Magic Whip: sonidos de un mundo pasado sin fanatismos plásticos

 

 

 Blur

 

Por Hiram Santos

“This is the ballad for the good times” fue una de las últimas líneas presentes en el Think Tank, álbum con el cual en el 2003 una de las principales bandas representativas del brit pop, Blur, anunciaba el final y cierre de un ciclo. Una década completa de inactividad que avizoró mientras la llegada de un mercado musical impetuoso y elitista, construido por mercadólogos dejando en planos secundarios a músicos, fragmentando y componiendo fanatismos plásticos, además de una transformación voraz gracias a la llegada del Internet.

Pensar que uno nació con canciones que se dejaban escuchar en la radio en aquellos nostálgicos 90’s donde el pop crecía en todo su esplendor y acaparaba los oídos de cualquiera y que ahora nos recuerdan el tiempo que ha pasado y cuanto hemos envejecido.

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Con el regreso de Blur se pone en manifiesto no sólo el pasado sino el devenir de los años, el desarrollo y como se ha dirigido el rumbo de la música hasta nuestros días.

Magic Whip suena a una rotunda evolución después de 12 años de adquirir experiencia por parte de cada uno de los integrantes de la banda, pero principalmente de Damon Albarn.

Cabe recordar que como artista depositas en tu obra no solo tus ideas sino también tus experiencias, y Damon se queda aquí. A lo largo de su trayectoria  desarrolló estilos un tanto bohemios así como urbanos y melancólicos, su estilo único hace que sobresalga de todos los demás integrantes y tal vez sea ésta una de las causas por las cuales el grupo termino separándose. Graham Coxon por su parte muestra un sentido “casi” más experimental, metiendo un tanto de voz y otro poco de psicodelia, además de armonías de guitarra más electrónicas pero nada complejas.  Atmósferas y coros al estilo “Beach Boys” que se pueden escuchar en canciones como “Lonesome Street”, “Ong Ong” y “My Terracota Heart”, ritmos, uso de voces y efectos en “Ice Cream Man”, “I Broadcast” y “New World Towers” que rememoran una banda llamada Gorillaz y un estilo de ópera como el que Albarn utiliza en Dr Dee.

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Y claro que el ritmo de la banda disminuyó, con lo cual nos encontramos con composiciones mucho más tranquilas y menos movibles y que por supuesto era de esperar, los años no pasan en vano, aún así todas las canciones logran un balance con la utilización de sintetizadores escabrosos que logran tintes sofisticados y contundentes.

El nuevo álbum de Blur no es innovador ni suficientemente bueno como para catalogarlo como uno de sus mejores discos, pero sí demuestra a la vez que cada uno de sus integrantes finalmente ha pasado a la etapa de la madurez, que han envejecido y sus estilos han evolucionado, aunque la esencia siga siendo completamente la misma. Ésta banda tiene más que ofrecernos pero en una palabra este nuevo disco significa algo: un regreso.

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