Videofilia: alucinación digital en el submundo urbano

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Por Alberto Molina

En ocasiones la transición de lo real (lo bien visto) con la fantasía digital (el lado oscuro) cruza la línea de la locura y distorsiona no sólo los sentidos, sino transgrede las paredes de lo socialmente visible y entonces el tabú se posa en el centro de la mesa. Videofilia (y otros síndromes virales) es una película que demuestra algunas caras de esta premisa radical cuyo destino final resulta tan incierto como aterrador.

Luz y Junior se conocen a través de un sitio de transmisiones por webcam en la periferia de Lima. Ella busca nuevas experiencias entre cibersexo y drogas, mientras él es un obsesivo de los videojuegos, el porno y las teorías conspirativas. Hasta aquí todo parece un tanto cotidiano, excepto al momento de cruzar la línea de lo consciente.

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La cinta dirigida por Juan Daniel F Molero toma partido del contexto en que vive el grueso de la población, en el que la sociedad de la información no es precisamente la promesa de progreso que nos habían hecho creer. Varias de las aristas que componen la clase media-baja del Perú (que es tan sólo una muestra de toda la región latinoamericana) están representadas como fondo en cada personaje secundario. Tal es el caso de la prostitución, la pornografía, las drogas, el lucro y los excesos que ayudan a olvidar la dolorosa realidad.

Videofilia también aborda la adaptación de las culturas prehispánicas locales a la posmodernidad globalizada, haciendo uso de las drogas sintéticas como parte fundamental de una experiencia interior sobre un centro ceremonial antiguo.

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La propuesta técnica visual es como una disfuncionalidad en sí misma que, pese a tal condición, no encuentra mejor manera de hacer entender al espectador las contradicciones que llevan a que toda la situación se desquebraje. La técnica se vuelve concepto y texto a su vez, así como aderezo de lo simbólico y lo narrativo.

La cámara amateur y los encuadres mal asignados dotan de simpleza y realidad, al mismo tiempo que otorgan mayor relevancia a los fragmentos de completa distorsión justificados con el pixelado como un virus que invade la pantalla, enfatizando esos momentos de nula lucidez de los personajes y trazando puentes entre situaciones.

Tal vez ésta no sea la producción peruana más innovadora pero sí una de las más novedosas y originales de los últimos años; tan saturada de elementos poco convencionales que genera la siguiente duda: ¿realmente es un filme saturado o simplemente no estamos acostumbrados a este tipo de productos?

 

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