Enrique Metinides: El fotógrafo de la muerte y la desgracia

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Por Anahí Colombón Gálvez

Estoy exhausta y lo único que deseo es llegar pronto a casa. Mientras los pasajeros esperamos a que el transporte público inicie su trayecto, el señor que está sentado a mi lado hojea un periódico de La Prensa. La imagen de la nota presenta a un joven que perdió la vida al derrapar su motocicleta. Con horror, volteó mi cabeza hacia la ventana; sin embargo hay algo en mí que me hace volver la vista a la imagen, ¿morbo?, yo más bien lo llamaría alegría de no ser yo la persona que aparece en dicha escena tan infortunada.

Reflexiono un instante y pienso que las fotografías de nota roja ya no son como antes. Ahora son más explícitas, más tomadas al “ahí se va”. Ya no hay la necesidad de retratar a la muerte de forma artística, como alguna vez lo hizo Enrique Metinides. El pasado 12 de febrero, este fotógrafo de nota roja, cumplió 82 años. Su pasión por la fotografía nació cuando, a la edad de 10 años, su padre le regaló una cámara fotográfica. A los 11 años sus fotografías ya aparecían en varios periódicos. Las primeras imágenes que Metinides retrató con su cámara, fueron de paisajes urbanos, como la Alameda y el Centro Histórico. Sin embargo, desde muy pequeño se dio cuenta de que las escenas de accidentes que se presentaban en las pantallas de los cines locales, así como las películas de gansgters eran sus preferidas, por lo que dichas cintas sirvieron de inspiración a este hombre que dejó de lado los paisajes citadinos para retratar imágenes en donde se muestran las desgracias más patéticas de la sociedad mexicana.

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Metinides cuenta que a los 11 años se inició en el campo periodístico como aprendiz del fotógrafo Antonio Velázquez en el periódico La Prensa, por lo que fue apodado con el sobrenombre de “El Niño”. A los 14 años llegó a la Cruz Roja, en donde su vida transcurrió en diversos servicios de emergencias, como ambulancias y patrullas, con el propósito de retratar los mejores perfiles de asesinatos, accidentes, explosiones, incendios, etc. A él se le atribuye el invento de las claves radiales de la Cruz Roja. Al principio le costaba trabajo ver tantos muertos y heridos; especialmente sufría al ver que los protagonistas de sus fotografías eran niños pequeños, no obstante el trabajo exige que el ojo y el alma se vayan acostumbrando a convivir día a día con la muerte. ¡En fin, qué se le va a hacer, son gajes del oficio!

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Pero, ¿qué hace diferente el trabajo de Metinides, a diferencia de otros fotógrafos de nota roja? En primer lugar diría que el estilo. “El Niño” no sólo retrataba con su lente el momento exacto en que se llevaba a cabo un fatal accidente; sino que en sus imágenes el asesinado, el atropellado o el herido no son realmente los protagonistas. El personaje principal de cada fotografía es la colectividad: el público mirón. Y es que para Metinides, el morbo de la gente que se junta a observar un accidente es el elemento principal de la mayor parte de su obra, pero también se incluyen las imágenes donde se muestran a los bomberos, los doctores y rescatistas, haciendo su lucha contra la huesuda. A diferencia de los fotógrafos de hoy, Metinides dio más importancia a los aspectos anteriormente descritos que al simple hecho de fotografiar un cuerpo sin vida. Quizá la razón de esta técnica obedezca a los fines estéticos del fotógrafo, en donde cada imagen captada es enfocada en un ángulo que permite que el espectador ponga a volar un poco la imaginación, y construya en su mente los acontecimientos que se le presentan en el reportaje.

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Por desgracia el trabajo de este fotógrafo-cronista fue durante varios años poco valorado. A principios del 2000, cuando Metinides ya se encontraba retirado, se comenzaron a hacer varias muestras de su obra en nuestro país. En 2012 la editorial Blume publicó el libro 101 tragedias de Enrique Metinides, texto en el cual el fotógrafo hizo una selección cuidadosa de sus mejores fotografías, todas ellas acompañadas con una descripción que cuenta la historia de cada imagen. En este volumen se puede encontrar una de sus fotografías más famosas: Adela Legorreta Rivas atropellada por un Datsun blanco, en donde, por cierto, la joven periodista no parece estar muerta; sino más bien posando para la cámara.

Enrique Metinides captó en cada fotografía el instante del sufrimiento humano. En varias ocasiones tuvo la oportunidad de salvar varias vidas, aunque lo cierto es que fueron más las muertes que retrató que los cuerpos que salvó. Inundaciones, asesinatos, explosiones, balaceras y suicidios, son sólo algunos de los momentos enmarcados por el fotógrafo, quien también captó el sismo que sacudió a nuestro país aquella mañana del 19 de septiembre de 1985. Hace más de una década que Metinides tomó su última fotografía para La Prensa. Él asegura que a pesar de las invitaciones que le han hecho para viajar a otros países con el propósito de presentar una exposición sobre su trayectoria como fotógrafo, jamás se subiría a un avión por su miedo a volar. Sin embargo, la realidad es que su amor por la Ciudad de México le impide apartarse de ella. Sin duda alguna Enrique Metinides fue, es y será un eterno artista del desastre.

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