos contrasta con los coros que continúan sonando en el trasfrondo. La imagen musical que resulta de la mezcla es tan compleja que produce un efecto contradictorio: una risa en medio de la más absoluta de las penumbras –la muerte.

En la superficie de los viniles que de los difuntos quedan, aquí y allá, partículas resplandecen. Las cenizas permanecen tatuadas en una piel a cada segundo pasada por el diamante de la aguja: junto, todo lo que muerto podrías ser. Crees que A Moon Shaped Pool rimaría perfectamente con tan morbífica metáfora. Tú sólo serás el vehículo para que el disco más oscuro e íntimo de Radiohead literalmente toque la inmortalidad.

 

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