Bret Easton Ellis, ese psicópata americano novelista

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Ilustración: Deladeso

Por Nallely Pérez

Se trata de uno de esos narradores que te encuentras en una pila de libros en ganga, que será quemada si nadie se los lleva, y te dan ganas de tomarlo y darte a la fuga. Hablo de Bret Easton Ellis, quien con siete títulos en su haber y una mala fama (extra) literaria ganada a pulso es un polémico gringo de esos que sí hacen gracia. Por ello y para no ser el clásico lectoconsumidor de AnaGrama que ama mucho a Irving Wesh, a darse una zambullida en las letras de ese psicópata americano novelista, el cual seguro te moverá si eres un melómano, pues vaya que en sus páginas hay much music.

Aplaudido y repudiado, este escritor nacido en 1964 —mismo año en que Los Beatles cruzaron el charco— no conoce la indiferencia de quienes lo leen ni tampoco la de quienes no lo han hecho, de ahí que sea alguien que se alaba o detesta. Sus argumentos de anemic royalty son de esos que por su crudeza desearías no haberte topado y que, sin embargo, reafirman teorías tales, como el hecho de que los más listos son aquellos que mueren no’ más nacen.

En su adolescencia, Bret Easton anhelaba convertirse en rockstar (y es que, como afirma Tyler Durder, nos crían para creer que un día seremos estrellas de rock, de cine…), por ende enfocó sus estudios a la música y se matriculó en Benniggton, donde estudió Artes, como también lo hizo Matt Groening. Pero como el jazz, carente de lírica, era la tendencia, decidió volcarse a la literatura.

Al cumplir 21 años, edad reglamentaria para ser encarcelado en cualquier cuchitril del orbe, animado por profesores, y, aspecto trascendental, respaldado por la Editorial Simon & Schuster, irrumpió en escena con Menos que cero que, en líneas generales, narra cómo un joven llamado Clay regresa a California a celebrar las fiestas decembrinas, dejando atrás su vida de estudiante reventado en la Costa Este.

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Ilustración: Deladeso

Con ventas aproximadas el primer año de 50 mil copias, plagada de reverencias pop hasta en el título (que alude a Less than zero, rola de Elvis Costello), Menos que cero tuvo la aprobación de sus coetáneos, quienes se sentían identificados con la oleada de drogas, sexo, y, sobre todo, angustia (post) adolescente que en sus páginas de obvias connotaciones autobiográficas propagaba desde un lirismo maldito. Éste, su debut no pasó desapercibido entre la crítica que hubo de comentar la precocidad literaria del autor, que aunque no efebo ya recordaba en parte la andanzas de Arthur Rimbaud.

Tras el debut se corrieron, además de desaprobaciones, gama de rumores en torno al novel novelista, así como intentos por definir su escritura a partir de la de otros. Se vio en Hemingway su maestro; también; asimismo, desde una apreciación menos canónica su descarnado estilo lo llevó a ser considerado un Beckett ochentero, o el enfant terrible que en el enfriamiento de la Guerra Fría las letras anglosajonas reclamaban.

Pese a haber sido Douglas Coupland quien escribió Generación X (1991), y otro, Kurt Cobain, su juglar-mártir; Bret Easton Ellis fue pionero y vocero de la misma. Escribió sus dos primeras novelas en el lustro decisivo y perdido del siglo XX, el de Chernobyl y el de la caída del Muro de Berlín, se inspiró para crear a sus personajes en los hijos de la cúpula estadounidense, mismos que el mundo se imaginaría bellos, millonarios y dichosos, pero que él mostró sumidos en un auténtico, aunque pareciese injustificable, desarraigo existencial escalofriante.

Sexo, drogas y rock and roll son los vectores de la prosa de Ellis, quien antes que una oda a los excesos, hace una apología de éstos. En 1987, una vez instalado en Nueva York, tras el mal sabor de boca que le dejó Corrupción en Beverly Hills, “adaptación” a la pantalla grande de Menos que cero (de la cual conservó, según el propio autor, sólo los nombres de los protagonistas), con 23 años de edad, lanzó Las leyes de la atracción, donde trasviste nuevamente sus vivencias, y detalla el modo de vida diletante y nihilista de las universidades de artes.

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Ilustración: Deladeso

Es dicha obra una renuncia al american way of life. En un ambiente de promiscuidad y enervantes, su protagonista, Sean, quien sostiene asiduas relaciones con Paul, recibe cartas de Mary, una chica que en “la fiesta anual de disfraces para follar” se suicida por amor a él, pero éste cree que quien le mandaba las misivas era alguien que se la pasa añorando a un tal Víctor, Lauren, con quien comienza una tortuosa relación con aspiraciones a matrimonio que finalmente se queda en un aborto más tras un frenético viaje de carretera y cocaína.

En este, su más logrado trabajo, se valió de un sutil pero brillante artificio, escribió una colección de soliloquios intercalados, fragmentos de diarios personales en los cuales cada uno de los personajes —abatidos y autocomplacientes cada uno a su modo— no ven más allá de sus narices. La obra plasma el desolado espíritu de la época, pues captura el epílogo de la Guerra Fría desde la perspectiva de la juventud que, a decir del propio Ellis, ha sido una de las más pesimistas e irónicas que ha habitado la Tierra. ¡Ojalá nuestros padres hubiesen leído de manera inmediata Las leyes de la atracción, así no nos hubiesen dado a luz, y cual silenos seríamos ahora!

Cuando cumplió 27 años no se consagró, con la muerte, como el maldito  que se perfilaba ser, no obstante fue en ese entonces, 1991, cuando publicó su obra más polémica y la más crítica al establishment, ésa que le valió la mofa de Norman Mailer, así como amenazas de muerte por parte de grupos feministas que lo tildaban de misógino, y que años después también fue llevada al cine, Psicópata americano, novela que gira en torno a Patrick Bateman (el hermano yuppie de Sean de Las leyes de la atracción) quien lleva una triple vida: corredor de Wall Street, consumista empedernido y asesino serial.

El revuelo que causó Psicópata americano fue en gran medida nutrido por el afán de provocación que Bret Easton Ellis cultivó con esmero. Además de mostrar como adelantos de prensa los fragmentos más violentos (dígase, por mencionar alguno, uno donde introduce una rata famélica a la vagina de alguien a quien luego desmembraría), el escritor les siguió el juego a sus detractores al declarar que se trataba de su título más autobiográfico; la polémica fue tal que incluso tuvo que buscar otra casa editora, porque NOW (National Organization for Women) obligó a Simon & Schuster a cancelar el contrato y llevó a cabo intentos de sabotaje al manchar con pintura roja los escaparates donde el libro se exhibía cuando fue puesto en circulación.

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Ilustración: Deladeso

Después de ello, en lo que el siglo XX fenecía se dedicó a perderse, a escribir cuantiosos artículos, a drogarse y fotografiar a modelos en la Quinta Avenida, y a publicar The Informers (su única colección de relatos), y Glamorama, donde muestra el mundo de la moda que conocía de cerca. En lo que va del tercer milenio ha publicado una novela donde hasta el perro toma antidepresivos, Lunar Park e Imperial Rooms, secuela de Menos que cero.

Hace tiempo que este psicópata americano le bajó a su grafomanía y sus excesos, ha optado por una vida más “tranquis”, al lado de su novio de 29 años, con quien vive en Los Ángeles. Escribe guiones, graba podcast y despotrica en contra de los millennials, a quienes nombró la generación pusilánime en un artículo de Vanity Fair (Millennial: Generation Wuss). Una vez dicho en líneas generales quién es ese tal Bret Easton Ellis, queda leerlo, si te atreves.

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