Las tortugas pueden volar o la crudeza de una estúpida guerra

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Por Romi TO

Esta es la primera película rodada en Iraq tras la caída de Saddam Hussein y, por lo tanto, una película dura que te dejará sumido en una profunda tristeza e impotencia.

Las guerras, a mi parecer, siempre han sido inútiles, absurdas, carentes de todo sentido lógico. Los perjudicados, en la mayoría de los casos, suelen ser civiles; ancianos, mujeres, hombres y, más desgarrador aún, los niños. Esos pequeños seres a los que se les arranca la inocencia por completo y de golpe, trasplantándoles un panorama gris que nunca se podrán borrar de la cabeza. Por más años que pasen, las imágenes de la guerra siempre serán imborrables

Los protagonistas de la cinta dirigida por el iraní Bahman Ghobadi, son niños que han sufrido la desgracia en carne propia; todos niños huérfanos que se encuentran mutilados, ciegos, hambrientos, y víctimas de violación por parte de los falócratas soldados que llegan a “defender un territorio”. Los adultos se apoderan de los niños, obtienen lo que desean de ellos y los abandonan a su suerte.

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Nuestros protagonistas están marcados por una estúpida guerra y no tienen un techo digno que los proteja. Tienen que trabajar recogiendo minas antipersona para posteriormente venderlas en el mercado negro, debiendo mencionar que para realizar esta peligrosa labor, ellos no cuentan con uniformes especiales valiéndose únicamente de sus manos y dejando su destino en manos de un dios que parece no escucharlos.

Satélite, uno de los protagonistas, es un chico pizpireto que lidera el grupo de niños huérfanos. Él consigue trabajo para todos, asigna tareas, instala antenas satelitales y se encarga de cuidar a todos los niños de la aldea. Este niño, de aproximadamente 12 años, carga con la responsabilidad de un padre y una madre, a su corta edad debe preocuparse por el bienestar de todos y tener que lidiar con los adultos que también han sido marcados por una guerra sanguinaria y sin escrúpulos.

En la cinta todos los niños no son actores profesionales, incluso, ellos fueron víctimas reales de la guerra e interpretan el dolor personal en cada actuación, haciendo de esta película un golpe muy fuerte para todos sus espectadores.

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En las guerras se pierde más de lo que se pueda llegar a ganar, sobre todo en este tipo de situaciones en las que reina la orfandad y los niños son los que deben arrastrarse para poder sobrevivir. Nunca tendrán una vida normal alejada de la violencia, porque, aun cuando se haya derrocado la figura que los mantenía en la opresión, ellos ya vivieron la fatalidad en carne propia. Y eso nada ni nadie lo podrá subsanar jamás.

Esta película es el tipo de cintas que debes ver con el estómago vacío y con la idea de que no será una película que te tiene que encantar. Es cruda, violenta y cargada de escenas que te gustaría remediar porque sabes que todo eso sucedió en realidad.

Los niños nunca deberían sufrir, ni por una guerra, ni por ninguna cosa de este mundo banal.

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