Orson Welles, House of Cards y la política mexicana  

 

Por Eduardo Paredes Ocampo

La reacción de  muchos de los escuchas de la adaptación radiofónica de La guerra de los mundos de H.G. Wells, producida por Orson Welles, vista en el contexto de lo que vendría después, resulta casi lógica. El pánico creado por la difusión –los ciudadanos de New Jersey y New York pensaron que verdaderamente una invasión alienígena estaba ocurriendo por la vívida narración del equipo de Welles– atestigua un augurio. Porque la reacción de quienes, la noche del 30 de octubre de 1938, tomaron armas, salieron de sus casas y se dispusieron a combatir o a huir de los marcianos es análoga a la que el pueblo estadounidense tuvo sólo tres años después, el 7 de diciembre de 1941, cuando los japoneses bombardearon Peal Harbor.

Desde mucho antes del programa de Welles, la gente, pegada a su radio, esperaba el anuncio de la entrada de los Estados Unidos a una guerra, aunque fuera con otro mundo. La ficción simplemente se anticipó a la realidad y parece ser que, ante las grandes catástrofes de la historia, así sucede siempre. Termómetro de los tiempos a venir son el irónico lustre de la poesía española del Siglo de oro ante un tambaleante imperio, el clasicismo de la pintura francesa frente al Terror.

Si el arte sirve de anticipo al será, la confusión entre ambos contextos viene prácticamente dada. Ante el cataclismo, el inconsciente admite cualquier cosa, más cuando la realidad supera a todo tipo de ficción.

Recientemente, Miguel Ángel Covarrubias Cervantes, exalcalde de San Damián Texoloc y exdirector de Planeación y Evaluación del municipio de Tlaxcala, produjo un spot publicitario en el que utiliza un discurso de Frank Underwood (Kevin Spacey), personaje que interpreta al presidente de Estados Unidos en la serie House of Cards. Su cinismo sólo se equipara al de Bob Dylan quien supuestamente plagió contenido de una página de resúmenes literarios de Internet para su discurso de aceptación del premio Nobel de literatura 2017.

La confusión entre dos tipos de discursos –el artístico y el público– del político mexicano (y, hasta cierto punto, del cantante estadounidense también) es funcional. La retórica maquiavélica de Underwood y, consecuentemente, su apreciación estética, sirve a la manipulación mediática en el anuncio. Del demagogo de juguete al de carne y hueso. Al opuesto de tal re-contextualización se encuentra la obra de Welles: el decir propio del radio –La guerra de los mundos es narrada como un programa normal de noticias de los 30– muta en arte.

Pese a las claras diferencias entre ambas obras, el resultado (esperado o inesperado) es el mismo –siempre y cuando se pese respecto a la recepción. Buscan (una vez más, quizá inconscientemente) que la ficción se crea como algo más tangible. Desde mucho antes de la propaganda nazi, la estatización de la política pasa siempre bajo un signo de precaución. Tal lo advierte el personaje Doug Stamper (Michael Kelly) en una respuesta al clip mexicano: ‘To the people of Mexico […] you have no idea where people take their inspiration from’. En el albor de la era Trump, a un año de las elecciones presidenciales en México y en consonancia con lo sucedido con La guerra de los mundos, ¿será que el spot de Miguel Ángel Covarrubias nos esté anunciando nuestro mañana?

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