La Tribu: cine sin diálogos y sin subtítulos

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Por Romi TO

A lo largo de mis veinticinco años de vida he visto películas de todo tipo, algunas muy buenas, otras aburridas, otras demasiado intensas, pero jamás había llegado a mis ojos una película como La Tribu –Plemya o The Tribe-, ópera prima del ucraniano Miroslav Slaboshpitsky ganadora  como Mejor Película en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes en el año 2014.

Doy con la película porque era la que estaba por comenzar, sin saber de qué trataba, entré a la sala y me acomodé. Antes de que todo comience, el director te advierte que la cinta no tiene subtítulos y que toda comunicación, será a través del lenguaje de signos. No queda de otra más que poner mucha atención y captar todo lo que puedas del lenguaje corporal de los actores.

La historia se sitúa en un internado para sordomudos, dirigido por sordomudos, con maestros sordomudos, un lugar donde reina el silencio y la desorientación. Donde nadie escucha todas las atrocidades que suceden alrededor.

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El protagonista, Sergey, es el chico recién ingresado al internado; es tímido, sumiso y como todo adolescente, desea formar parte de un grupo. En el internado existen normas duras, pero para nada me refiero a las reglas que dicta la directora de la escuela, me refiero a las normas que dicta la tribu integrada por los jóvenes. Normas en las que reina la violencia, el robo, la prostitución, el proxenetismo y el machismo, dejando absolutamente atrás la idea de que los discapacitados son siempre personas nobles y respetuosas. Sergey va de menos a más, va evolucionando hasta convertirse en uno más de la tribu. O mejor dicho, en el personaje decadente que ya no puede escapar de la crudeza, ese, es el elemento fuerte de la cinta.

A pesar de que en la película jamás se escucha una sola voz, el lenguaje corporal y la serie de planos secuencias, permiten que el espectador sepa lo que está sucediendo, partiendo de que el sonido natural de los movimientos juega un papel protagónico y porque somos consientes de que lo que nosotros escuchamos los personajes lo ignoran.

En ningún momento el espectador se aburre, todo lo contrario, no puedes retirar tu vista de la pantalla porque si parpadeas te pierdes gran cosa. Guardando para el final la brutalidad que hará que no desees continuar comiendo las palomitas, o que te hará retorcerte en la butaca.

Slaboshpitsky se jugó el todo por el todo al realizar esta cinta, considero que fue un enorme reto para él y todo su equipo llevarla a cabo, considerando que es su primer largometraje y que rompe los estereotipos dictados por el cine. No apta para personas sensibles, sobre advertencia no hay engaño. Me pongo de pie ante el debut en pantalla grande de este cineasta ucraniano y estoy ansiosa por ver futuros trabajos, productos de su retorcida mente.

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Trailer:

Consultar la cartelera de la Cineteca Nacional

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