Michel Gondry y su incursión alucinante a un “mundo intelectual”

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Por Alberto Escalante

Is the man who is tall happy? (Michel Gondry, USA, 2013) no cede al punto de vista del espectador, sin embargo, esto termina por convertirse en un arma de dos filos para su director Michel Gondry. Lo que a todas luces se consume a sí mismo y se vende por segundas manos como un chapuzón alucinante al “mundo intelectual” de Noam Chomsky, desde las intenciones del propio Gondry, termina por caer en un artificial documento conceptual.

La profundidad del filme está decantada en las intenciones mismas del autor y le bastan a Gondry aproximadamente los 3 minutos iniciales, para poder plasmar, sentar las bases y clausurar una motivación profunda, pero que traducida a sus “caprichos epistémicos”, corre todo el tiempo el riesgo de quebrarse contra el suelo dejando mil fragmentos difíciles de recoger.

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En Is the man nos encontramos con un material compuesto de tres fases, la imagen animada por un lado, el franco-inglés por otro, y el arrebato conceptual disfrazado en parte de curiosidad y en parte de narcisismo por otro.  Tres películas distintas, donde cada una dice y elige algo diferente, y que inician y termina en lugares distintos. Pero hay que decir a su favor que el resultado de su combinación y su juego resulta casi hipnótico, quizá no gracias a las virtudes o vicios estéticos que pudiéramos percibir, sino por intentar (sin proponérselo) llevarnos al mismo tiempo a tres lugares distintos.

El rubro mejor logrado sin lugar a dudas, es la interpretación naif de los desbordamientos de Chomsky. Sin embargo, la distancia en la que se auto-coloca Gondry (quiero imaginar que de acuerdo a sus propias posibilidades), y que inclusive podemos atestiguar visualmente a través de su metáfora del “hombre cabeza de cámara”, deja las pesquisas intelectuales en una persecución que deja muy rebasado al director francés en todo momento. Me parece que Gondry no construyó bien su personaje y creo entender que eso resulta un punto importante a considerar si después de “An animated conversation…” se dice “A Film by…”

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El rastro de emotividad que se plasma apenas en los escasos minutos en los que Gondry enfrenta a Chomsky con la idea de la muerte, resulta el eslabón más importante de toda la cadena de secuencias, pero precisamente queda en un carácter meramente anecdótico porque la introducción de dicha trama resulta precisamente en un enfrentamiento y no en una invitación, o lo que hubiera sido más atinado, en una evocación.

En este sentido, Gondry debió por igual arroparse más en su estirpe  poética como cineasta y despojarse de su pretendida máscara inferencial, porque es precisamente en este juego que hace Gondry, de jactarse del intérprete de Chomsky, en el que el propio director sale perdiendo, porque al contrario de lo que el director francés piensa, el cine, ni en su lenguaje, ni en sus construcciones, cede primordialmente a la representación, mucho menos a la manipulación en el sentido epistémico que se propone en los primeros momentos de la película.

Desde mi punto de vista, la estructura argumental de una narración cinematográfica, se ancle esta desde una perspectiva documental o de cualquier otro género, no pude construirse desde la anécdota, sino que tiene que ser capaz de tomar esta para transformarla en algo completamente diferente que logre implicar y explotar su trascendencia.

La memoria era al respecto, el recurso más importante en toda la situación provocada por Gondry. Me da la impresión que habría sido más afortunado el que Gondry hiciese eco de la memoria y no de la representación, por más estética que esta pudiera antojársele.

Chomsky se ve ciertamente incómodo cuando se le enfrenta con su memoria y  en este sentido  no deja de ser muy “americano” (en la adscripción satírica del término). Gondry debió haber aprovechado esto de manera correcta, no increpando, sino atrayendo a la memoria de Chomsky la historia que pudiera haber querido contar de manera fílmica. Después de todo, eso si me hubiera parecido a final de cuentas, amén de mis prejuicios, más francés.

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