M, cuando el black metal no es mundo típico de oscuridad

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Por Cielo Esmeralda De la Cruz Colmenares

 

Tengo un amigo que siempre dice que no le gusta el metal porque le da miedo. En su imaginario, el black metal es una colección de letras “satánicas”, guturales y sonidos bajos. A veces cuando uno se enfrenta a alguna banda de black piensa que se va a enfrentar a ese mundo de oscuridad típico de bandas como Transmetal o Cannibal Corpse, sin embargo, Mykur es una de las tantas excepciones a la regla que existe en el multirítmico mundo del metal.

Sucede que esta banda noruega, posee una manera diferente de entender el black metal y por lo tanto, nos ofrece una concepción diferente del género, si bien no puedo aventurarme a decir que sea una visión nueva y fresca, sí puedo afirmar que la manejan con tal maestría que parecería que han hecho esto por años pese a ser una banda de reciente creación.

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Al principio cuando escuche el álbum M me sorprendí un poco porque no era lo que estaba esperando, como ya mencioné, rompe un poco con el imaginario del escucha, ya que este se encuentra envuelto en una atmósfera de misticismo celestial que me hizo remitirme a escenarios medievales, el uso del pandero en la canción Jeg Er Guden, I Er Tjenerne, sobretodo, me llevó a ver una mujer vestida de blanco caminando en el bosque con el rostro cubierto de un paño blanco.

Mykur es eso, es una pequeña luz que se alcanza a ver con un paño negro cubriendo nuestros ojos. Los coros celestiales, la voz blanca de la cantante que en el fondo se escucha, contrastan inmediatamente con el segundo elemento del disco. En Mordet comienza a escuchársele los famosos sonidos estruendosos en los que pensamos cuando se habla de black metal. Como el escucha viene de un ambiente de relajación provocado por sonidos acústicos, este paso produce una sensación indescriptible, un contraste.

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El contraste entre lo sublime y lo grotesco llega a su punto culminante en M. Al principio nos enfrentamos a sonidos acústicos y relajantes como el de un piano, pero no se deja de lado los solos de guitarras y los sonidos del bajo al fondo de la melodía. La voz blanca de una mujer contra los sonidos graves de un hombre crean una armonía poco convencional que provoca un cúmulo de emociones en el escucha. Cuando la canción final Norn es tocada, esta avalancha de sensaciones explota y crea una paz interna y una noción de calma que sólo es posible mediante este contraste.

Mykur nos ofrece algo novedoso que es muy recomendable sobre todo para aquellos que piensan en el black metal como letras “satánicas” y sonidos estruendosos. A aquellas personas que dicen que les da miedo este tipo de género les voltea la mirada diciendo que la belleza existe también en el contraste de opuestos.

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