Acrílico sobre botas norteñas y machetes para releer a Nat Geo

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Fotografía: Polan Zepeda

Fotografias: Polan Zepeda

Por Ulises Miguel

Si Rembrandt reencarnara en un artista contemporáneo mexicano y continuara con su corriente paisajista, quizá expondría en Zona Maco o  en la Primera Bienal del Paisaje organizada por el Museo de Arte Carrillo Gil. Posiblemente  veríamos su obra junto a un par de botas norteñas con las suelas pintadas de un cactus sonorense o junto a esa clásica caja de cerrillos con el Pico de Orizaba al reverso.

Aunque es una muy, pero muy remota la posibilidad de que eso suceda, lo que sí es seguro es observar un par de botas norteñas como una forma diferente de representar el paisaje de un lugar sin recurrir al óleo que haría inmortal a Rembrandt en su natal Holanda o a José María Velasco en el estado que alguna vez fue gobernado por Enrique Peña Nieto y su tío Arturo Montiel investigado por la Interpol.

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Fotografía: Polan Zepeda

Esta pieza titulada Caminando estas tierras (2014) creada por Julieta Olalde podría ser una mínima intervención en el Museo y una sorpresa irónica para los visitantes: está a la altura del suelo y cuando sabes que está ahí abajo, no puedes esconder una sonrisa e imaginar una historia encapsulada en ese par que alguna vez estuvo en un aparador o dentro de una caja de cartón.

Así como se utiliza cualquier tipo de material como soporte para crear y plasmar una pintura, también pueden unirse dos elementos distintos, desde el contexto hasta su forma física, para formular una idea: el hombre como manipulador y exterminador de su entorno o como lo titula Guillermo Álvarez Cahpel, Separador de Paisaje (2013).

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Fotografía: Polan Zepeda

Machetes para “cortar” revistas de National Geopgraphic en una simulación de lectura destructiva de la naturaleza, hacen de esta obra un recordatorio de nuestra inconciencia para cuidar los recursos que nos alimentan, tanto física como visualmente; también nos lleva a pensar que el arte es una manera de hacer denuncia ambiental y política con un artefacto de muerte con un toque de la belleza artística de la fotografía.

Amabas piezas no son las únicas que proyectan las diferentes posibilidades del paisajismo urbano y natural en el que vivimos, también hojas amarillentas de poemas (intervenidas para revelar ciudades escondidas) o cajas de luz con fotografías de la mina de cobre más grande de Latinoamérica situadas al lado de 850 números de filiación sindical pertenecientes a trabajadores despedidos por exigir sus derechos, son algunas obras que nos presenta la Primera Bienal del Paisaje.

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Fotografía: Polan Zepeda

Primera Bienal del Paisaje 

Museo de Arte Carrillo Gil
Avenida Revolución 1608, colonia San Ángel
http://www.museodeartecarrillogil.com
Exposición hasta el 13 de septiembre de 2015

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