Heartless: ascenso y caída del añoro, la soledad y la locura

Por Alberto Molina

Hablando con sinceridad, el thriller pocas veces engancha a los públicos de exigencia, salvo la exquisitez (ya un poco cliché) de Hitchcock (Psycho) hasta filmes taquilleros como Black Swan, de Aronofsky, aunque para muchos -erróneamente encantados por el nervio más que por la exploración artística- ya resultan medio naïve en lo que va de este siglo.

Ahora bien, Philip Ridley nos dio la oportunidad en el 2009 de reivindicar un poco el género con su cinta Heartless. Aunque no logrado en su totalidad y agregado el factor de que el cinéfilo optó por desperdiciar esta opción, este es un filme no del todo recordado, pero que bien vale la pena recuperar.

Heartless consiste en la historia de Jamie (Jim Sturgess), un solitario fotógrafo londinense cuyo aislamiento y autoestima al nivel del suelo le impiden llevar la vida que desea, pues considera que el lunar en forma de corazón que carga sobre su piel le estigmatiza de por vida y le impedirá tener una pareja, así como una aparente vida normal.

Su vida da un sorpresivo giro luego de que, una noche después del trabajo, descubre a unos vándalos prendiendo fuego a dos inocentes. Cuando lo descubren, lo que parecen máscaras en sus rostros resultan caras de verdaderos demonios envueltos en capuchas y todo indica que sólo él puede verlos.

Luego de aquel grotesco encuentro, estos demonios no dejan en paz a Jamie hasta el punto en que, una noche con su madre en la calle, son víctimas de los entes y, sin poder hacer nada para evitarlo, ve morir a su madre entre las llamas que aquellos provocan sobre ella. El salto definitivo a la locura.

Destrozado, busca por todos los medios deshacerse del responsable de la muerte de su madre y, posteriormente, dar un giro radical en su vida sin importar lo que pida a cambio aquel que le otorgue, a modo de trueque, una vida plena y el amor de una mujer. Regresar el favor le saldrá muy caro.

El fuego, con sus variadas significaciones espirituales y simbólicas, como representación del mal, de purga, de luz o llana destrucción, aplica todas estas connotaciones de acuerdo a la intención. Usado por la pandilla para asesinar a otros lo hace brotar como señal de maldad, aunque funge también como la purificación y el nuevo comienzo de Jamie al correr por su cuerpo.

La intimidad de Jamie, lo netamente interno y emocional se entremezcla con el exterior: desde los colores pálidos, la violencia, el tejido familiar roto y la decadencia personal externada en hermetismo;  la iluminación, las noches, el peligro de las calles en los suburbios de Londres, además del evidente abandono de las estructuras físicas en los edificios, la podredumbre y el desgaste de elementos (especialmente habitables) que, como la humanidad, va perdiendo vida, envejece y se abandona a sí.

En cambio, los tonos verdes de los árboles frondosos y la luz del día intervienen cual respiro del alma de Jamie después de su purificación. La desaparición del supuesto defecto que el protagonista tenía en el cuerpo le dota de vida y navega contra la sentencia que se había apropiado. Al final, el desequilibrio mental tan radical es el que manda y la verdad termina por imponerse de forma fría y violenta. Los demonios e inocencias resultan reflejos que traicionan las acciones, controlando todo desde la trinchera compleja e inquebrantable de la mente.

Heartless es la colisión del dolor, el aislamiento y la locura. El ansia de una vida mejor y la paranoia social revuelven sus elementos e inundan de placeres que cobran intereses.

Bajo la insistencia de que hacer prejuicios sobre está cinta es, de cierto modo, caer de la cuerda floja, puedo decir que, en general, Heartless es una cinta que atrapa, en ratos risible y en otros toca fibras sensibles. Se lleva un buen lugar en calidad de soundtrack, de fotografía, de iluminación, además del fascinante acento inglés y lo relativo a la vida británica oculta detrás del Westminster y el Big Ben.

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