La vida como teatro: Shakespeare, Calvino y Nietzsche

Remedios-Varo-The-king

Remedos Varo. The King

Por Juan F. Hernández Herrerías
juanfranciscohh@gmail.com

 

En el acto V, escena V, Shakespeare pone en boca de Macbeth uno de los instantes más citados de la literatura:

Life’s but a walking shadow; a poor player,
That struts and frets his hour upon the stage,
and then is heard no more: it is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing.

(La vida no es más que una sombra que camina; un pobre actor,
que se contonea y apura su momento sobre el escenario,
y después no se le escucha más: es un relato
narrado por un idiota, lleno de sonido y furia,
que no significa nada.)

Ecos de ese pasaje los hay en otros textos. Uno de ellos, quizás menos trágico, fue escrito por Italo Calvino. Cuando te encuentras en la ciudad invisible de Melania, notas que ocurre un diálogo en la plaza -A Melania, ogni volta che si entra nella piaza, ci si trova in mezzo a un dialogo… Cada habitante de la ciudad tiene un papel: el soldado, el padre avaro, la hija amorosa, etc. Pasan los años y regresas a la ciudad: ciertos personajes han muerto, pero nuevos actores han tomado su lugar en el diálogo. Sucede a veces que un sólo actor haga dos papeles -Capita alle volte che un solo dialogante sostenga nello stesso tempo due o piú parti-, o que un sólo papel sea representado por dos actores, mil actores -o che una parte sia sdoppiata, moltiplicata, attribuita a cento, a mille de abitanti di Melania. Tres mil hipócritas, cien mil hijos de rey caídos en la desgracia que esperan el reconocimiento -centomila figli di re caduti in bassa fortuna che attendono il riconoscimento.

Pietro Longhi. The Ridotto in Venice

Pietro Longhi. The Ridotto in Venice

¿Qué entraña ese entender la vida como un teatro, al ser como un actor? Pierre Klossowski, en su ensayo “Nietzsche: politeísmo y parodia”, escribe:
Nietzsche remarca que la necesidad de obtener un sustento obliga a todos los europeos a adoptar un rol particular, su “ocupación”. Algunas personas consiguen retener la aparente libertad de haber escogido ellos mismos su rol, mientras que para la mayoría de las personas el rol está elegido de antemano. El resultado es particular: casi todos se identifican con su rol -todos olvidan hasta qué punto la suerte, la disposición y la arbitrariedad tuvieron que ver al momento de que su “vocación” fuera elegida, y cuántos roles diferentes hubieran podido ser “capaces” de “representar” (en un sentido actoral)… Nunca estamos donde somos, sino siempre donde solamente somos el actor de “esto otro” que no es lo que somos.
Para Nietzsche, dice Klossowski, el verdadero “yo”, el real fondo de nosotros mismos, está siempre, valga la repetición, en el fondo de nosotros. Nuestro verdadero ser, sentir, es incomunicable a los demás, incomunicable aun a nosotros mismos. Y sin embargo, en nuestro paso por la tierra nos vemos obligados a ejercer un rol, a representar un papel que en nuestros tiempos va desde el contador de una empresa hasta el sicario de un cartel, pasando por el becado del FONCA e innumerables roles más. Es azaroso el papel que nos toca, hechos externos deciden nuestra vida más de lo que nuestra voluntad quisiera (lo ha dicho Piglia de otra manera). Una persona desea desde su niñez ser una estrella de rock y acaba como matemático, otra persona desea dar todo su esfuerzo a unos supuestos hijos que nunca podrá tener, etc.
Dando cuenta de esa arbitrariedad del rol, Nietzsche comienza a firmar sus cartas como si fuera diferentes grandes personajes de la historia. Y esto tiene sentido porque Nietzsche “el escritor” pudo, de haber nacido en otro tiempo, de haber tenido otras circunstancias, haber sido todos esos personajes históricos. Borges escribe (para ser luego citado por Sergio Pitol) un hombre es todos los hombres. La famosa sentencia de Ortega y Gasset “Yo soy yo y mis circunstancias” podría escribirse “Yo soy un yo distinto del yo que crean mis circunstancias”.

Chirico. Head Philosopher

Chirico. Head Philosopher

Esa gran obra de teatro que todos hacemos, ese drama en el que a todos nos han asignado un papel, ¿cómo acaba? Escribe Calvino sobre Melania:
Con el pasar del tiempo los papeles no son exactamente los mismos de antes; ciertamente, la acción que éstos mandan adelante a través de intrigas y golpes de escena lleva hacia un cierto desenlace final… Quien se presenta en la plaza en momentos sucesivos percibe que de acto en acto el dialogo cambia, aún si las vidas de los habitantes de Melania son demasiado breves para darse cuenta.

Este pasaje de Calvino no se opone al destino absurdo que Macbeth introduce en la vida: el actor está en el escenario y luego no lo está más, solamente se ha tratado de una narración idiota, que no significa nada. Hay que notar, como señala Klossowski, que para Nietzsche la risa estaba al final del pensamiento (Pauls escribe lo mismo sobre Borges), el pensamiento se da cuenta de su ser en vano y suelta una carcajada idiota, con la que mueren todos los dioses, que a su vez ríen. Y sin embargo, de esa misma risa homicida, dice Klossowski, es que los dioses pueden renacer.