The Libertines, himnos de la rabia que no cesa

Fotografía: Ivonne Meléndez

Fotografía: Ivonne Meléndez

Por Nallely Pérez

Fotografías: Ivonne Meléndez

El Nobel letrino jamás se le otorgará a Patty Smith, Pete Doherty y compañía lo saben, la ONU teje a las naciones con estratégicos hilos, eso también es conocido entre ellos, The Libertines —cuarteto que, producido por un exClash, irrumpió la escena de los “The” al iniciar el milenio— y nosotros, los que estamos ahí aguardando salgan a escena sin ignorar que los agentes vigilantes del cabaret cumplen la misma función policiaca que los granaderos de la portada del Up the bracket (2002), su álbum debut.

A evitar disturbios llaman por todo el orbe ¿y? da igual; Carl Barat, John Hassal, el baterista y Peter Pan festejan el estilazo de los pibes en los riots, por eso se está ahí. Ni dos noches en México, la gira que trajo a los otrora heroinómanos autores de You´cant stand me now no se caracteriza por soldouts: se ve exenta de reventa, deviene en dos por uno, descuentos y hasta remates de última hora que no lograron convertirse en regateos. Los Libertines siguen siendo unos libertinos, es un hecho, el retraso del inicio de su minitour entresemanero en nuestro país (traducible a la cancelación a causa de desencuentros logísticos de su show regiomontano) lo confirma.

No arribaron juntos, la foto en las escalinatas del jet privado con el nombre de la banda en membrete no vivirá en la memoria colectiva, este cuarteto que no es de Liverpool ni tampoco de Birmingham no la acostumbra, o al menos la evita. Mientras se intercalan una que otra nota de la llegada de Doherty y de las declaraciones hechas por Barat y Gary Powell, baterista y motor de la banda que sería digno ejecutor de Otelo en una puesta en escena; se ignora el paradero de Hassal, el bajista, ¿y? más de uno es capaz de imaginarlo como en uno de los pocos clips oficiales que tuvo la agrupación, bebiendo un frasco de leche con velocet a la usanza de Alex DeLarge o Malcolm McDowell.

Fotografía: Ivonne Meléndez

Fotografía: Ivonne Meléndez

A cinco jornadas de iniciado el décimo mes, los capitalinos han vivido ráfaga ininterrumpida de vientos auspiciados por la industria del rock; las aguas en el Zócalo y las radiocabezas, una y otra vez, han dejado quebrados a muchos para la primera presentación en solitario de The Libertines en México. Es miércoles y en cualquiera de sus rutas es un caos el metrobús “traffic y muy lejos esa arena” comenta, a menos de una hora de que inicie el show, uno de los asistentes, quien asegura ya terminada la contundente y no prolongada actuación que pese al mal audio y aunque olviden las letras, “rifan”.

Un día después, el jueves seis de octubre, llega el turno de la Perla de Occidente, ciudad en la que de improvisto la sede del concierto, programado originalmente en el Patio 2 del Auditorio Telmex, fue (por amenazas climatológicas no cumplidas) reubicada a unos cuantos metros de distancia, al techado Teatro Estudio Cavaret. Al correr de la Avenida López Mateos, entre las obras de la tercera línea, el cielo muta de rojo violáceo a penumbra, para llegar al recinto zapopano hay que subir lomas empedradas.

El flujo de asistentes es cada vez mayor y la noche ha caído. En la entrada del lugar no hay grandes filas pagando, la mayoría de los ya ingresados calma con cebada la sed, el expectante público se apresura, es deseable terminarse el vaso antes de ver a Pete Doherty comenzar la acción. Las pruebas de sonido a cargo del personal aúllan. Después vienen estruendosos “ole-olés”. Han sido años de espera, no tardan The Libertines, a escasos minutos de dadas las 21 horas, Delaney irrumpe el cuchicheo y da paso a los acelerados riffs de los verdaderos compositores de Dreaming of you, esa rola que en 2001 cedieron (a cambio de dinero para continuar la juerga) a The Coral, grupo que la diera a conocer como hit mundial.

Fotografía: Ivonne Meléndez

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Tanto Carl Barat a la derecha, quien regio viste tirantes, cuero y boina, como Pete Doherty, a la siniestra, no se acuerdan de todas las canciones que escribieron al comienzo de su tórrida relación, cuando estudiaba el uno actuación y el otro filología, por ello no se dedican en esta su hasta el momento única presentación en el interior de la república mexicana a tocar todas las esperadas. Traen nuevos cánticos para la condenada juventud que a ras de suelo envejece sin llegar aún al tercer piso. Heart of the matter, sencillo de su más reciente material Athems for doomed youth (2015), suena y pocos se ocupan de grabar el instante con cámaras de celulares, es menester agitarse al ritmo del estrepitoso vaivén.

En la escenografía de fondo no hay más que telas, una enorme que reza The Libertines y seis banderines colocados en la parte superior, sus combinaciones en algunos casos son inexistentes. Vasos de plástico blanco vuelan y la poca cerveza que contenían se riega. La humedad se siente. What Katie Did es diferente y en You´re My Waterloo Doherty, ataviado con un traje negro de delgadas rayas blancas, se adueña del escenario con guitarra acústica en mano.

Al igual que I Get Along o la ovacionada Boys In The Band, Gunga Din —pieza que alude a un poema de Rudyand Kipling— se precipita al olvido, los tapatíos no corean demasiado, se retuercen. La velada, en la que la polémica banda hace creer por momentos que el mundo entero es un patio de juegos, acabará. Falta poco para que las luces se apaguen, no sin antes ejecutar, Don´t Look Back Into The Sun la cual da paso a que la dupla Barat-Doherty se aliente acurrucada y sople el mismo micrófono.

Fotografía: Ivonne Meléndez

Fotografía: Ivonne Meléndez

De repente todo parece haber terminado, como sucedió cuando la agrupación se disolvió poco después de que los londinenses que la integraban lanzaran su disco homónimo, The Libertines (2004), material que en su versión estadounidense contaba con una leyenda de control parental que advertía el contenido explícito de la obra; en efecto, el que los chicos de dicha banda se cobijaran con el movimiento libertino de la Francia del Marqués de Sade no fue casual en lo absoluto, como apuntara en su momento Noel Gallagher, Los Libertines no hablan de alcohol y cigarrillos, y menos de café y televisión.

The Libertines marcaron si no un antes, sí un epígono, después de ellos la fama de agrupaciones inglesas se debería más a My Space que a Rough Trade; lo que ellos preferían nombrar libertad exacerbada, comenzó a ser llamada independencia. El aire que el que fuera frontman de Babyshambles le daba a Sid Vicius se quedó en coincidencia. Al contrario de los pronósticos de la prensa rosa, Pete Doherty no cavó su propia tumba a los 27, como Amy Winehouse.

La espera del encore se alarga, el piso de lámina del Foro Estudio Cavaret resiste los pies que golpean mientras se escucha ¡Libertines, Libertines! y los cuatro regresan al escenario para interpretar Time for Heroes; los ánimos se paran en seco una vez que, concluido dicho himno, Powell abandona los tambores y se integra al frente para recibir ovaciones y lanzar sus baquetas. Segundos después, Pete —quien, a diferencia de Barat que incluso saludó en español, no interactúo mucho con el público… decir Guadalajara le cuesta horrores— obsequia a la multitud el sombrero café que portaba.

Fotografía: Ivonne Meléndez

Fotografía: Ivonne Meléndez

La escenografía comienza a ser desmontada de inmediato, llevan prisas, tienen un día para volar con escalas a Sao Paulo, luego a telonear a Iggy Pop en Chile y, tras regresar a Reino Unido, a seguir cada quien en lo suyo, John Hassal con The april rainers, nuevo proyecto en el que participa; Pete Doherty con los preparativos del lanzamiento de su próximo disco solista Hamburg demostrations. No han dado ni las once de la noche en punto, la velada toma distintos rumbos, puede alargarse pero no demasiado, los ubers no se pagan solos, el viernes es día laborable. The Libertines abandonarán México y todo seguirá como hasta ahora, la rabia no cesa, el diluvio está gastado ¿y?, al menos por hoy, hasta los desamparados apátridas entonaron himnos.

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