Blow-Up: la mente torcida de un fotógrafo en el Londres pop de los 60’s

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Por Romi TO

Al parecer algunos directores han olvidado el sentido originario del cine, menospreciando el poder narrativo de la imagen en beneficio del uso de la palabra. Afortunadamente en los años sesenta, muchos directores exprimieron todo su talento y dejaron regalos invaluables para todos los amantes del séptimo arte.

Blow-Up, cinta inglesa del año 1966, protagonizada por David Hemmings y dirigida por Michelangelo Antonioni, está basada en un cuento del escritor Julio Cortázar. En la cinta, Antonioni apuesta todo por la fuerza y el impacto visual de las escenas, que exponen la trama y le dan al espectador la oportunidad de ser él quien averigüe lo que es real y lo que es ficticio, aunque claro, Antonioni nos da una pista de su visión global sobre el filme y ya depende de cada quien si se queda con el punto de vista del director o si desea echar a andar la imaginación y especular.

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Aunque la inspiración principal de la cinta fue el relato Las babas del diablo, Antonioni cambió el significado de la cinta con el del cuento. Explicando posteriormente que necesitaría rodar otro filme para explicar el verdadero significado de Blow-Up.

Un fotógrafo exitoso y codiciado por todas las modelos del Londres pop de los años 60`s es nuestro protagonista. Harto, quizá un poco aburrido de la monotonía de su vida, o tan sólo deseoso de vivir una aventura, Thomas –personaje inspirado en el fotógrafo real Sergio Larraín– sale a caminar con su cámara analógica por las calles de Londres en busca de inspiración para su libro fotográfico. Por casualidad, o me gusta llamarlo causalidad, encuentra a una pareja en el Maryon Park; su instinto de fotógrafo se desenvuelve y comienza hacer lo mejor que sabe: apuntar con su lente y disparar.

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Antonioni nos envuelve en un discurso en el que las secuencias, el poder de las imágenes y los diferentes puntos de vista se apoderan del filme y nos hacen cuestionarnos el verdadero sentido de la vida. ¿Vemos lo que queremos? ¿Nos gusta ver lo que nos conviene? ¿O deseamos ver algo que nos motive a salir de la rutina?

En lo personal, considero a Blow-Up una cinta cargada de belleza estética y con escenas poderosas que hacen valorar el verdadero sentido de hacer cine. Y no puedo dejar de lado la joya de escena cuando Thomas entra al Swinging London y The Yardbirds musicalizaban la noche, regalándonos una preciosa escena de un joven Jimmy Page haciendo lo suyo y un apuesto Jeff Beck.

La cinta tuvo diversas nominaciones en varios festivales de cine, saliendo vencedora de la tan codiciada Palma de Oro en los premios de Cannes. Si les gusta la fotografía y el cine, esta es la cinta que deben ver un fin de semana.

 

 

 

 

 

 

 

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