David Bowie o el hombre que cayó en la pantalla. Parte 2: 1980 -1989

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Por Qornelio Reyna 

La década de los 80’s estaría marcada por un par de aciertos mayores, nuevamente no tan exitosos comercialmente –en comparación como lo fue su carrera tras el álbum Let’s Dance de 1983-, pero sí trascendentes en las generaciones posteriores.  A comienzos de la década, durante el estreno de su álbum Scary Monsters, estrenó en Broadway una representación de  El Hombre Elefante con la compañía de teatro de Kemp con la que se ganó corazón de la crítica. Interpretó el papel principal unas 157 veces.

En 1981, haría el primero de sus famosos cameos en el filme Christine F. (Uli Edel), la historia de una adicta, donde se interpretaría a sí mismo cantando uno de sus temas.  Después vendría un hit de culto gótico con la participación de una banda predilecta por Bowie en esa época: Bauhaus. Dirigida por  el fallecido hermano de Ridley Scott, Tony, The Hunger (1983) unió a David, Susan Sarandon y Catherine Deneuve en un filme erótico sobre vampiros.

A pesar de que la participación del músico dura menos de una tercera parte de la película, resulta impactante su presencia durante los primeros minutos, lo que lo volvió aún más un referente para la pululante escena gótica de aquellos tiempos.

Durante ese mismo año actuaría en el filme japonés Merry Christmas Mr. Lawrence, del autor Nagisa Oshima, conocido director de la Nuberu Bagu, una clase de “Nueva Ola” japonesa muy popular los 50 y los 70.

 De nuevo interpretaría a un militar, pero esta vez sería un prisionero australiano durante la segunda guerra mundial. Una historia interesante que gira en torno a la homosexualidad oculta del Capitán Yonoi (Ryuichi Sakamoto), quien se enamorará de Jack Celliers (Bowie), además del choque de la mentalidad oriental frente a la occidental.

Finalmente durante ese año y después de dos grandes aciertos, participaría en un filme (olvidado afortunadamente) de los Monthy Pyton, comediantes icónicos de aquella época en Inglaterra, en el filme Yellowbeard, donde prestaría su voz ¡a un tiburón! Dos años después, haría una participación minúscula al lado del consagrado John Landis en Into the Night, donde su carácter de villano, aunque fugazmente, quedaría demostrado al lado de Michelle Pfeiffer y Jeff Goldblum.

Posteriormente el año de 1986 sería poco más que escabroso. Con su carrera cuesta abajo durante la segunda mitad de la década con la llegada de discos como Tonight (donde tiene una colaboración reggae con Tina Turner) y Never Let Me Down, en aquel año vino para él una de sus mejores y una de sus peores películas pero también una de sus mejores canciones.

Primero, al lado de Jim Henson, creador de los Muppets, y una muy joven Jennifer Conelly, Bowie interpretó al Jareth, el rey de los duendes, en el filme de fantasía Labyrinth (una especie de La historia sin fin junto a Alicia en el país de las maravillas).  Película de la que se arrepentiría en el futuro pero que lo colocó de nuevo dentro del imaginario colectivo y lo acerco a las generaciones de infantes de entonces.

Seguido de esto y junto al rockero director Julien Temple filmaría Absolute Begginers, un clásico musical olvidado que también incluía a otros artistas como Sade, Ray Davies (The Kinks) y Patsy Kensit de los Eight Wonder y ex pareja de Liam Gallagher (Oasis). Competidora de Cannes en su momento, lo más inolvidable resulta ser el tema homónimo que Bowie compuso para la película.

En 1988 el neoyorkino Martin Scorsese ficharía con el británico para la adaptación de La Última Tentación de Cristo en un filme homónimo estelarizado por Williem Dafoe, donde el histrión tendría un papel pequeño pero poderoso como Poncio Pilatos. Poco más que interesante esta interpretación de la vida de Jesús, decide mostrarlo como un hombre y no como el salvador, cosa que le valió  su director la nominación al Óscar y el premio de la crítica en el Festival de Venecia.

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