Peter Murphy, el tirano gótico expía sus pecados

 

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Por Miriam Sanabria Colin

Cobijado por la mística de una carrera que se ha desplazado entre la elegancia, la experimentación y la catarsis musical,  Peter Murphy vuelve con “Lion”, décimo material en solitario que pone en la mesa lo que la expiación de culpas puede hacer en el tirano gótico del rock.

“Lion” se presenta como un álbum ecléctico, algunas veces rememorando los años de oro con Bauhaus y otras sacando lo mejor de su carrera en solitario; lo que es un hecho es que este material es el final del túnel obscuro, más poderoso que su predecesor “Ninth” (2011). “Lion” tiene un trabajo lírico de carácter poético, pero mucho menos rebuscado; además cuenta con la intervención del productor Martin Glover, quien saca sus conocimientos al máximo y pule tanto vocal como musicalmente el trabajo de Murphy, desembocando así en un álbum sobresaliente de un vigorizado rey de las tinieblas.

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El material abre con “Hang up”, una mezcla áspera que fusiona sintetizadores con los gritos intensos y desgarradores del propio Murphy cuya energía colérica terminan por dar forma a una canción poderosa digna de un sencillo promocional; en ella se nota el trabajo de Glover, quien suele usar estos sonidos zumbantes e industriales en muchos de sus arreglos musicales; como consecuencia,  “Lion” nos recuerda en ciertas partes a bandas como Siouxsie and the Banshees o Depeche Mode.

El álbum continua con “I am my Own Name”; de estructura armónica que se abre paso a través de una estrofa de auto reafirmación de Peter Murphy, nos recuerda su admiración por David Bowie  y su continua inclinación  por las estructuras electrónicas y atmósferas góticas. Al igual que “I am my Own Name”, “Compression” y “Holy Clown” se presentan como la parte más cercana a su pasado como miembro de Bauhaus, ambas comienzan de forma muy parecida a la casi recitada y sepulcral “Bela Lugosi’s Dead”, pero con la diferencia que avanzan con una estructura cercana a lo comercial a través del estribillo y de una interpretación menos experimental.

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La parte que representa un reto interpretativo llega con “The Rose”, ya que exige un trabajo vocal muy refinado cercano a la balada, menos gutural, pero no menos obscuro, es bien sabido por los seguidores de Murphy que este ya no interpreta en vivo como antes lo hacía;  su voz ha tenido cambios significativos, la canción presenta un alto registro que resulta electrizante y todo un reto en una interpretación en vivo. “Eliza” muestra tintes cercanos al pop, bailable y pegadiza, por lo que esta pieza se acerca a la producción como solista de los años noventa en discos como “Love Hysteria” o “Deep”.

“Loctaine” es la parte sensible, atmosférica y reflexiva de todo el material; con una reticente  y cuidada composición musical es una pieza profunda ideal  para disfrutar a solas en medio de una multitud. Esta canción nos recuerda el sentido de la vida y obra de Murphy ajena a lo superficial, pensativa y poética. “Lion” concluye con la canción del mismo nombre acompañada de guitarras eléctricas que cierran a la perfección un disco que consolida la trayectoria de uno de los creadores y máximos representantes de la parte más obscura en la historia del rock.

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