Una vida/una venganza: sobre la Trilogía de la venganza de Park Chan-wook

OldBoy

Por Eduardo Paredes Ocampo

A su ciclo insensato –nacer, crecer, reproducirse y morir- el hombre agrega sentido. Tras amar y ser amado escudamos la vital irreverencia: nuestro instinto dominador (carnalidad, sed de poder) toma su nombre. Ese eufemismo constriñe, a su vez, toda expresión. Dicen que sólo pueden escribirse dos historias, de amor (porque ahí circunscribimos cada derrotero) y de muerte (porque es inevitable). Sin embargo, la llamada Trilogía de la venganza del director coreano Park Chan-wook amplía el panorama: la venganza, uno de los motores más humanos, es también una rica fuente narrativa.

            Compuesta por Sympathy for Mr. Vengeance (2002), Oldboy (2003) y Sympathy for Lady Vengeance (2005), la obra maestra de Chan-wook encuentra pulso en argumentos increíbles. En la primera, un sordomudo secuestra a una niña para obtener el dinero necesario para la operación de riñón de su hermana; accidentalmente la niña muere y la película versa desde entonces sobre la venganza perseguida por su padre. Oldboy narra la historia de un hombre que, después de ser secuestrado sin razón aparente durante quince años, busca la sangre de sus captores. Finalmente, en Sympathy for Lady Vengeance, una mujer tortura al hombre por el cual pasó media vida en prisión.

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            El fruto de las tres venganzas se encuentra, finalmente, en la privación del amor. Seres que, por un suicidio, por su ausencia durante tres lustros, han perdido tal posibilidad ilustran, en las películas, una concepción vital diferente a la media. De ahí que el abanico de recursos narrativos sea de una interesante complejidad: quizá los destinos menos absurdos merezcan sólo la línea recta. En Sympathy for Mr. Vengeance más de tres venganzas confluyen en la final carnicería; el protagonista de Oldboy, sin nadie saberlo, es blanco de una vendetta aún mayor que la suya; Lady Vengeance construye una compleja red de favores en prisión para, al salir del encierro, ser ayudada a labrar su tortura – dictada, a su vez, por un sueño.

            Otro aspecto común a las tres películas es la ruptura del tabú. Si en las dos “Sympathys” este quiebre juega un papel decorativo, para Oldboy representa el núcleo argumental. Sin embargo, en todas, su importancia radica en la exposición moral de los personajes. Convivir con el incesto y el canibalismo culmina por mostrar lo ajenos que son los seres de Chan-wook respecto a nosotros. La cultura que nos circunda –las reglas del bien y el mal amar- resulta, antes que una pauta, una imposibilidad en su vida.

Sympathy for Mr. Vengeance

            Pero, más allá de trascender el marco cultural, las existencias relatadas por el director coreano rompen también con reglas vitales. Desollados de aquella piel que, en nosotros, todo lo animal recubre, en esqueleto instintivo quedan. Sin embargo, como su venganza resulta el único aval del pulso, quiebran aquella calavera por igual. En Oldboy, por ejemplo, a riesgo de ser asesinado, un hombre labra el destino de otro para encontrarlo en una pelea. Cualquiera que sea el resultado, cualquier vida que acabe primero poco importa: cuenta la confrontación. Nacen y, saltándose crecer y reproducirse, estos seres se abalanzan a la muerte.