El lado oscuro de la tecnología: Black Mirror

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Si la raza humana quiere irse al infierno en un cesto, la tecnología puede ayudarla a ir en reactor. No cambia ni el deseo ni el destino, pero puede acortar muchísimo el viaje. 

Charles M. Allen

Por: Nellys García

@NellysWorld

El mundo ya no puede funcionar sin la tecnología. Aquella utopía planteada a finales del siglo XIX, donde las máquinas reemplazarían al hombre en el trabajo y ello nos daría tiempo para resolver nuestros problemas como especie, se convirtió, tras un siglo, en un problema complicado, difícil de remediar debido al estilo de vida del hombre actual, quien sigue aferrado a creer que los aparatos le brindarán la felicidad que no obtiene de otra manera. Black Mirror, serie de la que hablaré en esta ocasión, tiene como tema principal el auge de un mundo donde la mediocridad humana se ve al descubierto, precisamente, gracias a la tan alabada tecnología.

Black Mirror es una serie británica creada por Charlie Brooker, presentador, guionista y comediante inglés, y es producida por Zeppotron para la compañía Endemol. Actualmente cuenta con dos temporadas de tres capítulos cada una. La primera se estrenó el 27 de febrero del 2012 y la segunda, el 11 de febrero de 2013. El éxito de esta serie ha sido drástico y contundente; se debe principalmente a la genialidad con la que está hecha y a la fuerte sátira social volcada en ella.

La crítica a la tecnología es sólo el punto de partida, pues en Black Mirror se explora la condición humana actual, aquella donde los sujetos ya no pueden vivir sin un aparato que haga o exprese todo por ellos. Charlie Brooker explicó al periódico The Guardian, el porqué del título de la serie: “Si la tecnología es una droga -y se siente como una droga- entonces, ¿cuáles son los efectos secundarios? Esta área -entre el placer y el malestar- es donde Black Mirror se establece. El “espejo negro” (black mirror) es lo que usted encontrará en cada muro, en cada escritorio, en la palma de cada mano: la pantalla fría y brillante de un televisor, un monitor, un teléfono inteligente.”

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Justamente Black Mirror refleja el lado oscuro de la tecnología, ese que hoy parece tan brillante. Esta serie presenta, en tan sólo tres capítulos, diversas distopías desarrolladas en un futuro no tan lejano, donde la promesa de un mundo mejor se corrompe y se disfraza de falsa felicidad creada por un aparato externo a nosotros, un pedazo de metal que no puede reemplazar el alma humana, llena de impurezas y desperfectos difíciles de mejorar.

Cada capítulo de la serie tiene, en palabras de su creador, “un tono diferente, un entorno diferente, incluso una realidad diferente, pero todos son acerca de la forma en que vivimos ahora – y la forma en que podríamos estar viviendo en 10 minutos si somos idiotas”. Cada uno de ellos muestra las diversas facetas que podría tener la irrupción de la tecnología en nuestras vidas. Podría decirse que, si no ocurre un escándalo sexual gracias a los medios de comunicación, tal vez suceda que nuestros ojos se conviertan en cámaras que lo graban todo, lo vigilan todo.

Suena a locura lo que leen ahora, pero precisamente son algunos de los planteamientos de esta serie. Por ejemplo, el primer capítulo trata, precisamente, de un escándalo sexual. Pero más aún, de la proliferación de las ya temidas “redes sociales”. Se trata del dilema ético del primer ministro Michael Callow, quien debe tener relaciones sexuales con un cerdo en cadena nacional si quiere rescatar a un miembro muy querido de la familia real, la princesa Susannah, misma que es secuestrada. Aunque la desaparición de la princesa permanece como secreto en un primer momento, un video en youtube revela su verdadero paradero y las instrucciones que debe seguir el ministro para realizar el acto.

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El cinismo comienza cuando, a pesar de haber estado sólo nueve minutos en línea, el video obtiene más de dos millones de likes en el mundo. La gente lo mira con desesperación y morbo. Todos quieren salvarla y el único que puede lograrlo es el ministro Callow. Debe arriesgar su dignidad para hacerlo. El dilema se vuelve más complejo a lo largo del capítulo y gracioso (de una manera grotesca) pues, al observarlo detenidamente, no damos cuenta de una de las mayores herramientas de la comunicación política: la distracción de las personas a través de los medios de información. Esta es la trama del primer episodio.

El siguiente episodio demuestra nuestra obsesiva fascinación por el mundo del glamour, por salir en la televisión para que todos los extraños nos observen, aún si no contamos con ningún talento. En esta versión paralela del futuro, todos trabajamos para obtener puntos y salir en un reality show. El objetivo final es tener un programa propio, desde la comodidad de un cuarto blanco, sin ventanas y con una pantalla enorme donde se puede observar un paisaje virtual.

Sólo una chica, de entre la multitud, destaca por poseer el suficiente talento, así como la belleza para obtener su propio espacio, uno donde sueña con interpretar sus canciones, las cuales hablan de un mundo diferente en el que las personas al menos hablan entre sí y no mediante avatars de internet. La realidad le demuestra lo equivocada que estaba. En efecto, logra obtener su propio programa, pero en un canal porno pues, a saber de uno de los jueces, “el talento está sobrevalorado, la belleza no y es el toque inocente que ella tiene, aquello que todo hombre sueña con destruir”. Al final, el episodio se centra en la reacción del novio de esta chica, lo único verdadero en un mundo de mentiras.

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No quiero contar la trama del tercer episodio llamado The Entire History of You (La historia completa de ti). Prefiero que ustedes descubran de qué se trata y juzguen a su manera. Sólo quiero decir que la tecnología nuevamente tiene un papel fundamental en uno de los problemas más comunes entre los sujetos: las relaciones de pareja. Tan grande es el impacto de este episodio, que Robert Downey Jr. ha adquirido los derechos de éste para hacer una posible adaptación cinematográfica por Warner Bros. y su propio equipo de producción, la compañía Team Downey.

Contar más sobre esta serie implicaría arruinar la probable indignación que sentirán hacia la raza humana. Black Mirror nos muestra quiénes somos y cómo nos comportamos. Nos echa en cara nuestra hipocresía al reclamar la verdad sólo cuando nos es conveniente, al ignorar los problemas que yacen en nuestro interior tratando de cambiar la vida de los demás y al creer perversamente que nuestras imperfecciones se borrarán si tenemos la pantalla más grande, el teléfono de moda o el internet más rápido. Black Mirror critica ferozmente la negación del ser a través de la tecnología; nos reprocha que tal vez nunca cambiaremos como especie. Y, en efecto, nunca lo haremos porque nuestra naturaleza es así.