A 5 años del Juidero

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Por Luis Omar González

 A veces sólo necesitas un disco para hacer la diferencia,  si eres lo más honesto posible, sabes que no harás otra cosa igual y que es mejor colgar la toalla, o peor aún, a partir de ahí intentas repetir la fórmula una y otra vez hasta volver a acertar. Ninguno de los casos mencionados aquí, son la razón por la cual, la cantante dominicana Rita Indiana se retiró del mundo de la música. La verdadera razón, es que  ella dijo lo que tenía que decir  con  un sólo disco, después encontró que la fama no era para ella y desapareció.

 La historia comienza en los inicios del blog Club fonograma (2009), sitio con base en Estados Unidos, donde se reseña lo mejor de la música latinoamericana, ahí fue  donde se gestó el proyecto que originalmente  poseía un toque electrónico lo-fi.  Posteriormente gracias al apoyo de la gente, Rita transforma su concepto se reúne con los músicos más importantes de la escena independiente dominicana  y forma lo que conocemos como  Rita Indiana  y los misterios, agrupación que realiza una revaloración del merengue en su forma dance, en un collage de rock, pop, merengue, dembow ,cumbia y salsa entre otros; para al mismo tiempo generar una crítica social y sobretodo, hablar con el slang dominicano, en un ejercicio de acercamiento por y para el pueblo.

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El año 2010 llegaría con el El juidero, una mezcla de varios géneros, pero el principal es el merengue, que tiene una velocidad que asemeja al algún rave clandestino de pandillas, que se aprecia en el track inicial del mismo nombre, donde  Rita habla del exilio de los dominicanos ante la situación de la dictadura. Mientras que en Pasame a bucar, una relación apasionada de barrio se hace presente, y en Bajito a selva se habla de una persona atractiva que  sencillamente  tiene encantados a hombres y mujeres por igual.

Pero  los puntos fuertes de este  disco  vienen de la mano de fuertes melodías y letras directas. En El blue del  pin pon, hay referencias a Cantiflas, los tres cochinitos y la heladería cubana copeland (¿o existe otra?) en un himno se superación personal donde los guías espirituales tienes los pies en la tierra, como se aprecia en la frase “Yo le pregunte a Hector Lavoe y él me dijo Rita dale con to`, que aunque tu tengas esas malla tan alta, tú tienes los sancos pa saltarla”.

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El juidero está bañado de un sorpresivo aire de imaginación que va desde la producción, hasta la ejecución donde su curiosa manera de cantar,  va de una simple recitación a una reivindicación de cantantes como Celia Cruz, creando un estilo que simplemente es hipnotizante. En Da pa lo do, Haití y República Dominicana se unen para hablar a fondo de su rivalidad histórica, mientras que La hora de volve, los misterios ejecutan un merengue electrónico para hablar acerca de un tipo que tenía “hasta los intestinos entumecidos” en Nueva York, mientras trabaja de inmigrante para solventar a su abuela.

El corte final del disco  dura casi 12 minutos y es una historia de una chica que le encanta el “Equeibol” y dar piruetas como Tony Hawk. Es difícil expresar lo bien que este disco suena en las bocinas, pero la comparación más aproximada de este fenómeno del 2010, es tal vez Re de Café Tacvba, ambas obras cumbres de la búsqueda de identidad nacional y musical que han pasado la prueba del tiempo (una más que la otra) y que se conservan como estampas del momento que vivían las respectivas sociedades de las que hablan.

El éxito del disco fue tal, que Rita tuvo que abandonar el país, sencillamente no  podía con los paparazzi, con la gente que cada día era más y más. Pero sobre todo, con las constantes denuncias que Rita hacia a través de entrevistas, dejando entrever a una mujer preocupada por el cambio y la renovación social, además de ser abiertamente lesbiana en un género de hombres.

Hoy casi 5 años después del lanzamiento, Rita regreso a su faceta como escritora, algunos de los libros han llegado a México, y por declaraciones oficiales, ya no habrá más música de ese tipo. Sin embargo, por más que uno quiera continuar con el debate que inicio la dominicana, está claro que es mejor apreciar esta obra desde la individualidad y al mismo tiempo el ejercicio colectivo, la música como resistencia social.

 

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