Si mueres mañana nadie te extrañará

Fotografía: Francisco Mata Rosas

Fotografía: Francisco Mata Rosas

Por Cielo Esmeralda De la Cruz Colmenares

Como recomendación de esta semana traigo la novela El complot mongol de Rafael Bernal. Esta novela se basa en la estructura de las novelas policiacas, pero retoma el subgénero de una manera diferente. Es interesante recalcar que el lugar donde florecieron los grandes escritores de novela policiaca del siglo XX es en países donde el sistema de justicia es bueno. Si hablamos de la trayectoria de este tipo de textos en México podremos notar que la obra de Bernal es la que inaugura  esta tradición literaria en un país donde el sistema judicial carece de la fe de las personas.

Bernal, entonces, tiene que enfrentarse a la gran pregunta de cómo hacer novela policiaca en un entorno en donde es risible esta forma narrativa. Pese a ello nuestro autor resuelve la problemática muy bien. Si bien retoma el esquema en el cual esta insertado este tipo de obra, lo modifica con elementos nacionales. El uso de un personaje masculino iletrado y poco analítico típico de un mexicano promedio ayuda a que el modelo se adapte perfectamente a la literatura mexicana actual.

Fotografía: Federico Gama

Fotografía: Federico Gama

De esta manera Bernal toma el modelo de novela policiaca y lo adapta a las necesidades del lector mexicano. Ya que el principal atributo de este subgénero es la rapidez de la narración y el misterio que envuelve el descubrimiento del asesino en el caso de este libro y lo que mantiene en tensión al lector es la necesidad que tiene de conocer si realmente se está gestando un complot o no. La falta de información en esta obra es un papel determinante que te impide soltar el libro y te obliga a continuar haciendo una lectura sin pausas.

Como siempre, la literatura debe leerse en un momento preciso para que cause un efecto en el lector y le deje algo grabado en la memoria. Esta obra debe leerse en el preciso momento de la vida en que se encuentre aburrido y no quiera hacer absolutamente nada pero, sobre todo, cuando el lector se sienta tan solo que crea que si muere mañana nadie lo extrañará.

Fotografía: Pablo Ortiz Monasterio

Fotografía: Pablo Ortiz Monasterio

 Uno debe tomar el libro, cuando no tenga nada que hacer en toda la tarde pues debe leerse, como se dice vulgarmente, en una sentada. Leer atentamente, pues cada dato por inútil que parezca tiene su razón de estar allí. Finalmente, cuando el lector haya terminado debe sentarse y mirar al vacío, si se puede en la oscuridad es mejor, si puede tomarse una bebida alcohólica y escuchar un poco de jazz el resultado será efectivo. Es entonces cuando el lector debe reflexionar de todo lo que ha leído y se dará cuenta del mensaje oculto: todos, absolutamente todos, nos vamos a morir en soledad.

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