Cuando un cuento clásico de hadas neorrealista es infaltable

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Por Romi To

A modo de cuento de hadas, el director italiano Vittorio De Sica nos cuenta una bella historia llena de sueños, esperanzas, pero sobre todo, de humildad humana que acompañan a Totó: protagonista de Milagro de Milán. Una película que pertenece al género del neorrealismo italiano que surgió en la primera mitad del siglo XX como una reacción a la posguerra. La finalidad de dicho género cinematográfico era el de retratar una Italia real, auténtica y humanista. Sin falsas apariencias.

De Sica se fue a las calles y así fue como rodó una trilogía neorrealista que se fue directo a los corazones de los espectadores, valiéndose de actores no profesionales, historias humanistas y esperanzadoras. El director italiano nos cuenta historias que nos hacen reflexionar y darnos cuenta que la justicia del hombre es fallida, que los hombres bondadosos existen y persisten, y que la soledad es una fiel compañera.

Milagro-en-Milán

En Milagro en Milán, Vittorio De Sica nos transporta a la soñadora vida de un joven que fue encontrado en las coles -como un verdadero cuento de hadas- y que fue adoptado por una noble anciana que lo cría con todo el amor de una madre y le hereda la pasión por la vida. El joven Totó no es capaz de ver la maldad de los hombres sino todo lo contrario. El joven huérfano poseía la admirable virtud de ver el lado positivo de las cosas y de las personas; para él la vida era bella por donde se le viera. Una vida llena de felicidad aunque lo gobernara la pobreza.

Y como en todo cuento siempre tiene que existir el villano, para sorpresa de nadie el enemigo número uno del mundo siempre ha sido el poder del dinero. En la cinta aparece el gordo señor Mobbi: al que lo rodea la abundancia y el hambre de querer tener más y más, aunque tenga que deshacerse de los pobres. Ese señor quiere todas las tierras que tengan petróleo y olvida por completo que todos los hombres –sean pobres o ricos- tenemos cinco dedos en la mano.

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Pero la maldad no ha de triunfar, podrán apoderarse de tierras y recursos naturales que al final se hacen tener más dinero en el banco pero no una conciencia tranquila. En esta vida se necesita poco para ser feliz y Vittorio De Sica nos demuestra que una puesta de sol, un pollo o una bella flor, bastan para devolverle la humanidad a una clase social desheredada que siempre se ha visto pisoteada por la burguesía cruel e indiferente.

La película es un canto a la vida, una oda a la felicidad y un homenaje a los humanos que existen en el mundo y que se han de destacar de entre todos los hombres que caminan con caras largas y se molestan cuando les das un sincero: ¡buenos días! Vittorio De Sica nos invita a conectarnos con nuestro lado humano y aprovecharlo para realmente agradecerle a la vida este regalo tan grande que nos brinda día con día de poder apreciar los elementos positivos que hay en este mundo.

Sin duda alguna, Milagro en Milán es una joya imprescindible del cine italiano y una obra maestra del director, volviéndose una cinta obligatoria para todos los amantes del cine clásico. Apta para aquellas personas que desean volar a la tierra en la que los buenos días realmente signifiquen verdaderos buenos días.

 

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