Ante la crisis en Grecia, tres poetas griegos para farolear

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Ernest Descals

Por José M. Vacah @JosMVacah

“No querían nuestra aprobación, sino que nos arrodilláramos” fue el grito de guerra con el que el gobierno griego desafía a la Unión Europea. Mientras tanto, esta organización de países acreedores impusiero tajantemente sus condiciones, “no habrá rescate financiero si Grecia no acepta nuestras condiciones”.  ¿Y cuáles son sus condiciones? Ninguna que se aleje de una preceptiva neoliberal, obviamente. El 30 de junio expiró el plazo, así que probablemente este país, cuya cultura es cuna de la civilización occidental, salga –por fin—de la eurozona, pero esta salida no sólo define el rumbo de un país, sino que también redefine el rumbo de Europa en gran medida.  Y además, como si esto no fuera suficiente, también definirá el rumbo de nuestros corazones. ¿Qué por qué digo esto? Porque la valerosa Grecia y su actual gobierno de izquierda tiene ante sí una perspectiva terrible: asumir el riesgo de salir de la UE o desgarrarse las vestiduras y enfrentar el costo social de permanecer en ella. ¿Y eso qué tiene que ver con nuestro corazón? Mucho, definitivamente tiene que ver mucho porque Grecia está en nuestra alma aunque no nos demos cuenta, está en nuestros pensamientos que son el principio rector de nuestra alma, pues la cultura helénica, habita en nuestra consciencia emocional, al ser un sustituto de nuestro propia negación social. Así que, por esta razón, Linne Magazine presenta ante ustedes una pequeña antología de poetas griegos que todo defensor actual de Grecia debe conocer.

Kostas Varnális

Nacido en Prigos, Bulgaria (entonces Romelia Oriental) en 1884, llegó a Atenas a estudiar Filología y desde 1904 comenzó a publicar sus primeros versos. Viajó a París, gracias a una beca, ahí se interesó en el materialismo dialéctico y el marxismo  debido al clima de decepción general producto de la Primera Guerra mundial, y permaneció fiel a sus ideas hasta el fin de su vida.  Fue profesor de la Academia Pedagógica de Atenas durante un año, porque le retiraron el permiso para impartir clases. Desde entonces se dedicó al periodismo y en 1959 recibió el Premio Lenin de la Paz.

 

Prólogo de esclavos sitiados

 

Otra vez vienes borracho, a las dos y media de la madrugada,

y aunque te temblaban las rodillas, te mantenías erguido

delante de todas las mesas –¡Cómo estás, Konstantín fortachón!

–¿Cómo están, mis jefes, la están pasando bien?

Uno te daba un vaso y el otro te daba una aceituna.

Y así te recorriste en fila las cantinas del barrio,

y si alguno se metió contigo –¡ay, aquel del Trívelas!–

te hacías como que no te dabas cuenta y dulcemente siempre sonreías.

Ayer y hoy la misma cosa, años delante, años después…

Tu existencia en tinieblas cada vez más espesas se hunde.

¿Es que tu voluntad es muy poca, es que tu dolor es muy grande?

¡Ay, dónde estás, juventud, que me mostrabas que yo iba a ser otra cosa!

 

Traducción de Guadalupe Flores.

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Ernest Descals

Yiorgos Seferis  

Yiorgos Seferiadis, su verdadero nombre, nació en 1900 en Esmirna, Asia Menor. En 1914 su familia se trasladó a Atenas, ahí estudió la preparatoria e inició estudios de derecho que terminó en París. A partir de 1918 vivió en contacto estrecho con los principales movimientos intelectuales y estéticos de Europa. Fue miembro del servicio exterior griego, estuvo en Inglaterra y Albania, y siguió al gobierno en el exilio a Egipto, África e Italia. Sirvió en Turquía, Inglaterra, Líbano, Siria, Jordania e Irak, hasta el año 1962 en que se retiró para establecerse en Atenas, donde murió en 1971.  

 

(Del libro Mitografía)

 

XVIII

 

Me da tristeza haber dejado pasar

un ancho río por entre mis dedos

sin que haya bebido una sola gota.

Ahora estoy sumiéndome en la piedra.

Un pequeño pino sobre la tierra roja;

no cuento con otra compañía.

Lo que amé se perdió junto con las casas

que estaban nuevas el pasado verano

y se derrumbaron con el viento del otoño.

 

 

XXIV

Aquí terminan las obras de la mar, las obras del amor.

Aquellos que algún tiempo vivirán aquí donde terminamos

si acaso la sangre en su memoria se vuelve negra y desborda,

que no nos olviden, las almas débiles entre los asfódelos;

que volteen hacia el Erebo las cabezas de las víctimas.

 

Nosotros, que no tuvimos nada, les enseñaremos la serenidad.

 

Traducción de Charálambos Hatzilambis  

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Ernest Descals

  Odysseas Elytis  

Odysseas Alepoudelis es su verdadero nombre, nació en Creta en 1911. Su familia se trasladó a Atenas en 1914. Comenzó a publicar desde los diez años. En 1918 murió durante la epidemia de gripe española su hermana Myrsini, de 20 años. En 1920, tras la caída de Venizelos, fue detenido el padre del poeta, por su estrecha amistad con el político. En 1930 ingresa a la Facultad de Derecho y comienza a leer a Marx y traduce del francés a Trotsky. En 1934 destruye todo lo que ha escrito hasta el momento y da inicio a lo que considera  el inicio del descubrimiento de una voz particular y una concepción personal de la poesía. Muere el 18 de marzo de 1996.

 

 

(Del libro Sol el primero)

 

I

 

Ya no conozco  la noche horrible anonimato de muerte

En el regazo de mi alma atraca una flota de estrellas.

Véspero centinela para que brilles junto al celeste

Vientecillo de una isla que me sueña

Anunciar el alba desde lo alto de sus rocas

Mis dos ojos te abrazan y navegan con la estrella

De mi corazón íntegro; Ya no conozco la noche.

 

Ya no conozco los nombres de un mundo que me niega

Claro leo las conchas las hojas las estrellas

La enemistad me es inútil en los caminos del cielo

Salvo que sea el sueño que me vuelve a mirar

Con lágrimas atravesando el mar de la inmortalidad

Véspero bajo la curva de tu lumbre de oro

La noche que es tan sólo noche no la conozco ya.

 

Traducción de Charálambos Hatzilambis