Cine queer experimental: los rostros ocultos bajo la bandera multicolor

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Por Alberto Molina

Cada junio se celebra el mes de la diversidad sexual; todo va bien durante la celebración hasta que caemos de nuevo en el bache de la reproducción constante de patrones que alienan a la población LGBTI de manera uniforme, sin considerar con seriedad la pluralidad de rostros que se ocultan bajo la bandera multicolor.

En el cine la situación no es muy diferente. Los ejemplos alternos a las estructuras cinematográficas tradicionales son escasos no en cantidad, sino en visibilidad. Curiosamente se hacen menos cintas y cortometrajes experimentales hoy en día que hace cincuenta años. Desde los años 40 hasta los 60 el boom de la experimentación en la pantalla grande tuvo al cine queer como uno de sus protagonistas.

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Algunos directores de cierto renombre como John Waters o Kenneth Anger o los casi desconocidos, como Jack Smith o Tom Chomont, pertenecieron a esta corriente cinematográfica sin una necesidad real de sobresalir entre lo “mainstream” de la época. Mientras algunos trabajos merecen revalorizarse y obtener mayor reconocimiento, otros valen la pena únicamente para conocerlos y tener material para emitir un juicio imparcial. El asunto de esto es no quedarnos con lo que nos ofrezca la primera página web de cine gay que nos aparezca en el buscador.

A continuación nombraremos algunos ejemplos de cortos y largometrajes junto con sus directores, que resultan verdaderas alternativas y algunos además marcaron un hito en la historia del movimiento lésbico-gay incluso antes de que empezara.

Kenneth Anger – Scorpio Rising (1964)

Pudiera ser que este corto experimental haya abanderado a toda una generación venidera. Más allá de las connotaciones homoeróticas y el énfasis a la masculinidad, su significación yace orientada a modo de iconografía, la cual resulta verdadera protagonista. La estética pop queda bien representada: la esvástica nazi, Jesucristo, la rebeldía dibujada en motocicletas, chamarras de cuero, cigarros y una salida caótica; Marlon Brando y James Dean son homenajeados y hacen guiños al tabú homosexual de la época. Innumerables símbolos pop reunidos en 28 proféticos minutos bajo el irónico soundtrack alegre y melódico que lo acompaña.

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Kenneth Anger – Fireworks (1947)

En Scorpio Rising, Kenneth Anger se hace referencia a sí mismo con esta obra, quizás algo adelantada a su época. Un Anger que sueña con ser sodomizado por un marino, despierta e intenta seducir a uno de ellos terminando en una escena de violencia y “castigo” como tanto había deseado; más tarde amanece en la cama acompañado y rodeado de una contrapuesta tradición norteamericana transgredida (la navidad, el patriotismo, el 4 de julio). Esta pieza fílmica se vuelca en un compilado de tabúes, morbo y sadomasoquismo. Como era costumbre, el escándalo rodeó al director llevándolo a prisión temporalmente.

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Jean Genet – Un Chant d’Amour (1950)

En esta legendaria producción somos testigos de la insoportable tensión sexual que se vive dentro de una prisión francesa en la que los reclusos son espiados por un guardia de seguridad. Uno de los presos ama y desea desesperadamente al reo de la celda de junto y el guardia atestigua todo invadido por los celos, lo que le orilla a sacar su lado sadomasoquista con uno de ellos. Es la única pieza fílmica de Genet. Esta joya de 25 minutos de duración es, a la fecha, referente inigualable del cine queer y en general del erotismo en la pantalla grande. La carencia de diálogos y números musicales permite una mayor profundización en el soberbio aporte visual.

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Arthur Vauthier – Gods Prefer Men (2012)

Esta reciente obra fílmica francesa de 12 minutos vale la pena principalmente por su argumento. Está basado en una versión del mito griego de Zéphyr  y Hyacinthe (Céfiro y Jacinto), en la que Jacinto muere a causa de Céfiro, dios del viento, quien dejándose llevar por los celos arroja con fuerza el disco con el que pasan el tiempo jugando y le golpea al punto de caer muerto. Cabe apuntar que la escala de grises del filme recuerda un tanto a Genet y la pulcritud técnica del corto es sobresaliente. Éste es tal vez el corto menos experimental del listado, aunque también se encuentra lejos de posibilidad comercial alguna.

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Christophe Predari – Chaleur Humaine (2013)

Otra obra de la presente década que demuestra que no sólo los clásicos de hace medio siglo pueden ser justamente valorados. Durante sus casi once minutos Antoine y Bruno dejan ver la frustración, la duda y la impotencia de no amar con la misma intensidad con el paso del tiempo, perdiendo toda clase de deseo. Refleja el momento inevitable en que la relación agoniza dolorosamente cuando uno deja de desear al otro. La trama sencilla se torna poesía desde el inicio y perdura lo impecable del argumento, la fotografía y la producción en general durante todo el corto.

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