Moonlight y la otra masculinidad

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Por Qornelio Reyna

Luz de luna de Barry Jenkins (Medicina para la melancolía, 2008) es sin duda una de las mejores cintas del 2016 por su historia y actuación; está nominada, entre otros permios, a mejor película y mejor actor de reparto para Mahershala Ali (House of Cards, Luke Cage).

En ella, Chiron es un niño de Miami que duda de sí mismo. Es callado, enclenque y muy tímido. Tiene un amigo llamado Kevin y es bulleado por todos los demás. Su madre es drogadicta y su única figura paterna es Juan, un narcotraficante cubano, quien junto a su esposa Teresa, lo apadrina.

Chiron crece y su lugar como “hombre de la casa” es obscurecido por la fuerte adicción de su madre y su propio miedo al entorno. Explora su sexualidad, de la cual dudaba de niño y la esconde por miedo a la burla.

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Chiron vuelve a crecer y ahora es musculoso, peligroso, delincuente y muy “macho”. Se reencuentra con su amigo Kevin para cerrar viejas heridas y termina por reconocer su miedo e ira y al mismo tiempo el amor propio.

Durante los tres episodios, Little, Chiron y Black, Jenkins nos cuenta la vida de un chico afroamericano de un barrio empobrecido (igualmente habitado en su totalidad por afroamericanos), de la mano de sus tres actores: Alex Hibbert, Ashton Sander y Trevante Rhodes, quienes dan vida al personaje en diferentes etapas de su vida.

Luz de luna es un viaje hacia el autodescubrimiento que atraviesa diferentes profundidades del ser humano. Jenkins mencionó en una entrevista que a los niños de color se les enseña a “ser mejores” que los demás; a ser rudos y fuertes y basta con revisar parte de los personajes masculinos afro que existen en el cine norteamericano.

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También basta con mirar la homofobia, el racismo y el clasismo de aquel país, especialmente en nuestros tiempo, donde estos ideales de odio y segregación están renaciendo de las cenizas de un conservadurismo nunca extinto.

Jenkins rompe en un cinta dramática (que no melodramática) el mito del “macho” negro. Juega tiernamente con la masculinidad, siempre puesta en duda, de Chiron para recordarnos que así como hay variedad de colores en la piel hay variedad de mundos en las cabezas y cada una merece su lugar.

La madre drogadicta, el padre postizo, la amistad homoerótica y el bulleo incesante de aquellos que se amoldan al estereotipo masculino, lo convierten en un outsider, no solo de la identidad homosexual de la que es parte, sino de cualquiera posible.

Sin lugar en el mundo, este niño/adolescente/hombre siempre encerrado en sus pensamientos, decide esconder su verdadera personalidad sensible y cambiarla por una más áspera, mientras que en el fondo sigue siendo vulnerable.

La masculinidad de las nos habla Jenkins nos dice que los chicos también lloran y sufren, pero también aman como cualquier ser humano. Si bien Luz de luna es una película sobre la homosexualidad reprimida, también esconde un mensaje universal, inherente al tema desde luego, sobre la auto aceptación.

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