Hummersqueal regresó para celebrar 10 años de Di:Helo

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Fotografía: Ariadna Cervantes

Fotografías: Ariadna Cervantes

Por Ulises Miguel

Calor para morir y luces en policromos durante un reencuentro de amor, guitarras, mujeres, hombres y un inquieto morbo causado por la espera de Hummersqueal en un Pasagüero con boletos agotados y con lleno total. “Esto es una pinche fiesta y no un funeral”, gritó  el vocalista de Los Viejos atrás de su máscara de abuelo punk y nos recordó el por qué estábamos aquí.

Como una versión real de la portada de Leo Padua  hecha para Quebrantahuesos, primer álbum de Los Viejos, la pareja de trash y punk rock  levantó las alas como un buitre maldito para gritar  proud to be! tell me why!  y subir hacia una montaña donde veían su pequeño nido de crías golpeándose por restos de carne.

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Fotografía: Ariadna Cervantes

Sólo basta un dúo para hacer mover la cabeza y violar los pies vírgenes que no conocían la podredumbre de un par de viejos.  Slam, un baterista sin playera y muchas caderas “diciendo”: ¡Pinche viejo tieso! ¡Pinche viejo tieso! Esas máscaras de ancianos cadavéricos no sufrían su vejez frente a un público que se prendía con Infección urinaria y con los tracks de ese disco debut lleno de rápidos golpes de batería y una guitarra poseída por la fuerza de un toro encabronado que abrió la presentación de Hummersqueal.

Piernas sudorosas debajo del pantalón y  cervezas para calmar la sed de tantos años aguantando la agonía del amor traducida en canciones de dolor; casi una muerte segura que fue evitada por el regreso de una banda que en vivo arrancó el sufrimiento de las gargantas de sus seguidores y agradeció la asistencia del  público en esta celebración de los 10 años de Di:Helo.

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Fotografía: Ariadna Cervantes

Por mucho el mejor concierto de la banda, aseguró Christian Guijosa, vocalista del grupo capitalino que inició en el año 2000. Vuelve… vuelve (Consecuencias. Di:Helo ) parecía el coro de un batallón encaminado al sufrimiento y  la nostalgia. A nadie pareció importarle que no fuera posible ir de un lado  a otro sin empujar a un fan que esperó mucho tiempo para  cantar sin tropiezos las canciones del álbum.

Uno por uno pasaron todos los temas del disco sangrando los corazones de los amantes adoloridos y olvidados: Buick a Monterrey fue el track que abrió la presentación  de un álbum veterano del rock nacional, uno de esos discos que muchos esperaban oír completamente en vivo y, además, con la compañía de invitados especiales: Roy Cañedo, baterista de Thermo, y Josué Guijosa Ocegueda de Kill Aniston.

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Fotografía: Ariadna Cervantes

 Juntos por siempre (Rayo. Di:Helo) o nunca supe qué decir ( Estoy harto de ti. Di: Helo) vibraron muy fuerte en los oídos de los asistentes que vieron a Normand Olea,  bajista de la banda, treparse a una columna frente al escenario para gritar con fuerzas el desamor entre guitarras  enérgicas y una furiosa batería.

Cada canción mutó de un estado acústico a la rabiosa respuesta de un hombre enamorado que dice: puedo estar sin ti (No me mires así. Di:Helo). El sonido en alto volumen de los amplificadores chocaba con las lentes de las cámaras de los muchos fotógrafos que se amontonaban en el pequeño espacio alrededor del escenario.

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Fotografía: Ariadna Cervantes

Un setlist completo que no fue tocado en una década volvió para una generación amante de las letras escritas con lágrimas ácidas y perforadoras de manos que intentan contenerlas. Entre el ardor del ambiente y la gente amontonada para ver su retorno, Hummersqueal sigue más que presente en la escena nacional.

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