Hitos del apocalipsis, la clonación de la música y la imagen

il_570xN.402126689_ewkoPor Miriam Sanabria Colin

Cuando las novelas de Isaac Assimov, Philip Dick o George Wells se vuelvan realidad y la tierra se vea envuelta en una rebelión de robots o una invasión de marcianos que usan la telepatía para comunicarse y viajan en naves con motores de fusión, desintegrando gente en un mundo apocalíptico, necesitaremos himnos que acompañen esa guerra contra nuestro destino, donde la clonación y los estragos de la energía nuclear cambien la forma de hacer música.

Paradójicamente esos himnos ya han sido creados hace algunos años como preludio de lo inevitable. El rápido avance de la tecnología y la búsqueda por alterar los sentidos a través de las ondas sonoras han desembocado en locuras auditivas que desde principios de los años noventa han llegado a perturbar el escenario de la música electrónica.  Artistas que nos sacan del estado de confort en la que vivimos y nos trasportan a nuestros sueños y pesadillas; sería casi imposible nombrar a todos ellos y sus respectivas contribuciones,  pero la tarea se aclara cuando de irnos a los extremos se trata.aphex_twin_logo

Partiendo de las reminiscencias del post-punk, el art rock, el progresivo y el darkwave aparecen extraños genios como John Cage, Brian Eno, Cocteau Twins, Massive Attack, entre otros, que ponen las bases de lo que ahora es la música electrónica experimental. Hablar de este género musical  implica una gama generosa de recursos auditivos y  una mancuerna casi indestructible con las imágenes visuales de impacto a través del video, la iluminación, animación, robótica y mapeo digital.

Entre los artistas que trabajan sobre esas líneas de la ficción esta Aphex Twin, que desde principios de los noventa pone al techno ambient en los ojos de la crítica con viajes atmosféricos, gritos y beats sintéticos producidos por ordenadores y teclados al servicio de bajos poderosos, sus trabajos más sobresalientes son: Selected Ambient Works 85-92 (1992), I Care Because You Do (1995) y 26 Mixes for Cash, álbum recopilatorio del 2003,  Richard David James, nombre real de Aphex Twin, no sólo perturba por su forma complicada de utilizar los recursos electrónicos y llevar las voces a un extremo gutural sino también por su mancuerna con el video-artista Chris Cunningham.

Entre ambos se han mantenido en una especie de experimentación visual-sonora muy  bizarra y particularmente grotesca, algunos de sus trabajos sobresalientes “Come to daddy” y “Rubber Johnny”; perturbadoramente bellos y no aptos para cardiacos, trabajos que ponen de manifiesto los alcances a los que puede llegar la imagen y el sonido de sutil rareza. Twin ha cambiado a lo largo de su carrera los medios para realizar su música y sus instrumentos abarcan sonidos programados por ordenador, pianos ejecutados electrónicamente, cajas de ritmo que producen percusiones rítmicas y sintetizadores de software que  emulan el sonido de instrumentos clásicos.

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Otro digno representante de esta evolución sonora es Amon Tobin de origen brasileño, que como precursor del trip hop, utiliza la abstracción y el sampling como su principal arma, creando sonidos electrónicos frescos, inteligentes y futuristas, haciendo cambios de ritmos muy marcados y frecuencias particulares que no se pueden encontrar tan fácilmente en el mainstream. Tobin puede considerarse muy influyente en el mundo musical contemporáneo y, al igual que Aphex Twin, se ha mantenido muy cerca del ámbito visual reforzando el impacto de su trabajo.

Ejemplo de ello la fastuosa presentación de “Isam” en el festival Graz en el 2012  con un despliegue grosero de un mapeo digital perfectamente ejecutado que acompañó una de las veladas más memorables de la música electrónica de los últimos años. Los trabajos más sobresalientes de Tobin: “Permutation” (1998), “Out From Out Where” (2002) e ISAM (2011), sólo por mencionar algunos ya que en realidad todo él y su mundo son ampliamente recomendables.

Independientemente de lo comercial y popular que pueda resultar en nuestros días el consumo de música electrónica, la que se produce con espíritu de curiosidad, conocimiento y hambre de innovación sigue siendo una delicia para los que buscamos himnos que guíen nuestro camino hacia la batalla por la supervivencia, y la guerra contra nuestras peores pesadillas; los robots enojados y los extraterrestres.