Lo menos hype de Flaming Lips para cantar en sus conciertos

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Por Alejandro Arriaga

Aún con la emoción que dejó tras de sí la presentación de los Flaming Lips en la Ciudad de México, con las canciones todavía repitiéndose en la mente, se me ocurrió hacer un recuento de tres álbumes de la banda. No son los mejores, ni lo más famosos, sino los que se me hacen más interesantes y de los que más pistas extraen para sus conciertos.

Espero, con esta lista, fundar una pequeña serie de entregas, con la intención primordial de acercarse a bandas cuya discografía es amplia (como en este caso)  o para entrarle a más de sus discos y no sólo con aquellos que ya tienen un lugar en las listas de popularidad. Sin más, comencemos.

Clouds taste metallic: es el título de su séptimo álbum, que muchos consideran clave en su discografía, está lleno de esas guitarras ruidosas con fuzz que a todos encanta, aquella forma de crear canciones pegajosas que siguen hablando de ciencia ficción y animales (Christmas at the zoo), y algunos otros temas más obscuros (Psychiatric explorations of the fetus with needles). Un dato curioso es que los Bestie Boys hacen un sampleo de la séptima pista, They punture my yolk.  Podría decirse que es un álbum inmaduro con respecto a lo que harán después pero divertido.

Yoshimi battles the pink robots: décimo larga duración de la banda, el álbum conceptual (que no lo es tanto) con el que alcanzó altos puestos en las listas de popularidad. Este disco rebosa de sintetizadores. Piezas fundamentales se desprenden de aquí, como la hermosa Do you realize? (primera canción popular en convertirse en himno oficial), la bien consabida y pacheca que da título a esta obra, hasta llegar a la desoladora All we have is now.  Trabajo imperdible, no sólo dentro de la discografía de la banda sino de la cultura popular.

At war with the mystics: sucesor del disco antes mencionado, trabajo con guitarras más densas y distorsionadas, con percusiones mucho más marcadas. Algunas llenas de esperanza y energía como The yeah yeah yeah song, hasta unos una marcada tendencia política (My cosmic autumn rebellion). Cuenta con una de las mejores mezclas de sonido que hayan aparecido en sus álbumes anteriores, de hecho cuentan con una versión en 5.1 canales. Buen disco, aunque no para tomarse en serio.

Bonus. The Terror: uno de mis discos favoritos. Muchos lo acusan de mucho concepto y poca música… y tienen parte de razón. Partiendo de ¿qué sería la vida sin amor?, este es un experimento sonoro de 55 minutos de duración, una obra genial, donde el terror se manifiesta en cada uno de sus tracks. De uniformidad sin precedentes, un álbum distinto a lo que nos tiene acostumbrados esta gran banda, aunque poco amable para el escucha casual.

Aquí termina este pequeño recorrido. Espero que sirva para perpetuar el recuerdo y la emoción de su reciente actuación en nuestro país.

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