Un quebranto existencial y social, cortesía de Roberto Fiesco

Por Alberto Molina

Quebranto, de Roberto Fiesco, es un documental mexicano del 2013 que cuenta la historia de la transformación de Fernando García “pinolito”, un actor infantil de la década de 1970, en Coral Bonelli, una travesti cuya condición ha influido en su difícil búsqueda por llevar una vida digna al lado de su madre Lilia Ortega, quien también ejerció como actriz. Esta cinta es quizás la prueba más cruda de que, en el mes del orgullo que acaba de terminar, no hay mucho que celebrar.

La ficción en la apariencia y la realidad de la intimidad se conjugan para abrir nuestros ojos y nos muestra las dos caras de la moneda de la sociedad mexicana. De algún modo, la vida de Coral nos lleva, por extensión, a hacer gala de lo que verdaderamente somos como sociedad en el país y, en concreto, en la Ciudad de México. La doble moral, con forma de libertad y tolerancia y un fondo retacado de rechazo y prejuicios, son a lo que se enfrentan Coral y su madre día con día.

La rutina de vida de ambas no es extraordinaria y mucho menos repudiable: hacen lo que muchos hacemos en casa, como limpiar, lavar, comer, llevar algo de dinero a casa y sobrellevar las dificultades que la vida fuera del hogar nos impone. Y es que, el único crimen de Coral es haberse asumido como alguien que ahora trae felicidad a su ser pese a los señalamientos. Por consiguiente, es su madre quien padece ese terrible efecto colateral de ver cuanto rechazo en contra de su hija se le presenta.

En este documental, los sentimientos (casi siempre de dolor) no se expresan sólo en las palabras, sino en los silencios característicos de esta producción. La voluptuosidad de los objetos en el estrecho y cálido espacio en el que viven del Centro Histórico de la Ciudad de México, es proporcional al amor y unión entre ambas, mas no compensa las inmensas dificultades de vida a las que se enfrentan y, para Coral, contrasta enormemente con el vacío que, inevitablemente, genera el injusto desprecio social.

Quebranto, de Roberto Fiesco, es la disfuncionalidad de submundos dentro de un mismo sistema, uno que busca integrarse (aunque hace lo imposible por distinguirse y a veces termina por excluirse) pese a sus divisiones internas, al autosabotaje y el rechazo externo.

Es un reflejo completo de la lucha entre ser lo que uno es y las dificultades que eso implica. lamentablemente, entre las mentes individualistas inmersas en la competencia, predomina la idea de que el respeto se gana, y en el caso de Quebranto, a la protagonista no le queda más que explorar los caminos a sus posibilidades (coreografías de XV años, imitaciones en bares y prostitución) para no sólo conseguir el respeto, sino la propia sobrevivencia junto a su madre.

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