Adoración óptica: AM y Morning Phase

BeckSeachange

Por Eduardo Paredes Ocampo

@e_paredesoc

Llevamos el rastro del sol hasta en las pupilas: a nuestro padre, a nuestro Dios lo llamamos con su nombre.  Sentimos su regularidad como espejo. Vivimos en la mañana, agonizamos por la tarde, morimos con el ocaso. Si existe el hombre nocturno siempre es nuestra antítesis. Al diablo, a la muerte llamamos noche.

Testimonio de nuestra adoración, ciego guía para el miedo, el arte revela ambas naturalezas. Las acciones del hombre, su personalidad pueden no ser más que una inclinación hacia la luz o su rebeldía, un acercarse a la sombra. Una misma disciplina, dos expresiones contemporáneas dan prueba de esta o aquella adoración óptica: a “(Baby we both know)
/ That the nights were mainly made for saying
/ things that you can’t say tomorrow day”, frase de “Do I wanna know” de Arctic Monkeys, Beck responde “Can we start it all over again, this morning?” en “Morning”. Contra la revelación nocturna, la esperanza del día siguiente. Condensación, AM y Morning Phase, de la ambivalencia entre los vivos: licántropo, vampiro el primero, su cura y opuesto el segundo.

Con “No. 1 Party Anthem” Arctic Monkeys corona lo que en varias canciones venía repitiendo: “Ever thought of calling when you’ve had a few?/’Cause I always do” (“Do I wanna know”) y “Why’d you always call me when you’re high”. El alcohol, motivo recurrente en el disco, es el combustible del noctámbulo. Los estados alterados de conciencia y la fiesta contrastan con el ambiente cuasi campesino del country de Beck. Las imágenes naturales (pájaros: “Songbird calling across the water”, “Blackbird chain”; el mar: If I surrender/ And I don’t fight this wave/ No I won’t go under/ I’ll only get carried away”; etc.) transportan el panorama general de Morning Phase hacia la luz. Se estrecha la pupila.

Otra antítesis entre los discos la establece el uso de los instrumentos y la voz. Frente al estridente solo de Alex Turner en “Arabella”, tenemos el trabajo arquitectural de la guitarra acústica de “Blue Moon”, quinta canción de Morning Phase. El distintivo uso de coros agudos del AM difiere de la gravedad natural de la voz de Beck. La cromatografía acústica va desde el negro y gris de Arctic Monkeys hasta un verde brillante de Beck.

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Si el amor y el desamor son temas que unen a los dos discos, su tratamiento los distingue. En AM se canta la tragedia del amor masoquista: el hombre que bebe para olvidar (“’Cause there’s this tune I found that makes me/ think of you somehow/ When I play it on repeat/ Until I fall asleep/ Spilling drinks on my settee”), el que espera para siempre (“I’ll be here waiting ever so patiently for you to”), aquel que vive del recuerdo (“There’s all these secrets that I can’t keep/Like in my heart there’s that hotel suite and you lived there so long,/It’s kinda strange now you’re gone”). Beck, por otro lado, acepta el rompimiento (“Bones crack, curtains drawn/ On my back and she is gone/ Somewhere else I do not know/ Time will tell and I will go/ These are the words we use to say goodbye/ These are the words we use to say goodbye”) y aunque sigue pensando en la amada, su voz suena más a ruego que a despecho (“Oh don’t leave me on my own/ Left me standing all alone/ Cut me down to size so I can fit inside/ Lies you try to hide behind your eyes”). En contraste, Morning Phase resulta mucho más optimista que AM, encerrado en la tortura de la memoria. Otra vez diferente se pinta el panorama: albo el primero, lúgubre el segundo.

No es diverso el mundo. Somos siempre la reproducción de otro. En los rasgos más únicos notamos la esencia de espejo, la mímica. No sólo parodia del prójimo, de la naturaleza también: el hombre es un ser solar. Lo único que, de uno a otro, cambia es el crecer y decrecer de su pupila. Simple gesto que, sin embargo, inspira todo devenir, todo derrotero.