Wolfgang Paalen: metafísica visual para sacudir tu memoria

Wolfgang Paalen - El vellocino de oro

Por Mario Mendicuti Abarca

El 22 de julio pasado se cumplieron 110 años del nacimiento de Wolfgang Paalen, pintor y teórico austriaco-mexicano. Su nombre es más bien recordado por participar en la década de 1920 en el grupo de Abstracción-Creación, junto a Hans Arp, Auguste Herbin y Fernand Léger.

Asimismo, se le conoce por haberse unido a las filas surrealistas en 1935, con los que, después de establecer su residencia en México, organizaría en 1940 de la mano de César Moro la Exposición Internacional de Surrealismo en la Galería de Arte Moderno. Pocos años después rompe con el surrealismo y se aboca a publicar textos teóricos y críticos en su revista Dyn y a pintar con una marcada tendencia hacia el expresionismo abstracto, siempre atravesado por el arte originario del continente americano.

La trayectoria de la obra de Paalen es muy cambiante. En diferentes periodos podemos identificar influencias del arte y de la pintura metafísica, surrealista, abstracta, precolombina o amerindia, primitiva e impresionista. Su vida estuvo guiada por la búsqueda de la novedad y de la originalidad, pero no como un fin en sí mismo, sino para lograr comunicar, por medio del objeto, un sentimiento o idea universales que cualquier sujeto pudiera apreciar y comprender.

Wolfgang Paalen - Genius of the species

A su forma de entender el mundo, la imaginación es la aportación más relevante del hombre, puesto que crea y recrea para otorgar a la realidad lo nunca antes visto. Así, sus pinturas nos enfrentan, en cuanto a forma y fondo, con lo nuevo.

No es gratuito que gran parte de sus cuadros hayan sido realizados con la técnica denominada fumage, inventada por él mismo. En ésta, se toma una vela y se ahúma o quema levemente la tela sobre la que se pintará, para después interpretar las figuras resultantes y partir de ellas para producir una obra.

Cuando se observa un óleo de Paalen es posible notar la importancia que le daba a los detalles en el piso, las raíces, las piedras, las extremidades, los interiores y los fondos: diminutos trazos y manchas de color que contrastan entre sí y dan la apariencia de lo fragmentado, pero complementario.

Wolfgang Paalen - Paysage musicale

En El vellocino de oro se nos muestran las entrañas de un pedestal, el cual soporta la milagrosa manifestación de los ojos que una media cara tanto buscaba. De igual manera, en La balanza, un ser, desde una formación natural petrificada, parece admirar el trayecto de otro sobre un lago, mientras se alzan hacia arriba, en el cielo, y hacia abajo, en el reflejo del agua, dos estructuras que podrían tener en su interior el mismo material sobre el que el primero se encuentra.

Los universos que presenta el austriaco-mexicano en sus pinturas llevan inevitablemente a considerar la idea de armonía y de proporción, pero no en un sentido clásico. Las figuras que pueblan sus lienzos se articulan de manera disímil —retorciéndose, alargándose— y aunque dan la impresión de ser demasiado altas para mantenerse en pie, nunca se desploman.

Los colores que recorren las telas se unen, se difuminan y se mezclan para dejar ver a la distancia seres y rostros, algunos desconocidos y otros familiares, pero siempre nuevos. Manchas de luz que, como un vitral, muestran las partes que construyen una imagen.

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Por último, es oportuno comentar una escultura muy mencionada cuando se habla de este artista. El genio de la especie, de 1938, fue realizada con huesos de ave dispuestos en forma de pistola. No sólo se le considera una materialización del pesado ambiente previo a la Segunda Guerra Mundial, sino también de la decisión que Paalen tomaría para sí el último día de su vida.

Aunque es imposible olvidar la ironía y el humor negro, es necesario recordar que éstos vienen acompañados por un significado profundo y ambivalente. Un arma tanto puede terminar una vida en contra de su voluntad como ser usada para liberarla.

Ya lo dijo Lourdes Andrade: “el 24 de septiembre de 1959, en los alrededores de Taxco, a la pregunta planteada por los surrealistas en una encuesta, ‘¿Es el suicidio una solución?’, Paalen responde, sin titubear, apretando el gatillo en contra de su corazón”.

El Museo de Arte Carrillo Gil y el Museo Franz Mayer albergan colecciones con obra de los últimos años de vida de este artista, poco apreciado hoy en día.

 

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