Parece que el pesimismo de Borges nunca se detendrá

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Ilustración: Verónica Moretta

Por Anahí Colombón Gálvez

El 14 de junio fue el vigésimo noveno aniversario luctuoso de uno de los escritores más leídos de la literatura latinoamericana.  Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, conocido por sus lectores como Borges, es uno de los autores más reconocidos de la literatura del siglo XX.

A pesar de haber sido candidato durante 30 años para el Premio Nobel de Literatura, nunca recibió tal galardón, sin embargo, su obra llegó para quedarse, y ha servido de influencia para otros importantes escritores como Gabriel García Márquez, José Emilio Pacheco y Umberto Eco, ya que no existe escritor contemporáneo que no haya imitado, y fracasado en el intento, la narrativa de este argentino.

En el caso de Pacheco, sabemos que su novela Morirás lejos, (1967) cumple con la herencia detectivesca heredada de la narrativa borgeana, además de que dicha novela logra en su trama la culminación del laberinto metafísico que alberga distintas posibilidades y fragmentaciones entre dos mundos posibles.

En el caso de Eco, sabemos que su libro El nombre de la rosa, (1980) es considerado como uno de los homenajes literarios mejor logrados que se han rendido al escritor argentino, ya que el personaje que aparece en esta obra Jorge de Burgos ha sido relacionado directamente con la figura de Borges, ya que ambos comparten además de la ceguera el oficio de bibliotecarios.

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Ilustración: Verónica Moretta

El cuento del argentino La muerte y la brújula ha sido emparentado con la novela de Eco, puesto que en ambas se relatan las diferentes muertes ocurridas de manera misteriosa. El tema de la biblioteca como un laberinto y un símbolo del mundo y del conocimiento humano, tal como se expone en el cuento La Biblioteca de Babel, es otro de los temas que Eco rescata de la obra borgeana.

Borges ha sido clasificado dentro del género fantástico, ya que junto a Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, participó en la compilación de la Antología de la literatura fantástica, la cual fue publicada en el año de 1940, sin embargo, otros críticos como Jaime Alazraki lo han definido dentro de la literatura neofantástica, al retratar en su narrativa el existencialismo con el que se topa día a día el sujeto perteneciente a la vida posmoderna, esos hombres encerrados en el laberinto del tiempo capitalista y también en la búsqueda por la verdadera identidad, fijando la mirada en la perspectiva de la otredad, en la figura del gaucho como el pasado de la Argentina atrasada, y también de la modernidad periférica que imperó en América Latina.

Es por esta razón que en varios de sus cuentos se retrata la nostalgia por el pasado como en El Sur, o la duda existencial del creador creado por un ser superior se revelan en la metáfora ontológica de su obra.

 No es de extrañar que la obra de Borges, especialmente sus cuentos, poemas y ensayos exijan la complicidad de un lector activo para poder inmiscuirse en el imaginario borgeano, ya que no son menos citadas las tomadas de pelo que Borges ha hecho en miles de ocasiones a sus ilusos lectores, quienes han buscado en la vida real varias de las referencias literarias, como la mención de Carlos Argentino Daneri en El Aleph, en donde el realismo se mezcla con la fantasía para con ello confundir al lector que busca pistas culturales en los escritos de dicho autor.

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Ilustración: Verónica Moretta

Por otro lado, su narrativa oscila además dentro del género policiaco, siendo uno de los autores más representativos en renovar dicho aspecto, ya que en sus cuentos hay una hibridez que mezcla rasgos del ensayo, como las citas a pie dentro de su cuentística. Además, es reconocida la labor de traducción al español que desempeñó de obras pertenecientes a diversas personalidades del mundo literario como Oscar Wilde, Franz Kafka, Edgar Allan Poe, James Joyce, etc.

Temas como el sueño, el caos, el laberinto, los espejos, la otredad y la fantasía juegan un papel fundamental en la narrativa borgeana, al describirnos un mundo que se fragmenta poco a poco, relatos que comienzan apegados a la realidad terminan por convertirse en ficción, por mezclar la realidad con la irrealidad, y de esta forma presentar al lector cuentos como en El otro, en donde tenemos dos Borges que se encuentran de manera natural y sin vacilaciones en algún lugar de Cambridge, uno joven y el otro viejo, que comparten aspectos futuros y pasados de sus vidas, mostrando de esta manera la realidad que se nos presenta como algo inaprehensible.

Vale la pena leer textos como Historia Universal de la Infamia para darse cuenta de que Borges seguirá presente durante varias generaciones en los gustos de varios lectores, que como yo,  pese a todo, disfrutamos de las visiones filosóficas y pesimistas de este gran escritor, que sin duda alguna, renovó la narrativa fantástica y el lenguaje de las letras latinoamericanas, lo cual lo llevará a ser una influencia obligada para las nuevas mentes creativas de nuestra época.

 

 

 

 

 

 

 

 

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