¿Dónde quedó el viento? Playlist de saxofón, trompeta y otros metales en el rock contemporáneo

sax 2

 

Por Eduardo Paredes Ocampo

El minuto 2:02 en “Money” de Dark Side of the Moon (1973 ) de Pink Floyd es quizá uno de los instantes más sorprendentes en la historia del rock. Antecedido por otro insólito hallazgo en la canción precedente, “The Great Gig in the Sky”, -la utilización del coro femenino-, el estruendo del saxofón sin duda aportó un efecto auditivo revolucionario no sólo en aquella conciencia musical sino también en la nuestra. A esta especie de rey de los instrumentos de viento la agrupación inglesa sólo lo utilizaría una vez más en Wish You Were Here (homenaje a la mente que ideó su participación en el rock, el excéntrico Syd Barrett) para, antes de devenir norma, afortunadamente sepultarlo para su postrer creación.

Pero, ¿por qué aún hoy impresiona ese súbito solo dicho por el respiro de Dick Parry? Dentro de su contexto, hay algo intrínsecamente novedoso en su sonar, eso que pone en evidencia una misteriosa omisión en la genética de la música popular: si el jazz, el blues y las big bands fueron influencia directa en la gestación del rock, ¿dónde resuena la estrella de aquellos géneros, el instrumento de viento? Sea una mala concepción de influencias, sea una pérdida lógica, lo cierto es que su aparición resulta, a la regla, excepcional. De ayer a hoy definimos al rock como guitarra, bajo y batería, resultando saxofón, flauta y trompeta exotismos de algunos.

Más interesante que aquellos grupos que, al normativizarlo dentro de sus instrumentos cotidianos, queman la sorpresa del trombón,  están aquellos que aprovechan el legado de “Money” para concebir un significado específico. Parte del rock reciente ha sabido hacerse de esa herencia para adornar sus canciones y dotarlas, junto con muchos otros experimentos como la música electrónica, del calificativo de alternativas. La playlist que sigue intenta ilustrar desde el presente el interesante efecto estético que produce la inclusión de instrumentos de viento en el rock.

1. The National Anthem- Radiohead, Kid A (2000). Domina la canción un sólido riff de bajo. La voz de Thom Yorke apenas participa para, con pocos líricos, elaborar un “National Anthem” crítico: “Everyone has got the fear”. Con una melodía estable, irrumpe un saxofón a la mitad del track. Posteriormente, abiertas las puertas por el primero, una sinfonía catastrófica de instrumentos de viento domina la canción. Bajo este auspicio, Radiohead inaugura el milenio cantando un himno – eso que a todos nos identifica- a la vorágine.

2. Chinatown- Destroyer, Kaputt (2011). Himno también, pero al amor muerto. “I can’t walk away / you can’t walk away” repite una voz masculina, acompañada de los instrumentos clásicos en el rock. Como una respuesta corporal de la contraparte, la sigue una voz femenina. Entonces, nostalgia hacia el pasado roce, el saxofón luce su cromatografía sensual.

3. The Bad in Each Other- Feist, Metals (2011). Una bien entonada guitarra soporta la hermosa voz de Feist al principio. Es después del coro donde aparecen los resoplares de los instrumentos de viento. Pareciera que, en respuesta a una disputa de amantes –hombre y mujer cantan los versos principales “When a good man and a good woman/ Can’t find the good in each other/ Then […] / Will bring out the worst in the other/ The bad in each other”- los metales retumban. Al final, no existe consuelo ni perdón: Fesit dedica el último minuto de la canción a las trompetas, eco de la maldad en el centro de cada uno.

4. For Emma- Bon Iver, For Emma Forever Ago (2007). Bon Iver deja también para el final su inclusión de los metales. Un hombre acepta su derrota: “Go find another lover”. Lo único que queda, al dar pasado, presente y futuro a una mujer (“For Emma, forever ago”) es la nostalgia: en boca del saxofonista el sufrido lega su memoria.

5. Olsen Olsen- Sigur Rós, Ágætis byrjun (1999). Una melodía triste acompaña unos sombríos líricos –con Sigur Rós siempre quisiéramos saber islandés. Un revuelo armónico se desata al final y en “Olsen Olsen” tenemos una de las mejores muestras de rock sinfónico.

6. The Asp in My Chest- The Pains of Being Pure at Heart , Days of Abandon (2014). The Pains of Being Pure at Heart narran, de entre muchos, un último encuentro: “I will feel your pull one last time/ then will I escape you?”. El cantante acepta su perjuicio porque “your venom [is] sweet as wine” e, incondicionalmente, se entrega -reflejo del título del disco. Los postreros metales simbolizan el éxtasis del intoxicado a muerte.

7. Surgeon- St. Vincent, Strange Mercy (2011). Existe un corte armónico en esta interesante canción. La historia de una mujer que desesperada y desesperanzadamente pide al cirujano “come cut me open” encuentra analogía en la escisión sonora: una extraña trompeta (hecha por el efecto de una guitarra) trunca el fluir musical como un arribo inesperado, como el seccionar del bisturí.

8. Crash Years- The New Pornographers, Together (2010). Después de los  coros de “Crash Years”, con flautas se reproduce un ritmo marcial. A su sonar, imaginamos al pelotón marchando feliz en un día soleado. Pero cuando leemos sus versos, la canción deviene del todo irónica. Como en “The National Anthem”, lo castrense de un himno (ahí en concepto, aquí musicalmente) repica para líricos tan pesimistas como “And you were ruined/ Like the rest of us ruined”.

9. Love Letters- Metronomy, Love Letters (2014).  En un primer momento, la canción cunde en la melancolía; su portavoz es, como en los otros casos, el saxofón. La voz entra con un poderoso sintetizador y no es sino hasta el final cuando el sax reviene. La historia de una obsesión (“I’m always writing/ Love letters”) semeja siempre al círculo: figura que, en la periferia de los 5:16 de la canción, el rey de los metales perfila.

10. Inní mér syngur vitleysingur- Sigur Rós, Með suð í eyrum við spilum endalaust (2008). Aún sin saber islandés, la canción se explica sola. No sólo los instrumentos de viento, sino toda la orquesta junta logra un laude a la vida. Si empezamos la playlist con un irónico himno al desastre, lo cerramos con un panegírico a la existencia.