Mi mujer

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Fotografía: Isabelle Wenzel

 

Por Cielo Esmeralda De la Cruz Colmenares

Como siempre ella se encontraba acariciándome, como si no se diera cuenta del gentío que había. En su pensamiento entre más personas vean como me humilla más feliz es. Está loca, esa clase de cosas no se hacen en público pero siempre me hace lo mismo es una zorra.

Muchos dicen “tu mujer es muy cariñosa contigo” “mira cuanto te quiere” pero no saben la verdad; no es que me adore como ellos piensan es que  me besa en público para humillarme. Me marca como suyo a propósito para que nadie se me acerque y me quede solo.

Me basta mirarla un poco para preguntarme cómo fue que me case con ella. Es horriblemente fea. Tiene pies pequeños y blancos pero ni que decir de sus pies cuando su tono natural de piel es blanco, pero un blanco transparente del color de la leche de esos que asquean. Luego están sus piernas, esas piernas tan grotescas, tan solo imaginarlas me dan escalofríos son torneadas, largas y finas si Quevedo las estuviera describiendo diría que son pilares. Su cadera es ancha y sus nalgas prominentes y levantadas. Su horrible cintura es delgada y avispada tanto que cuando la tomo de ella una parte de mi brazo sale afuera de su cuerpo, ni Venus podría desear una cintura tan delgada. Y sus pechos, ¡santo dios! Sus pechos son asquerosos, de tan sólo pensar en que son tan grandes como el más apetitoso de los melones me hace querer vomitar y no volver nunca más a comer de esos frutos.

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Fotografía: Isabelle Wenzel

Lo peor de todo es su cara, esa rostro en forma de fresa con esos labios pequeños y rojos, con aquella abominable nariz respingada y unos ojos grandes y expresivos del más vivo de los azules coronado por lo más lacios y rubios cabellos, parecen tiras de oro, de maldito y asqueroso oro.

Esa bruja cínica, no es más que una hipócrita con cara de ángel. Por las mañanas se levanta temprano y me prepara el desayuno; huevos con tocino, pan tostado con mermelada y un vaso enorme de jugo de naranja. Lo que está haciendo es planear mi muerte yo lo sé. Seguro que está planeando una muerte lenta, del colesterol o de diabetes de cualquier forma sólo quiere verme retorciéndome en dolor, sí eso es lo que quiere en el fondo.

Esa horrible mujer, que me repugna, me dio una hija. Todo el mundo dice que es una niña preciosa yo digo que la odio es la más viva imagen de su madre y de seguro que cuando crezca será igualita que ella.

-Papi te hice un dibujo.

Me dice con aire burlón pero a mí no me engañan yo sé lo que sucede, yo sé que en el fondo lo que están haciendo es planear mi muerte el par de arpías. Me recuerdan tanto a mí madre.

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Fotografía: Isabelle Wenzel

Mi madre nos abandonó a mi padre y a mí cuando éramos pequeños, cuando más la necesitábamos. Todas las mujeres son iguales, se hacen las santas y las buenas y cuando menos te lo esperas te dan la puñalada por la espalda.

Ahí viene el tren, no dejaré que me sorprenda, no señor. Si voy a morir no será por sus manos, antes me mato. Si señor, me voy a arrojar al tren y no dejaré que estas viejas mustias me dañen primero, no lo haré…

Tan sólo mira como lloran, como si realmente les importara lo que me sucede, son un par de hipócritas con caras de ángeles. Pero se han de ir al infierno por matarme, porque mi muerte es su culpa, no mi dolor es mi culpa porque no deje que ellas atacaran primero… ellas… duele… duele mucho…

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