De música, amor y otros demonios: el caso Glee

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Por Nikte Shiordia Coronado

@sadikalunatika

Y bien, ahora quisiera pasar a un tema que me gusta mucho y del cual también he querido escribir desde hace ya algunos meses. Se trata de lo que he decidido bautizar como El caso Glee. Sí, banda, confieso que ésta es una de mis series favoritas, y a continuación explicaré el porqué (o mejor dicho, LOS porqués).

Bien, comenzaré por decir que Glee es una de las series favoritas del público mundial, tanto así, que desde su primera temporada ganó el Globo de Oro por mejor serie de televisión. Sí, mis chavos, no soy la única que ve esta serie con gusto, y creo que este éxito tiene más de una explicación. Explicaciones que intentaré detallar a lo largo de este escrito.

Glee, para los que no sepan de qué se trata, es una serie de televisión producida por Ryan Murphy (sí, el mismo creador de American horror story) y transmitida por el canal de cable Fox. La trama es, básicamente, ésta: un profesor de español de una secundaria de Lima, Ohio, fue, en el pasado, integrante del “glee club” (traducido al castellano, el grupo de coro) de su escuela; éste ha quedado rezagado durante años y este profesor se propone regresarle al glee club su antigua gloria; para esto, convoca a varios alumnos a que audicionen, pero hay un problema: el glee club es considerado “impopular” (y, si hay algo que le hemos aprendido a los gringos es la importancia que éstos le dan a la popularidad, aunque sea efímera), por esta razón, ninguna persona considerada “cool” responde a la convocatoria, siendo los parias de la escuela los únicos que audicionan.

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Los chicos que audicionan son despreciadas por sus colegas y sufren constantes acosos y humillaciones: la chica judía e hija de homosexuales, el chico homosexual, la muchacha negra y obesa, la gótica asiática tartamuda y el parapléjico. Sólo un no-paria “decide” audicionar: el capitán del equipo de rugby de la escuela y novio de la capitana de animadoras. Y es aquí donde comienza la revolución, la lucha entre las diferentes “castas” escolares y la “supervivencia del más fuerte”; factores que no favorecerán en absoluto el buen desarrollo del glee club (llamado “Nuevas direcciones”).

Ahora, ¿por qué un argumento aparentemente simple como éste tiene tanto éxito internacional? Puede decirse que por las interpretaciones de canciones famosas que se hacen en la serie (algunas de las cuales superan a las interpretaciones originales, si me permiten opinar). Pero no se dirá porque no siento que vaya por ahí. Para que una serie funcione, no importa tanto el argumento, sino el modo en el que éste se trabaja a lo largo de la trama. Sobre el modo en el que los mismos argumentos se trabajan en distintas series o películas se hablará en otro artículo. Por ahora enfoquémonos en Glee.

Como ya dije, algo tiene esta serie que nos hace querer ver más (a los que nos gusta, por supuesto). ¿Qué es? A continuación, una enumeración de las posibles explicaciones:

‑Regreso a la inocencia y a los valores.

Sí, sé lo moralista que debo parecer al escribir esto, pero no digo más que la verdad. Glee, en efecto, es una vuelta a la inocencia. Y con “inocencia” no me refiero al candor o a la mogigatería que retoman a cada tanto las telenovelas (y que, por cierto, no existe en la vida real). A menudo nos pintan historias donde todo es color de rosa, las mujeres son castas, puras y fieles y los hombres son buenos y tan irreales como los príncipes azules. Eso, mis queridos, no es “inocencia”, es coco-wash. Glee nos demuestra que no importan los inconvenientes, o las peleas, o los roces, cuando hay una verdadera amistad, ésta no se termina. Glee nos demuestra que a veces, cuando caemos, siempre hay alguien que nos ayuda a levantarnos, sean tus padres, tus amigos o hasta tus profesores. Glee nos prueba que la gente es imperfecta, pero que aún así podemos quererla por lo que es; nos demuestra también que si hay verdadero amor, éste sobrevive. Y miren que yo no creo en las historias eternas de amor, en parte porque soy de relaciones no muy estables y en parte porque mi etapa de creer en los cuentos de hadas quedó superada yo creo que desde la secundaria (si no es que antes). Pero sé que el amor existe, sea que lo encuentres en una pareja, en una amistad o en tu familia. Y Glee nos demuestra eso.

¿Por qué tiene éxito este “volver a los valores”? Porque hemos llegado a una situación en la cual ya no fácilmente creemos en ellos. Eso podemos verlo tanto en la vida real como en la televisión y las películas. Hoy en día, el cine “mejor logrado” es el que habla sobre narcotráfico, sobre violencia, sobre asesinatos, y/o solamente en nuestro país, sino en todo el mundo. Las series que salen hoy en día son principalmente policiacas o de acción. Ya casi no vemos comedias, sólo sexo, drogas, violencia, sangre…ya ni siquiera el rock and roll, ese ya no es un tema del cuál deba hablarse en las series consideradas “serias”.

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Ante un mundo tan corrompido como el que vivimos hoy en día, Glee funciona como catarsis: nos demuestra que no importa cuán jodidos estemos, hay un algo por lo cual aún vale la pena seguir: las personas con las que convivimos y por las cuales hemos desarrollado afecto, nuestras ambiciones, la escuela, las pasiones (y con pasiones no me refiero solamente a lo carnal, of course)…en fin.

Situaciones y personajes “reales”.

Sí, sonará paradójico que hable de una “realidad”, sobre todo por lo que acabo de mencionar en los párrafos anteriores. He mencionado que Glee es una catarsis ante un mundo corrompido, pero con catarsis no he querido decir que sea una vía de escape ante la realidad. Vías de escape son las telenovelas, que nos pintan un mundo color de rosa que jamás va a existir (y que no existía ni siquiera cuando todavía no llegaba el PAN al poder). Hay que aclarar una cosa: Glee es todo, menos una vía de escape. Glee no te pinta un mundo que no existente, todo lo contrario: te retrata situaciones que se viven  día a día.

Una de las situaciones que más se presentan aquí (diría yo que la más frecuente) es la problemática del bullying: los chicos de “Nuevas direcciones” sufren constantes burlas y humillaciones por parte de los “poderosos” de la escuela; y con poderosos no me refiero sólo a los alumnos, sino a los profesores mismos. Desde el primer capítulo podemos ver cómo Rachel Berry, la protagonista principal de la serie, le avientan un granizado de uva en la cara o cómo a Artie Abrams, el chico paralítico, lo encierran en un baño aún con pleno conocimiento de que no se puede defender.

Hay una discriminación muy fuerte, por ejemplo, hacia el personaje de Kurt Hummel, el chico abiertamente gay del instituto, quien hasta llega a ser empujado, maltratado y hasta acosado sexualmente por un jugador de rugby de la escuela, quien lo intimida a tal grado de orillarlo a tomar la decisión de abandonar la escuela. Sin mencionar el caso de la capitana de animadoras Quinn Fabray, quien es expulsada del equipo cuando se descubre la noticia de que está embarazada. Como puede notarse, no todo es miel sobre hojuelas en esta serie.

Aquí se abordan los típicos temas de las problemáticas adolescentes: crisis de identidad y de preferencias sexuales (Santana Lopez y Brittany Pierce son un ejemplo de esto), embarazos adolescentes (especificado anteriormente en el caso de Quinn Fabray), problemas por el alcohol (esta temática se aborda en el capítulo titulado “Blame it to the alcohol!“), entre otros.

Y además, cabe mencionar que los personajes tampoco son tan diferentes a nosotros o completamente irreales; a decir verdad, son más humanos de lo que podría parecer. Para muestra, un buen ejemplo: la protagonista, Rachel Berry. Rachel es la personificación de la nobleza que muchas jóvenes hoy en día han perdido y sin embargo, no podemos considerarla “irreal”; para empezar, su caracterización, tanto en las cuestiones de personalidad como en las físicas, no cae en lo telenovelesco: ella no es la típica protagonista perfecta, que provoca amor en todos los que la ven y que irradia inocencia (por no decir estupidez). Rachel Berry es, ante todo, una muchacha ambiciosa, decidida, que no se conforma ni se deja pisotear. De hecho, llega a caer a veces en la pedantería, pues tiene una hermosa voz y lo sabe, razón por la cual no le gusta ser opacada ni sobajada. Ella es capaz de hacer cosas bajas por conseguir lo que quiere sin caer en la absoluta maldad (como darle una dirección falsa a Sunshine Corazón para que no le quite el puesto de capitana en “Nuevas direcciones“) o incluso, por despecho (como juntarse con Puck para darle celos a Fynn).

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Y aún así, no podemos negar que es noble: aún cuando haga cosas por despecho, no es capaz de acostarse con nadie sin amarlo, es incapaz de mostrar frialdad cada vez que se toca el tema de su madre (a la cual nunca conoció y sin embargo quiere) y hasta viste de manera recatada (sin dejar por eso de ser sensual y hasta deseable).

Y así como ella hay muchos personajes que, a pesar de ser ficticios, no dejan de ser verosímiles: el caso de la profesora bonita con trastorno obsesivo compulsivo por los gérmenes (y con la cual me identifico porque más o menos yo estoy en la misma situación), el de la entrenadora pedante que sin embargo es capaz de sentir un amor inconmensurable por su hermana mayor con Síndrome de Down, el de la animadora buenona y generalmente perra que es capaz de llorar por el amor que le tiene a su mejor amiga y, en fin, muchos personajes a los cuales a veces llegamos a odiar pero por los que muchas veces sentimos compasión, precisamente por la capacidad que tienen de hacernos sentir sus situaciones como propias.

¿Cuál es, finalmente, la conclusión de esto? que el éxito de Glee no se debe a los covers que hacen de ciertas canciones (algunos de los cuales, repito, son francamente geniales, se los digo yo que amo cantar), sino a esa capacidad que tienen de mostrarnos el lado positivo de la realidad actual, la luz en medio del túnel. Una cara de la moneda que muchos no vemos y que sólo somos capaces de ver cuando nos la ponen enfrente, ya sea en forma de historia escrita o de manera audiovisual, a través de un programa de TV. Un programa como lo es éste y el cual recomiendo muchísimo, en verdad.