Hairless toys de Roísin Murphy para la pista de baile

Sin título

Por Luis Omar González Pérez

Casi una década después del increíble disco de culto que ahora es Overpowered (2007), la ex Moloko  regresa  con una cuasi obra maestra, antítesis de aquella producción que le abriría las puertas a todas (desde  los estilismos de Gaga, hasta los giros vocales de La roux) menos a ella. Con el conocimiento  total de que la electrónica por fin tiene cabida en las listas  de popularidad, Roisin Murphy regresa con un disco  para los que salen devastados de la fiesta  y se preparan para regresar a la no tan agradable realidad, es decir, lejano al hedonismo, cercano a la introspección.

Hairless toys, es un disco que en su portada apunta a un regreso de la diva de la pista de baile, los títulos, la imagen e incluso la producción de Eddie Stevens (Moloko) apuntan a esa dirección. Sin embargo el  disco se compone de una sesión de 8 tracks que en conjunto muestran un trabajo  homogéneo, dispuesto a crear atmósferas y con ello abandonar y dejar de lado coros pegajosos o secuencias discotequeras, aquí todo va de menos a más en un abrir y cerrar de ojos.

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El track introductorio Gone fishing, está inspirado  en el filme Paris is burning, que retrata los comienzos de voguing y la escena drag. En manos de Murphy la música termina como  un homenaje de los primeros intentos de hacer electrónica.

El sencillo Explotation, que en su versión de estudio dura casi 10 minutos, se compone de una delicada secuencia de pianos y sintetizadores que acompañan la pregunta“ ¿Quién explota a quién?”. Uninvited guest, reluce por ser una secuencia mucho más tradicional, que contrasta con las letras que parecen tener una clara referencia hacia la ansiedad. Exile, luce como el tema perfecto para una cantina de mala muerte a las 4 am.

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House of glass resulta continuista ante el tono del disco, mientras que Unputdownable se convierte en una bella analogía de un hombre  y el amor, como las páginas de un libro.

No es la primera vez que alguien propone una pista de baile diferente, basta con revisar el último disco de The xx o las producciones de Grace Jones, sin embargo, en este caso, Roísin propone un curioso comentario de hacia dónde se dirige la electrónica y el pop  del momento. Este no es ni será el disco del año, total  Murphy sabe que esos galardones le llevaran años de escucha y comprensión, justo como  sus otras producciones, pequeños objetos que terminan siendo, adelantas a su tiempo, adelantadas para el escucha.

 

 

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