El Pont des Arts, la industria porno amateur y el ocaso del amor en Hot Girls Wanted

 

Hot G. Wanted

 

Por Eduardo Paredes Ocampo

Tanto pesó la eternidad que en París tuvieron que quitarla. La ciudad lucirá algo desnuda después del pasado primero de junio, el día en que se decidió retirar los barandales del famoso Pont des Arts. Año tras año, sobre aquellas rejas, miles de amantes colgaban los candados que simbolizaban su eterna fidelidad. Eventualmente el cliché llegó a volverse peligroso: según la municipalidad de París, el estimado de 700,000 candados tentó con tirar la estructura.

Lucy Tyler/Karly acepta en el documental Hot Girls Wanted (Jill Bauer, Ronna Gradus, 2015) que fue un corazón roto lo que la atrajo a la pornografía. Su colega Stella May/Tressa, por otro lado, sabe separar lo profesional de lo sentimental: encontró a su novio a días de entrar a la industria. Sin embargo, cuando finalmente decide abandonar su trabajo para asentarse y sólo encuentra justificación en su relación sentimental, su agente –más un chulo que representante– le comenta por el teléfono que no cree en el amor. Tal pareciera que este sentimiento determina el acercarse o el alejarse del oficio que tilda con el de prostituta.

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París simboliza lo que viene a la mente cuando escuchamos los testimonios de Hot Girls Wanted, adornados aquí y allá con alarmantes cifras (una de las mujeres afirma que sus videos llegan a más lugares que McDonald’s): asistimos al ocaso del querer. Stella May/Tressa representa sólo una solución romántica. Después de exponerse al chantaje emocional de su madre y su novio, la fugaz estrella porno regresa a estancarse, como tantas otras, en el arcaico mundo de la Norte América profunda.

Un trabajo idóneo la espera: servir en Red Neck Heaven, sin duda un lugar de encanto. Las grúas que arrancaron los barandales del célebre puente revelan el síntoma del desapego que el resto del elenco (y los miles de consumidores de sus producciones) parecen encarnar. El cinismo actual eclipsa a aquellos que, en volverse viejos juntos, en morir abrazados, siguen creyendo.

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Tal desapego, para muchos, parecería capital en el camino al progreso racional del ser humano. Inclusive, bien recibido sería por el romántico, a quien sólo el obstáculo y la nostalgia incita. Sin embargo, y aquí el documental tañe una cuerda de sumo interesante, ¿a qué precio se sacrifica un patrón que, de tanto repetirse, casi innato se tiene? Comparada con el principio, la segunda parte de Hot Girls Wanted posee un tono particularmente sombrío.

Quienes veían sus sueños cumpliéndose en la fácil vida de la actriz porno, ahora sólo confrontan pesadillas. El abuso sale a relucir: las nuevas tendencias en la red bordan con la perversión. Mientras las actrices acuden a ser prácticamente violadas frente a la cámara, mientras vemos hasta al mismo representante-chulo consternado por ellas, ¿quién no se cuestiona acerca de los límites de la libertad/libertinaje? Quizá el amor sea un pilar que nos tiene, para bien, ceñidos en lo civilizado y lo sucedido en París sólo puede deplorarse.

 

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