Desfibrilador alquímico para un corazón envasado: Manuel González Serrano

Catálogo La naturaleza herida

Catálogo La naturaleza herida

Por Mario Mendicuti Abarca

Gritarían si tuvieran garganta. De lo que fueron sólo quedan los troncos que, en un sobrenatural intento de comunicación, expresan un dolor tan hondo como sus raíces. En ese mismo paisaje, logramos ver los cables del telégrafo, rotos, mandando al vacío todos los mensajes que por ellos se transportaban. Manuel González Serrano, pintor jalisciense nacido en San Juan de los Lagos en 1917, retrataba las emociones humanas a través de la naturaleza. Es posible que los entornos mayormente áridos de sus pinturas —que causan un sentimiento de desasosiego— remitan al lugar en el que nació y pasó su primera infancia. El dolor que supura de su obra, como sangre y pus de una herida abierta, sólo puede provenir de una mente atormentada, pero consciente de sí misma.

En el 2013, más de diez años después de la última exposición individual dedicada a Manuel González Serrano al interior de un museo, se inauguró La naturaleza herida, en el Museo Mural Diego Rivera. La curaduría corrió a cargo de María Helena González de Noval, sobrina del artista, quien propuso observar su obra desde diversos puntos en los que González Serrano encerró el sentir y el corazón humanos en el mundo natural: los árboles, las flores y frutos y los elementos encontrados en bodegones o naturalezas muertas. Posteriormente, la exposición fue recibida en el Jardín Borda, enCuernavaca. Aunque presentado hasta este año en la XXXVI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en el 2014 se publicó el catálogo homónimo con ensayos de la curadora, de la historiadora del arte Teresa del Conde, de Lorena Martínez González y de María Estela Duarte Sánchez.

Manuel González Serrano - La muerte

Manuel González Serrano – La muerte

Es importante anotar que los estudios críticos modernos sobre el jalisciense no abundan, y la hemerografía no se encuentra reunida, por lo que puede llegar a ser de difícil acceso. Así, este catálogo, al igual que la exposición, reanima —como se hizo en 1999 con la muestra Manuel González Serrano: el hechicero, presentada en el Museo del Palacio de Bellas Artes— parte de la vida y obra del artista para acercarla al público general y a los investigadores del arte mexicano de la primera mitad del siglo XX. Sobre los tres ensayos principales del catálogo, se puede mencionar que María Helena González de Noval dibuja un mapa, sensible y orientado, mas no pormenorizado, de la obra presentada en la exposición. Aborda las naturalezas muertas y la formas en las que el artista comunica con ellas desde un erotismo exacerbado hasta una consciencia de lo efímero de la vida, pasando por la culpa, la redención y una posible esperanza. Teresa del Conde nos habla de tres autorretratos y de su interpretación de ellos haciendo uso de conceptos del psicoanálisis freudiano, así como de su filiación con algunas ideas del surrealismo y de la pintura metafísica. Por último, Lorena Martínez González mapea a su vez las diferentes especies de flora y fauna que abundan en la obra de González Serrano, para finalizar con un cuadro en el que se anota su nombre común, su nombre científico y su origen.

La fascinación del pintor jalisciense por ciertos elementos naturales, algunos domesticados y otros en un estado “salvaje”, nos lleva a reflexionar sobre la forma en la que miramos el mundo. Desde la perspectiva correcta podemos observar el sentido profundo, las emociones con las que vibran los objetos concretos: dolor, deseo, temor, alegría o preocupación se hacen visibles por doquier. No se trata aquí de correspondencias al estilo romántico, en las que el universo concordaba con el estado anímico del poeta, sino de borbotones de sangre que de un momento a otro emanan de una grieta en el piso, de gotas de semen que escurren de los estambres de una flor o de los ya mencionados gritos que apenas y logran ser gesticulados por troncos cercenados y desmembrados. Ya no se habla de alegoría, pues los objetos no representan situaciones o ideas, sino que sienten en sí mismos el dolor y la alegría de cualquier reencuentro o pérdida.

Manuel González Serrano - La flor de la alquimia

Manuel González Serrano – La flor de la alquimia

            La obra de Manuel González Serrano, obscura al tiempo que delimitada, enigmática a la vez que luminosa, plasma el desasosiego y la desesperación que sentía el artista ante ciertos hechos divinos y mundanos, y logra encontrar los innumerables milagros y tragedias que nos acompañan y que florecen en el exterior, en forma de construcciones derruidas o de sacrificios ante templos de otras eras. Estas tragedias siempre han estado ahí e, incluso hoy, si aprendemos a mirar, las podremos ver. Los milagros, como el catálogo aquí mencionado, son medio y meta, pues al contribuir al estudio de un artista obviado por la crítica en muchos otros espacios, permite continuar con el análisis del mismo, como si encerrara en su interior un corazón del cual brota una flor que se fecunda a sí misma. La naturaleza herida. Manuel González Serrano (1917-1960), coeditado por Conaculta, INBA y el Museo Mural Diego Rivera en el 2014, puede conseguirse en las tiendas Educal por $300.

Manuel González Serrano - Autorretrato a tres tiempos (llanto liberado)

Manuel González Serrano – Autorretrato a tres tiempos (llanto liberado)

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