Cine y postporno: ¿Qué hay más allá de lo genital?

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Por Alberto Molina     

Tal vez la ex actriz porno Annie Sprinkle no se imaginaba la revolución que estaba a punto de crear, por mucho que esa haya sido su intención. Su causa era justa, pues la centralización del poder (político o fálico, no importa) en la perspectiva masculina heterosexual no podía seguir. De pronto su propuesta de hacer porno bajo un empoderamiento equitativo, feminista y alterno al mainstream hizo eco en muchos oídos.

Todo cobró más sentido cuando en este ‘Do It Yourself’ (DIY) de Sprinkle vemos una justificación teórica, basada en los postulados posestructuralistas de Judith Butler y Michel Foucault, intercalando las que éste identifica como posiciones binarias (hetero vs. homo; femenino vs. masculino) con un poder turnado de un género sobre otro o la simple libertad de no distinguir entre géneros y orientaciones.

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Dadas las condiciones de la industria pornográfica, no podía faltar el cine como actor principal del movimiento. Directores como Emilie Jouvet, Bruce LaBruce, G.B. Jones, la sueca Erika Lust, la directora trans Tobi Hill-Meyer, Shu Lea Chang y el alemán Helmut Grosso Kahn forman parte de la joven historia de esta corriente de la pornografía que busca llegar más allá de la genitalidad, el sexismo y el vacío en los contenidos.

Helmut Grosso Kahn decidió dar un giro a la rutina de siempre en las películas porno, añadiendo elementos de la cotidianidad y resignificándolos con toques humorísticos o espontáneos, creando un fuerte equilibrio entre el juego sexual y las ideas. En sus rodajes sustituía la fijación genital y sexual de los personajes para convertirlos en personas y tomarlos en momentos como el detrás de cámaras: antes y después de filmar, por ejemplo.

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Erika Lust es una de las directoras más sobresalientes en el mundo del posporno. Ella aboga por una pornografía en la que ambos sexos se entiendan, identifiquen y disfruten por igual y cuyas historias elige por medio de peticiones de la gente. Sin embargo, tiene cierta inclinación hacia la perspectiva femenina debido a la educación sexista que ha dominado no sólo el porno, sino la sociedad en general.

Las influencias del postporno en el medio cinematográfico y viceversa han sido más robustas de lo que quizá imaginamos. Ahora no sólo implican coito y fantasías, sino envuelve trozos de la vida cotidiana prácticamente infraganti, humor, diversidad sexual y de puntos de vista, experimentación, sexo heterosexual para público gay, ritmos más lentos o más acelerados, tabúes como el sexo entre personas discapacitadas y ¿por qué no? hasta involucrar sentimientos; tomar una escena amorosa y explicitarla sin mayor morbo que el de una pareja haciendo el amor. Involucra también la pluralidad de géneros cinematográficos como el documental; implica sobrevolar el plano social, transgredir grupos urbanos y captarlos en su propio terreno sexual con cámara en mano, incluso si estos grupos, en ocasiones, no existen. Ejemplo: Bruce LaBruce.

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LaBruce es tal vez el director más afamado de esta corriente/movimiento. Es también de los pocos que ha cruzado la línea de lo pornográfico y ha pasado al cine como artista y creador fílmico. Desde tribus queer post punk ficticias hasta temas poco sugeridos como el sexo con adultos mayores han conformado su obra, rompiendo los límites de lo pornográfico y llevándolo hasta festivales de cine. Cintas como No skin off my ass, The Raspberry Reich, L.A. Zombie y la reciente Gerontophilia –entre muchas otras- son la prueba de que el ejercicio de la sexualidad es perverso, morboso, creativo, libre, revolucionario y también democrático, pues cualquiera puede y tiene derecho a acceder a él, no importando el canon irónicamente tradicionalista de la industria del porno.

Detrás del trabajo de cineastas como BruceLaBruce, los antecedentes del posporno parecen tener la antigüedad suficiente para entender tal término en el siglo en curso. Michel Reilhac trajo en 2002 una selección de 300 cortos titulada The Good Old Naughty Days, que contiene material pornográfico de los años 20. Llama especialmente la atención el ventarrón de libertad sexual en las cintas (tanto filmadas como las caricaturas de contenido explícito y notable antigüedad), en las que los protagonistas escenifican situaciones a modo de fantasías, culminando en orgías, aventuras lésbicas, experimentación homosexual y hasta guiños a la zoofilia.

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En los años 40 y 50, la figura de Jean Genet en la literatura y posteriormente en el icónico corto A chant d’amour de 1955, salpicó lo que a futuro el posporno quiso darnos como mensaje. El mismo efecto surte Kenneth Anger con obras clásicas como Scorpio Rising o Fireworks, siendo ambos también antecedentes indudables del cine queer décadas después.

El director polaco Walerian Borowczyk, desvalorizado durante los años 60 y 70, logró una carga excepcional de sexualidad y erotismo en películas como Cuentos inmorales, en los que el sexo va acompañado de espiritualidad y surrelismo envueltos en perversión. Desde Japón, Nagisa Oshima dirigió El imperio de los sentidos en 1976, filme que le valió la censura en su país hasta el día de hoy. También la célebre Deep Throat de 1972 marcó un antes y un después en el juego insinuante entre el cine y la pornografía.

La historia de las alternativas en el cine y la pornografía es de indiscutibles bases para el mérito del posporno. Como ocurre con muchas vertientes del cine independiente y de culto, la desvalorización y/o el desconocimiento de lo que representa dificulta la labor de quienes la pusieron sobre la mesa, aunque claro, el factor de libertad de decisión es el que hará la diferencia entre tomar las opciones que nos son ofrecidas o minimizar todo a una simple postura ajena a nosotros.

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