ReMix: recorrer de nuevo el paraíso, la tierra y el infierno

Gabriel Kuri.Sin título.2016

Por Mario Mendicuti Abarca

Rosanancias desde el jardín de las delicias. Una experiencia aural y de entropía es una exposición colectiva curada por Guillermo Santamarina y que se presenta en el Museo de Arte Carrillo Gil. Reúne un total de 27 obras de carácter interdisciplinario y a 24 artistas con distintas trayectorias y provenientes de diferentes lugares del país.

El punto de partida es la pieza conocida como El jardín de las delicias, de Hieronymus Bosch, El Bosco, quien murió en 1516, hace 500 años. Aunque no se sabe exactamente cuándo fue realizado el famoso tríptico del pintor holandés, todavía hoy es posible encontrar un sinnúmero de líneas afines a nuestro pensamiento. Los enigmas que encierra El jardín… son los mismos que están presentes en la creación artística del ser humano, según afirmó el curador.

De tal manera, esta afinidad es repensada hoy, por medio de las experiencias estéticas que una pintura de más de medio milenio de existencia evoca en nosotros. Asimismo, se reconfigura el pasado al ver nuevas posibilidades en él. El recorrido por la exposición se vincula con algunas escenas de El jardín…, de las cuales los artistas partieron para crear o para interpretar sus obras.

Adriana Salazar. Máquinas arriesgadas. 2008. Instalación

La gran mayoría de las piezas tiene un elemento auditivo, pues una de las finalidades de la muestra era enfocar el arte sonoro desde el contexto mexicano contemporáneo. Algunos temas, ideas o conceptos que se puede apreciar durante el viaje alrededor de una de las obras más conocidas de El Bosco son la bioartificialidad, la creación multimedia, el object trouvé, la disonancia, la eliminación de los límites y, en especial, la entropía.

Desde el comienzo, así como el paisaje edénico, terrenal e infernal que se nos presenta, nos recibe un paisaje sonoro: la pieza Lixuri, de Manrico Montero. La manera en la que se crea un ambiente tranquilo marca el inicio y el momento de la creación.

Poco después, Alfredo Martínez muestra el_jardin_de_las_delicias_deepdream, en la que se reimagina la pieza a través de una herramienta que permite escuchar la vibración sonora de la creación, caída y castigo del ser humano. Por su parte, Juan Pablo Villegas deja ver el proceso en el que diferentes elementos recorren ese mismo camino. La conjunción de lo visual y lo sonoro hace de las obras de ambos artistas un gran descubrimiento.

Adriana Salazar. Samba.2010. Instalación

Cristian Manzutto presenta un video sin audio en el que nuevamente se interceptan dos realidades, aunque en este caso es el paisaje vegetal y el urbano en la Ciudad de México. Se nos recuerda, de esta forma, cómo convive la creación humana y la naturaleza, fusionadas ya en una misma cosa, inseparables pero aún reconocibles: el principio del placer y la practicidad se instauran en el mundo.

Dos piezas de Adriana Salazar merecen especial mención. Samba es una fantasmagoría en la que, por medio de poleas y sensores de movimiento, un par de tacones bailan ante los ojos del espectador. El baile y el placer en sí mismos son los frutos del disfrute terrenal. Por otro lado, Máquinas arriesgadas nos muestra un acto fallido. Al igual que la anterior, de forma automática, sin intervención presente de la mano del hombre, la adrenalina de jugar con fuego augura una consecuencia, que a los ojos de muchos puede ser castigo o condena.

Por último, otras dos obras interesantes son las de Manuel Rocha y de Andrés Aguilar. La del primero es una sinfonía creada únicamente a partir de audios de pedos recolectados a través de videos de Internet. Se presenta como una conjunción de escapes de auto que recuerda las torturas musicales de la sección del infierno de El Bosco. El segundo recupera, y hermana con lo auditivo, la pintura de un artista jalisciense llamado Juan José Ávila Aceves, mejor conocido como Kraeppellin, quien falleció apenas en 2009 y cuyas obras reúnen la sensualidad y la impresión que causa El jardín….

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Si bien hay algunas piezas que parecen gratuitas o fuera de lugar (moscas, telares y conchas, por ejemplo), a diferencia del modelo de El jardín de las delicias en el que nada sobra, funcionan como detalles que hacen enfocar lo verdaderamente sorprendente de la exposición. Ésta se encontrará expuesta hasta el 2 de octubre de 2016.

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