La caída de Occidente: The Road de Cormac McCarthy

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Juan Francisco Hernández Herrerías

The Road es una novela del popular escritor norteamericano Cormac McCarthy, quien tiene ya en su haber varios textos llevados al cine; The Road uno de ellos, cuya versión cinematográfica me parece bien realizada y que, en algunos aspectos, supera a la textual.

En la novela se narra el viaje de un padre y su hijo pequeño en una Norteamérica azotada por un desastre ecológico y civilizatorio: la ley y el orden han desaparecido, el cielo y los campos no son más que cenizas y hielo, los caminos son recorridos por hordas de personas salvajes y antropófagas. La causa de dicho desastre nunca se refiere, lo cual es un acierto.

Es una tierra en la que la mayoría de las personas se suicida o termina como ganado. En la que la única manera de sobrevivir parece ser formar parte de una horda y acostumbrarse a llevar una vida inhumana, barbárica.

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Y sin embargo, un padre decide exponer a su hijo indefenso a esas hordas, exponerlo al frío y al hambre, en un viaje cuya meta es llegar a la costa y rogar porque allí las condiciones sean mejores. Durante el viaje, por supuesto, los hechos que les ocurren son perturbadores y, algunos de ellos, terriblemente conmovedores.

El padre porta un arma con sólo dos balas: una para cada uno en caso de que así lo decidan. En ciertas ocasiones hace al niño practicar el suicido, para que si llega el momento no haya la posibilidad de errar. Ambos son figuras frágiles, débiles sombras que atraviesan un territorio inmenso y cruel.

Cada noche, antes de dormir, el padre le narra historias de tiempos antiguos, de personas justas y buenas, valientes, y el niño cae rendido ante esas narraciones. En medio de un tiempo en que el Horror es ubicuo, esas historias de justicia y bondad, que quizás narradas entre nosotros serían cursis o patéticas, adquieren un rasgo mítico, una tensión que va al fondo del sentido del transitar humano, al fondo de la Pregunta. Son peregrinos que cargan el fuego, le dice el padre a su hijo, un fuego ancestral, que es de todos nosotros.

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Dos últimas cosas sobre The Road:

  • Phillip K. Dick, elogiado por Fredric Jameson, y Chandler escribieron obras admirables en géneros que se pretendían menores (la ciencia ficción y la novela negra), en las que lo realmente político (y no la política institucional) se discutía con naturalidad y precisión. En ese sentido, el género “post-apocalíptico” puede ser uno de los recintos en que el momento civilizatorio de nuestro tiempo -que es el de la posible pérdida de la civilización- sea bien abordado y entregue cosas a ser pensadas.
  • La mayoría de los críticos leen The Road como una advertencia, como un presagio de un tiempo que vendrá si no “hacemos algo”. Pero el país que atraviesan padre e hijo podría ser también un país mítico o, mejor, alegórico. Después de todo, hay infinidad de personas que en este preciso momento viven una realidad similar a la de la novela. El desastre no tiene por qué ser espectacular, no tiene por qué ser una explosión de meteoritos. También puede ser, como apuntaba Bolívar Echeverría, un desastre que ya ha ocurrido, que ya vivimos, silencioso pero en constante degeneración. Hay que recordar la famosa sentencia de Rosa Luxemburgo: “Socialismo o barbarie.” Desde esta perspectiva, The Road no sería una advertencia de un tiempo por venir, sino una obra lírica que expresa el nuestro.