Danny Boyle nos dio un epílogo lleno de nostalgia con Trainspotting 2

Por Qornelio Reyna

En 1996 algunos países de Medio Oriente y África vivían una transición hacia la creación de estados democráticos entre conflictos bélicos. En Estado Unidos, Bill Clinton es reelecto presidente a la vez que en México aparece el sistema de tv de paga SKY y en el resto de Latinoamérica llega Nickelodeon. En el Reino unido el britpop se forja como estandarte de la música popular de los últimos peldaños de la generación X y las primeras de los millenials.

Algunas de las películas rescatables de aquel año son la primera parte de Scream (Wes Craven), Space Jam (Joe Pytka), Mars Attack! (Tim Burton), Crash (David Cronenberg), Breaking The Waves (Lars Von Trier), Fargo (Joel Cohen) y una modesta película británica dirigida por Danny Boyle, basada en una novela de Irving Welsh llamada Trainspotting.

Rápidamente se volvió una obra de culto y le valió al director y a su protagonista, Ewan McGregor, la fama mundial. En 2002 Irvin Welsh publicó una secuela directa de su primera novela, ahora bajo el título de Porno y una de las primeras incógnitas fue si se realizaría su adaptación cinematográfica, a lo que su director y reparto admitieron estar emocionados, pero, de acuerdo con Boyle, querían esperar a que pasara tiempo y envejecieran naturalmente.

Veintiún años después llega a salas la secuela de aquella película sobre un grupo de amigos adictos a la heroína, bajo el pseudónimo de T2 o Trainpotting 2. En su primera semana de estreno en la Cineteca Nacional y algunos cines comerciales, lo boletos volaron en cuestión de horas. Las salas estaban abarrotadas de espectadores de entre los 20 y 40 años de edad.

Boyle y compañía regresan para contarnos qué pasó después de lo acontecido en el final de la primera parte, cuando Renton traiciona a sus amigos y les roba 16 mil libras. Tras una insuficiencia cardiaca, Renton decide regresar a Edimburgo para encontrarla gentrificada y poblada de inmigrantes, aburguesada y con un ritmo parecido al del Londres del final de la primera parte. Poco a poco se va encontrando con Spud y Sick Boy, ahora Simon, y escapa del recuerdo de Begbie.

Una película que vive de la nostalgia y de la remembranza del famoso discurso de “elige la la vida” que le valió a su antecesora tantos aplausos por su valor de crítica social. T2 no viene a decirnos nada distinto, sino que viene a modo de epílogo, a demostrarnos los fracasos de la generación X y los vicios persistentes del sistema.

Su labor como crítica social ahora es secuestrada por un sentimiento melancólico sobe la juventud y el fracaso. Si en la primera parte los personajes se sabían perdedores, no estudiados, pobres pero con juventud y esperanza, estos se reconocen como envejecidos, desesperanzados, excluidos, marginales y aún perdedores.

20 años pasaron y para Renton, Spud, Begbie y Sick Boy el sueño nunca  se les cumplió, el sistema les volvió a fallar. Aunque siendo francos con 4000 libras no iban a cambiar sus vidas, sin embargo ellos veían en ese momento de su vida la oportunidad perdida que el futuro nunca les volvió a brindar.

T2 viene a reforzar y actualizar aquel discurso desenfadado de la generación X, un reclamo al estado de las cosas y una transición de una generación a otra con más chances. El sistema no ha cambiado, pero sí quienes se suscriben a él. Las fuerzas laborales son ahora los millenials y la generación Z, la juventud de la era digital.

El estilo Boylesiano sigue ahí, más adulto, más refinado, pero igual de rebelde que en su origen. Los actores siguen teniendo química, siguen recordando sus viejas andanzas como jóvenes rebeldes, pero también como actores de una cinta de culto. Los elementos que hicieron grande a Trainspotting siguen aquí, desgastados, oxidados y volcados en las complacencias de la audiencia.

En tiempos de remake, precuelas y reboots, T2 aparece como una secuela rescatable que no llega con las pretensiones de otras de “rejuvenecer” su éxito pasado, sino de aceptar que su tiempo ya pasó y dar una palmada en la espalda a una nueva generación de yonkis.

“En algún punto lo tienes y luego lo pierdes” le dice alguna vez Sick Boy a Renton. En algún momento la generación X fue el estandarte de la vanguardia, pero esos días han quedado atrás y a juzgar por las impresiones y sin sabores que nos deja T2, fue vencida.

Trainspotting 2, en palabras de Sick Boy, “no está mal pero tampoco es grandiosa”. Esos viejos años han pasado y ésta cinta nos viene a pedir que los recordemos por última vez, pero que continuemos con nuestro camino sentándonos a pensar en los próximos 20 años.

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