Tener haters por doquier es sinónimo de adoración inversa

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Por Nallely Pérez

Desde que Bob Dylan fue nombrado merecedor del Premio Nobel de Literatura 2016, hace ocho días, infinidad de readers sociales y escri-vanos han publicado su postura al respecto, la cual está dividida, tal como los votantes estadounidenses próximos a elegir nuevo huésped de la Casa Blanca. Acá y allá, gritos en el cielo y enhorabuenas; mientras el mero mero Zinnerman hace mutis.

En las últimas semanas nuestro país ha mostrado garra y cómo defenestrar al que ose manifestar públicamente hondas apreciaciones musicales movidas por el fuchi y la desaprobación. Ni aquí ni en otras partes Dylan escapa del gran tercer ojo de pez que todo lo ve y juzga, no somos el ombligo del mundo pero sí de la luna, los reflectores se prenden, Juan Villoro da visto bueno y ello entusiasma porque sabemos que él sabe de rock (no se perdió el concierto de Roger Waters en el Zócalo). El asunto marchaba, entonces, casi libre de tendencias hasta que la piedrita rodante en el zapato se dejó sentir a través de las opiniones del gestor de un proyecto del FONCA llamado Poemojis, un tal Dante Tercero que, no, no es descendiente de Alighieri.

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¿Y entonces? La verdad es que, pese a haber sido incluido hace poco al lado de ascendentes poetas mexas en una Muestra de Poesía Mexicana Actual editada en Perú por Vallejo & Co (título que, como ortodoxo contestatario que es, no vaciló en descalificar, arguyendo que ahí se habían deformado “todas las ideas” acerca de su poesía), el nombre de Dante Tercero dice poco, si en los últimos días su popularidad creció a causa de expresar su desacuerdo con el departamento literario de la Academia Sueca, su actual fama no se debe al papel y tinta sino que se generó vía tecnologías, tecnologías tan nuevas como lo fuera el acetato hace medio siglo, cuando Dylan comenzó a escribir para ser oído.

Arma de doble filo, el twitteo es escueto y de profundidades hondísimas. Hasta hace unos días Patricia Binộme, nombre real de Dante Tercero, vivía —al igual que el intérprete de “Mr. Tambourine Man”— con menos enemigos. Es probable que cuando publicó el tweet desestabilizador (el cual ya no es visible en dicha red) Patty no Smith no olió lo que se le vendría tras postear, tal vez, como simple forma de espasmo algo así como “¿El Nobel de Literatura para Dylan? No mamar”. Sin hablar de lentejuelas, sacó boleto. Pero éste poco importa porque en la actualidad tener haters por doquier es sinónimo de adoración inversa, en el Cono Sur están ahora en primavera y no por tal contrariedad los árboles deshojados impiden a la Tierra girar.

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Ahora, después de que, como él mismo señaló, gastó en “ropa, tatuajes y comida para gato” el dinero que le proporcionó el erario público por “emoticar” en serio (suma monetaria que calcula equivale a la tercera parte de los impuestos que sus padres han tributado a Hacienda) no hay mucho que hacer, ojalá no se convoque a una firma petición para que Dante se aviente por la ventana, abandonen toda esperanza.

El “poeta & editor [corazón rosa] trans poeta genio implosivo flaco solitario enamorado azul pelirrojo emplumado albino tigre perla burbuja trébol #CUTELIT” es su más ferviente seguidor, habla de sí en tercera persona. A sus 31 años, cerca ya de su Selva Oscura, ve desde su ciudad natal, Tijuana, cómo el mundo se abre a su paso, no le roban el sueño y nada le dirá ¡detente!

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En fin, los pictogramas son más viejos que el acetato y el dadaísmo tiene un siglo de expirado, Homero se cantaba, las maxoajas y las aventuras de Rodrigo Díaz de Vivar, “el Cid” también. Se asegura que no hay nada nuevo bajo el sol ¿pero debajo de la luna, en su  lado oscuro, sí? Cualquier colaboración en la localización del paradero de Robert Allen Zimmerman será de gran ayuda.

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