Ciclo García Lorca: la tragedia que desintegra

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Por Mario Mendicuti Abarca

En conmemoración del 80 aniversario luctuoso de Federico García Lorca, la Compañía Nacional de Teatro (CNT), bajo la dirección artística de Luis de Tavira, presentó el Ciclo García Lorca, a 80 años de su asesinato, en el que se realizaron lecturas dramatizadas de El público, Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba. Las presentaciones se llevaron a cabo en Sala Héctor Mendoza durante febrero y marzo del 2016. Cada una de las obras contó con un director distinto y fue representada por el elenco estable de la CNT.

La primera en ser montada fue El público, de 1930, dirigida por Octavio Michel. Ésta es una de las creaciones más emblemáticas del autor por su complejidad. Incluso ha sido clasificada como parte del llamado teatro imposible. Cuenta con múltiples referencias al problema del arte en relación con la necesidad de transformar la vida y el mundo; al drama interior de aquel que se siente encarcelado por dentro y rechazado por fuera; y a las máscaras y al tránsito de los personajes y las identidades de la obra.

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Posteriormente, bajo la dirección de Rosenda Monteros —quien interpretó a Angustias en la versión cinematográfica hecha en México—, se presentó La casa de Bernarda Alba, última obra teatral del autor escrita en 1936. En ella se plasma la violencia generada por el lenguaje al sumergir a un grupo de mujeres en un espacio cerrado. Por medio de la palabra, Bernarda minimiza, enloquece y confina a sus criadas, a sus cinco hijas y a su madre con tal de aparentar y hacer ver, hacia afuera, que la suya es una familia tradicionalmente española.

El desenlace trágico es augurado por los desencuentros entre las hermanas a causa de un hombre al que más de una ama y que jamás es visto en escena. Las criadas, por su parte, a manera de eco, van dejando ver distintos aspectos de estas mujeres y de las relaciones entre ellas. Es necesario mencionar que, como parte de la lectura dramatizada, los tres actos de la obra fueron divididos en seis fotografías, con lo que se recordaba la intención de Lorca de crear un retrato social de una parte de la España de principios del siglo XX.

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Por último, Bodas de sangre, escrita en 1931 en verso y prosa, fue dirigida por Yulleni Pérez Vertti. Es ésta una de las creaciones más simbólicas de Lorca, en la que incluso la Luna y la Muerte dialogan sobre la tragedia que hacia el final de la obra está por venir. Basada en un acontecimiento real, el autor logra particularizar un hecho local para tocar a distintos tipos de personas. Los silencios y lo no dicho se vuelven igual de significativos que lo pronunciado.

La iluminación y la disposición de los elementos del escenario dejan ver la organización interna del drama, en la que las luchas de fuerzas internas y externas arrastran a más de uno hacia la perdición y la muerte. Así como un río oscuro, como la corriente y la marea, Leonardo —único personaje nombrado— aleja a la protagonista de lo que esperaba fuera, por fin, puerto seguro: tranquilidad y sosiego.

Estas tres lecturas dramatizadas llevaron al público distintas facetas del sentir humano, de las relaciones entre una persona con otra y consigo misma. De esta forma, se pudo notar la vigencia del teatro de Federico García Lorca, en el que la tragedia es siempre una herida que se abre una y mil veces, hasta teñir de rojo cualquier cama, cualquier vestido y cualquier casa.

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