Alexandr Petrov: animador impresionista

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Por Fernando Cervantes Radzekov

Un fuego que ilumina el cálido hogar, un fuego que ilumina la intemperie donde incluso los árboles parecen acercarse al círculo donde un hombre narra las historias que del mismo modo le fueron confiadas. La palabra exalta el espíritu y, en medio de la noche, la imaginación transforma las palabras en colores vivos, en figuras con alma viva… se ha creado vida. Su nombre es Alexandr Petrov, quien de pequeño destacó en el dibujo y la pintura y más tarde se interesó por el cine; fueron sus técnicas pictóricas las que dieron vida a aquellos relatos tradicionales que encantan a quien los escucha, lee o mira.

Alexander Petrov nació el 17 de julio de 1957 en Prechistoye, Yaroslav Oblast. Estudió arte en el vgik (en español Instituto Estatal de Cine y Televisión) y fue discípulo de Yuriy Norshteyn en la Escuela Superior de Guinistas y Directores de Moscú.

Las animaciones son de tipo impresionista, las figuras están poco definidas lo que asemeja al dinamismo de la realidad misma en donde todos forman parte de un mismo campo, no mental porque éste abstrae figuras y las descontextualiza, sino de un campo sensorial. Se crea por lo tanto una sinestesia donde los sonidos, los personajes y los seres vivos se comunican y se confunden pues son parte de un todo que los enmarca. Su técnica: óleo pastel sobre vidrio: stop motion; lo que significan trabajos de al menos tres años para que cada cortometraje sea terminado.

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Este tipo de animación muestra vitalidad en cada uno de sus escenas. El cambio entre cuadros es fluido pues transforma con un brillante juego de analogías los colores y las formas que pronto devienen en un nuevo sentimiento, en un nuevo fragmento del relato en cuestión. Una risa lejana y alegre se escucha a lo lejos y la figura asombrosa del hombre se desliza como arena entre los dedos para convertirse en el recuerdo vivo de un pasado amoroso, también lleno de risas alegres; pronto, de la misma manera en que evocamos recuerdos, la sombra del pasado en donde la unión amorosa finaliza con un beso vuelve a la realidad áspera donde los cuerpos antes amantes se transforman en pescados, alusión obvia al tema mismo del cortometraje (La sirena, 1997).

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La oscuridad se asoma en cada una de las imágenes. Los colores son por lo general oscuros mas no tristes. Es como si la luz misma estuviese bajo el encanto del ensueño donde el sol no alumbrara, sino que es el fuego de la imaginación la que ilumina las cosas, incluso a la oscuridad reinante. De esa manera es como cobran ambientación las escenas, semejante a la técnica usada por Caravaggio, Rembrandt y Velázquez, en donde las sombras no son el vació, sino el lugar donde la potencia imaginativa del espectador vacía sus sensaciones y completa el cuadro. De esta manera Petrov nos incita a buscar dentro de nosotros mismos qué es lo que estamos sintiendo ante el vacío aparente de sus cuadros. Los personajes hacen preguntas ¿El hombre puede vivir sin pecado? ¿Qué es lo realmente importante para los hombres, la felicidad o la idea de la felicidad? Un discurso que está planteado en el cuento mismo donde se apoya (Dostoievski, El sueño de un hombre ridículo, 1877) pero que llevada a la animación deja de cuestionar a la voz narrativa y nos pregunta directamente a nosotros. ¿Qué valoraríamos más, la felicidad o la razón? (El sueño de un hombre ridículo, 1992imagen04

A pesar de que sus temas se basan en los cuentos populares rusos, cuando estuvo en Canadá (1997-1999) hizo su adaptación de El viejo y el mar, donde mantiene la fidelidad de la novela al usar diálogos en inglés. En el discurso se traspasa con claridad el intrincado pensamiento humano cuando el pescador se enfrenta al pez espada en una lucha que simboliza no sólo la pesca, sino antigua lucha entre hombre  contra la naturaleza. En este cortometraje, que fue ganador del Oscar en 1999 como mejor cortometraje animado, imperan las múltiples formas en que se puede manifestar el agua: nubes, olas, gotas que salpican la barca, la bruma que rodea y borra las siluetas, el reflejo brillante del mar; resulta impresionante y casi mágico pues en este film la técnica define más estos detalles. (El viejo y el mar, 1999). imagen05

Es increíble la facilidad con la que juega con los sueños, los hace parecer incluso más vivos que la realidad misma, pues el corazón mismo les confiere el toque fantástico. Nos demuestra Petrov que cualquier objeto nos puede hechizar y transportarnos a ese estado maravilloso de amor… ¿Y qué si la sociedad está en contra? El corazón demuestra sus deseos y nadie es capaz de detenerlo. Ni siquiera la moral de la iglesia puede con los albores de la juventud «Cualquiera que mire a una mujer con propósitos lujuriosos ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Pero, ¿para qué están las mujeres hermosas entonces (trad. Andrés Gallardo)» nos dice el protagonista de uno de los más recientes cortometrajes: Mi amor (2006), inspirada en la novela del mismo nombre de Ivan Shmelev.

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Sin duda es uno de los animadores que cumple con una función múltiple: una historia bien llevada al cine, técnica pictórica de gran calidad y una visión de la realidad que se convierte en fantástica y maravillosa.

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