La fotografía perfecta entre un juego de sombras y refracciones

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Por Francisco Marín

“I should have said: Therese, wait…”

Nadie sabe nunca donde encontrará el amor, puede ser caminando por la calle, en un bar, en tu trabajo, en la escuela o hasta en una tienda. Es cuestión de prestar atención y tener el coraje de dar el primer paso hacia lo desconocido, muchas veces un pequeño gesto bastará para encender una pequeña llama, que puede ser el inicio de algo más.

Todd Haynes dirige Carol (2015) una historia ambientada en Estados Unidos a principios de los años 50s, en la cual, dos mujeres de edades y estratos sociales diferentes se enamorarán perdidamente. Evidentemente las características que condicionan el relato son suficientes para obtener un melodrama de época clásico pero es el hecho de que son dos mujeres enamoradas la una de la otra lo que hace impensable su romance. ¡Qué dirá la sociedad!

Therese (Rooney Mara) es una joven que no sabe lo que quiere en la vida (y cómo va a saberlo si siempre dice que sí a todo), trabaja en una tienda departamental  y toma fotografías de manera amateur. En las vísperas de navidad Therese tiene más trabajo en el departamento de juguetería, entre la multitud vislumbra a una atractiva mujer con un impecable abrigo que llama su atención, se trata de Carol (Cate Blanchett) a quien atenderá durante su visita. El primer encuentro entre las mujeres es sutil, las acciones de Carol, al igual que sus movimientos están calculados y unos guantes olvidados marcarán el inicio de su historia.

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Basada en “El Precio de la Sal” escrita por  Patricia Highsmith en 1952, Carol ocupa el texto y le da un aire de modernidad a la clásica historia. La pantalla rinde tributo a la época con sus imágenes filmadas en 16 mm que dan una composición que se asemeja a las grabadas en esos años. Haynes cuida cada detalle de la producción al extremo, cada elemento con el que interactúan sus personajes es coherente con el tiempo que representa.

El vestuario, diseñado por Sandy Powell, es exquisito, los detalles y cuidados que Powell deja ver elevan la sensación de autenticidad en la cinta. La boina utilizada por Rooney Mara merece una ovación de pie, los colores empleados para hacerla junto con los de la cinta y la actriz hacen un fotograma más que perfecto.

La cámara de Haynes nos lleva a través de un juego de reflejos. La fotografía, realizada por Edward Lachman (fotógrafo recurrente del director), llena de una paleta de colores cálidos llena de una delicada elegancia nuestras pupilas. Es más que atinado que veamos la historia a través de un juego de sombras y refracciones, ya que la narración nos sitúa en el punto de vista de Therese, quien ve a Carol a través de su cámara fotográfica.

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Cate Blanchett da una actuación a la altura de su nombre, la cámara construye junto con ella el enigmático personaje de Carol, la escena en la cual deja ver un espectacular abanico de emociones, cerca del final en los juzgados, deja en claro las razones por las que Blanchett se ha convertido en una de las mejores actrices en activo. Rooney Mara es quien carga con el mayor peso de la cinta, los matices que le da al personaje no podían haber sido realizados por otra persona, Mara encarna la pureza y la ternura de Therese sin que se sienta forzada o fingida, los registros que alcanza son impactantes y nos hacen sentir junto con ella.

Carol, es una cinta de elegancia inmaculada, un épico romance que nos enamora a cada cuadro. Los pequeños detalles y los sutiles gestos son los que dictan el paso de la relación entre Carol y Therese pero son también esos detalles a nivel técnico y narrativo los que constituyen la belleza del filme y elevan la experiencia que como espectadores vivimos. El hermoso travelling inicial es solamente el inicio de una serie de tomas que ruegan que no parpadeen los ojos para no perder pormenores de la película.

El amor prohibido que viven las protagonistas nos llevará por un sendero de sentimientos, desde la más genuina felicidad hasta el más amargo dolor. Haberse conocido por casualidad o por destino es una hermosa satisfacción, el amor no es algo que surja de una manera planeada, simplemente sucede. El plano-contraplano final es una declaración silente, porque cuando hay amor el sentimiento sobrepasa las palabras.

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