Prestarse al quizá: sobre el sci-fi en Yearbook y World of Tomorrow

 

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Por Eduardo Paredes Ocampo

¿Cuál es la voz del quizá? En casi cada expresión reina el hubiera, el arte reducido al ayer. Narrar se ciñe al pasado; el futuro, salvo en algunas excepciones, le sienta mal. La ciencia ficción posiblemente representa uno de los mayores desafíos de la expresión humana. Pesa en su historia los siglos de ver hacia atrás.

Yearbook de Bernardo Britto (2014) y World of Tomorrow de Don Hertzfeldt (2015) ofrecen una alternativa interesante a esta problemática. Si novelas como Infinite Jest le dedicaron cientos de páginas al mañana, si dos trilogías de Star Wars no le fueron suficientes, estas animaciones lo condensan en minutos. Desde su duración (6 minutos y 15, respectivamente) se conciben como minimalistas.

Temáticamente ambas obras narran el ocaso del mundo. En Yearbook, un hombre sencillo es contratado para escribir la historia de la humanidad antes de que una bomba extraterrestre destruya la tierra. World of Tomorrow trata acerca de un clon que vuelve del apocalíptico futuro al presente para pedirle una memoria a su yo niña. Como gran parte de la ciencia ficción, los argumentos de ambas animaciones resultan del todo complejos: si en la primera se debate acerca de nuestra concepción historiográfica, de nuestra visión del ayer para el mañana, la segunda explica conceptos como la clonación y el viaje en el tiempo.

En contraste a esta complejidad argumentativa, la animación de los cortos resulta extremadamente simple. Nada más alejado del complejo mundo de Pixar que los muñecos de palo de World of Tomorrow. Los personajes de Yearbook, a su vez, son abstracciones “infantiles”, “mal hechas” de figuras humanas. Lo mismo puede decirse del fondo. En la era del 3D, la obra de Don Hertzfeldt se conforma con plantear escenarios monocromáticos, cambiando de color a color según el desplazamiento espacial. Los dibujos de Britto actúan básicamente sobre una pantalla blanca. Ahí, los objetos parpadean, dando la impresión de cierta negligencia en el trazo.

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Otros detalles contradicen la tendencia barroca de la ciencia ficción. Yearbook y World of Tomorrow ultilizan frases y gestos cotidianos para crear una impresión poética. Frente al cataclismo apocalíptico, el personaje del dibujo de Britto reflexiona acerca de la efímera pasión de su esposa por mejorar su receta de pescado frito. El mismo efecto tienen las respuestas infantiles de niña de la animación de Hertzfeldt a su yo del futuro. Es el contraste entre lo inimaginable y lo habitual lo que acerca estas obras al espectador. No nos transportan al allá, sino lo traen aquí, al ahora.

La efectividad estética de Yearbook y World of Tomorrow depende, en mayor parte, del juego entre el minimalismo y lo sobrecargado. Posiblemente haya aquí una regla de la buena ciencia ficción. ¿No son los romances de Leia y Hans Solo lo más exquisito de las primeras Star Wars? ¿No es la ambigua relación entre los androides y los humanos lo que más nos atrae de Blade Runner? El dibujo representa una herramienta ideal para concebir este contraste: poesía nace de su simpleza y como ningún otro discurso se presta al quizá.

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