NAAFI: perreo intenso-artístico-contemporáneo en el Museo Júmex

Fotografía: Ulises Miguel

Fotografía: Ulises Miguel

Texto y fotografías por Ulises Miguel

¿Un enorme performance de experimentación sonora con mini shorts, bigotes, barbas y jeans ajustados? ¿Ritmo y calor para una fiesta artística? ¿Cuerpos interpretando la música caribeña que suena en la radio y la tv mainstream? ¿Pies sin descanso para mantener prendido el fuego de la lujuria musical? ¿Una bomba atómica para los cerebros del conservadurismo? ¿Una simple fiesta de chicos alternativos y eclécticos?

Bailar reggaetón en un museo puede causar la misma reacción que el arte sangriento de Hermann Nitsch y su accionismo vienés (imaginen sangre real de animales muertos esparcida en el suelo), el ruido que hicieron los ready mades de Duchamp (recuerden su clásico mingitorio) o simplemente causar el dolor de un jab aniquilador de Floy Mayweather Jr. (versión artista contemporáneo) a los defensores del arte clásico y del figurativismo.

Fotografía: Ulises Miguel

Fotografía: Ulises Miguel

Quizá podríamos tener muchas opiniones, pero concretamente sabemos que ZUT ZUT (México), DJ BEKMAN (México) y DJ BLASS (Puerto Rico) llevaron una base de ritmos latinos para que los cuerpos no dejaran de bailar por cuatro horas: fuera de ser una combinación de EDM que incluyera una lista de hypes de Daddy Yankee, Don Omar, Calle 13 o La Factoría, fue una larga secuencia de sonidos caribeños, una sesión de excitación sonora.

Si le sumamos un análisis artístico, posiblemente tendríamos como sentencia: reggaetón intervenido con beats electrónicos o una recontextualización sonora para crear y mostrar un discurso alterno a un género musical con el objetivo de otorgar sentido y significado a una acción dancística.

Fotografía: Ulises Miguel

Fotografía: Ulises Miguel

También podríamos decir que echar un baile seductor con un dem bow infaltable para sudar, tocar y romancear en la pista es una imagen que debería retratarse con la misión de hacernos recordar que tres DJs son suficientes para encender las ganas de bailar y quitarle a tu outfit rocker, hispster o alternativo su valor de “marca cultural”.

Infarto real o imaginario para algunos, una herramienta más para criticar a un grupo cultural o como lo definan, una bolsa vacía para llenar con un discurso antimisógino que a veces se queda en las palabras de sus detractores (recuerden sus festejos en bares donde bailan esas letras antidignidad femenina)… por eso sólo sabemos que esta presentación formó parte de la residencia de NAAFI en el Museo Jumex de la Ciudad de México y que a veces todos caemos ante la fiesta.

Fotografía: Ulises Miguel

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