
Por Diana A. Olivera Trejo
Fingimos cosas que no somos, tomamos actitudes prestadas y nos colocamos etiquetas que ni siquiera comprendemos. No somos más que una bola de idiotas jugando a ser gente civilizada.
Los Idiotas (1988) es la segunda película dirigida por Lars Von Trier. En ella se plantea a un grupo de jóvenes que viven interpretando un constante performance de retrasados mentales. Permiten que su idiota interior se manifieste, pierden el pudor ante la crítica y las miradas incómodas al presenciar las ocurrencias del grupo de retrasados mentales en espacios públicos como restaurantes, albercas, días de campo, etc.

Con el transcurso del filme se podría percibir que no sólo es un juego, en realidad es una especie de modus vivendi, una tarea mucho más ardua de lo que se podría pensar, pues conlleva consecuencias y toma de decisiones. Nos permite reflexionar acerca del límite de las cosas, incluso de la idiotez, contraponiéndose a su ligereza.
Esta película da la oportunidad de desprenderte por lo menos unos momentos de la conciencia y de lo políticamente correcto, al fin y al cabo ¿eso de que nos sirve?

El cine es simplemente para saborearse, nos guste o no nos guste, eso sale sobrando. Hay que ver lo más que podamos, atascar a nuestros ojos de imágenes lindas, bizarras, grotescas, cómicas y todo aquello que puedan.

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